20/05/2026
El supuesto billete argentino de $100.000 con la cara de René Favaloro era fake.
El Banco Central lo desmintió.
Y sin embargo, mientras veía las imágenes virales circular por redes sociales, hubo algo que me resultó mucho más inquietante que el propio rumor.
Millones de argentinos lo vimos… y nos pareció completamente posible.
Ahí está el verdadero problema.
Porque Argentina lleva tanto tiempo destruyendo el valor de su moneda, que ya naturalizamos cualquier denominación absurda antes incluso de que exista.
Y eso dice muchísimo más sobre el país que cualquier comunicado oficial.
Hace unos días leí una reflexión publicada por el usuario Henry Drae, donde comparaba este episodio con los viejos billetes de australes y con aquella Argentina que terminó imprimiendo papeles de 100.000 y hasta 1.000.000 de australes en medio de la hiperinflación de finales de los 80.
Y automáticamente muchos volvimos mentalmente a esa película argentina que siempre parece regresar:
inflación, pérdida de confianza, destrucción del ahorro, emisión, crisis y cirugía de emergencia.
Australes.
Convertibilidad.
Pesificación.
Cepos.
Dólar blue.
MEP.
Crypto.
En Argentina incluso el lenguaje económico terminó fracturado.
Y cuando una sociedad deja de confiar en su moneda, empieza a ocurrir algo mucho más profundo que la inflación:
se rompe el vínculo emocional entre las personas y el dinero que usan todos los días.
Por eso el fake del billete funcionó tan bien.
Porque socialmente ya estamos preparados para creerlo.
Los billetes gigantes nunca fueron la enfermedad.
Siempre fueron el síntoma.
Cada nueva denominación suele venir acompañada de argumentos técnicos y necesidades logísticas. Y muchas veces esos motivos existen realmente. Pero históricamente también funcionaron como señal de una moneda que pierde capacidad de compra y de una sociedad que empieza a acostumbrarse lentamente a números cada vez más absurdos.
Y no, esto no empezó con Javier Milei.
Tampoco termina con Milei.
Sería demasiado cómodo reducir un problema histórico argentino a un solo gobierno.
La degradación monetaria argentina atraviesa décadas, partidos políticos y modelos económicos completamente distintos entre sí.
Lo que sí cambia son los relatos.
Antes nos decían que emitir no generaba inflación.
Después que el dólar era “un problema psicológico”.
Ahora algunos aseguran que “ya estamos ganando”.
Y probablemente mañana aparecerá otra narrativa distinta.
Pero mientras tanto, el argentino promedio sigue haciendo cuentas mentales en dólares aunque cobre en pesos.
Y eso ya debería decirnos algo.
El contexto actual tampoco es idéntico al de la hiperinflación de finales de los años 80. Existen diferencias económicas importantes, incluyendo desaceleración inflacionaria y ajuste fiscal.
Pero la memoria monetaria argentina sigue intacta.
Y quizás por eso el rumor resultó tan creíble para tantos.
El caso de Favaloro agrega además otra capa simbólica muy fuerte.
Porque probablemente pocos argentinos representen tanto mérito, esfuerzo, prestigio internacional y vocación humana como él.
Y sin embargo terminó viralizado en un billete inexistente, dentro de una discusión atravesada por inflación, pérdida de valor y descreimiento económico.
Casi como una metáfora involuntaria del país.
Personalmente, creo que Favaloro merecía otra cosa.
No solamente un homenaje.
Sino una Argentina donde su rostro pudiera aparecer en una moneda fuerte, estable y respetada.
Porque quizás el problema nunca fue cuántos ceros tiene el billete.
Quizás el verdadero problema es que hace décadas dejamos de creer en el valor del papel que llevamos en el bolsillo.
¿Qué pensás vos? ¿Creés que Argentina puede reconstruir la confianza en su moneda?
Leé la nota completa en www.subanelvolumen.com.ar
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