Cascanueces

Cascanueces Cascanueces una herramienta para romper la cáscara. Julio Santolo. © 2026 Todos los derechos reservados.

Trabaja como si no necesitaras el dinero, baila como si no te estuvieran mirando, ama como si nunca te hubieran herido.

23/08/2026

Varios pares de zapatos gastados.

El paramédico cruzó el pasillo en chancletas, con la azucarera vacía en la mano. Iba a pedirle un puñado a Don Donato para el café de la guardia. Lo encontró sentado en el patio, bajo el parral seco, mirando la pantalla del teléfono con la vista clavada en la foto de sus nietos, que sonreían desde una calle con nieve en España.

—Che, Donato, ¿tenés un resto de azúcar? —preguntó desde la puerta.

El viejo no contestó de entrada. Apenas movió la cabeza, amargado, cebando un mate lavado.

—Se me van, che. Se me van todos —renegó el viejo, hablando más para la pared—. Mi nieto me mandó un audio... Y uno acá, habiendo gastado varios pares de zapatos para terminar con la casa vacía y el país roto.

El pibe, que venía de meter una guardia de 12 hs arriba de la ambulancia del SAME, se apoyó contra el marco. Sabía cómo venía la mano. Donato era peronista de la primera hora, de los que guardaban el carnet ajado como una reliquia.

—Y bueno, Donato... la cosa está dura. Siempre estuvo dura para nosotros —dijo el pibe.

—¡Porque nos hacen el vacío desde siempre! —saltó el viejo, bajando el mate de golpe sobre la mesa de chapa—. ¿Te creés que es casualidad? En el 48, cuando Perón tenía los galpones llenos de trigo para venderle a Europa que se moría de hambre, los norteamericanos sacaron el famoso Plan Marshall. ¿Y qué hicieron? Les dieron toneladas de dólares a los europeos pero les prohibieron explícitamente comprarle una sola bolsa de grano a la Argentina. Nos castigaron por no agachar la cabeza en la guerra. Nos dejaron los granos pudriéndose para secarnos de dólares y cortarle las piernas a las fábricas que estábamos levantando.

El pibe escuchaba en silencio. No era de andar militando ni se pegaba los pecheras en las marchas, pero la calle la conocía de memoria. Había juntado pibes golpeados por la crisis, había visto a los viejos llorar en las guardias porque no les alcanzaba para los remedios y se acordaba de su propia juventud.

Se acordaba de los noventa, cuando era chico y escuchaba en la tele hablar del "Efecto Tequila". Un día se cayó un banco en México y acá terminamos todos pagando los platos rotos: cierres de fábricas, despidos masivos y la devaluación que vino después. Un estornudo afuera y a nosotros nos daba neumonía.

Por eso cuando llegaron Néstor y Cristina, el pibe —sin ser fanático— sintió que las cosas tomaban otro color. Se acordaba clarito: la gente en el barrio volvió a tener laburo, los pibes iban a la escuela con las netbooks, las moratorias para que las viejas se jubilaran y la mesa familiar estaba llena. Repartían, sí. Capaz que cometieron mil errores, capaz que había cosas que no cerraban, pero le plantaron cara al FMI, le dijeron que no a las potencias en el ALCA y al tipo común le alcanzaba para vivir con la frente alta.

El viejo Donato siguió despotricando, señalando el aire con el dedo arrugado:

—A nosotros nos proscribieron veinte años, nos robaron el cuerpo de la Evita, y cada vez que quisimos sacar la cabeza, afuera apretando una perilla. Pasó con Perón, pasó cuando el mundo nos tiró encima la crisis del petróleo en los setenta, pasó con el Tequila y les volvió a pasar a los K cuando el campo y los fondos buitre se alinearon afuera para apretar el cuello con la deuda. Te torturan por la tele hablándote del "Riesgo País" y de las "reservas del Banco Central" como si fueran términos sagrados. ¡Mano de obra para asustarte! Si el Riesgo País sube, te dicen que la culpa es tuya por gastar mucho, cuando la verdad es que hay cuatro o cinco tipos en Nueva York con cuentas que son diez veces más grandes que este país. Te mueven un papelito en la computadora, le sacan los dólares al Banco Central y a la mañana la leche te cuesta el doble. Y los millonarios de acá, en vez de poner el pecho como hicieron los brasileros con sus empresas, corren a fugarla a las cuevas.

El pibe, cansado, miró el paquete de azúcar y luego al viejo, vio que tenía los ojos vidriosos de impotencia y nostalgia. Comprendió que para el viejo no era teoría: era la vida misma. Era ver a los hijos y nietos irse porque el país nunca terminaba de arrancar, ahogado siempre en la misma falta de dólares y atado a la misma deuda que cada diez o quince años volvía a cobrar su peaje de miseria.

—Tomá, llevate el paquete entero —dijo Donato de pronto, aflojando los hombros, vencido por el cansancio—. Total, el café lo tomo amargo y mañana, compro.

—Gracias, Donato —dijo el pibe agarrando el paquete—. Descansa un poco.

El paramédico caminó de vuelta a su departamento, escuchando el crujido de sus propias zapatillas en el pasillo. Pensó en la historia que llevaba sobre la espalda ese viejo, en los años de resistencia de los abuelos, en los triunfos pasajeros de su propia generación, para terminar siempre cayendo en la misma trampa. Ese péndulo ma***to que cercena las voluntades más rebeldes.

Se dio cuenta de que no era que el pueblo fuera vago o no supiera votar. El problema era que cada vez que la Argentina intentaba dar un salto propio, afuera armaban el boicot y adentro la élite les abría la puerta. Y en el medio, la gente común sigue gastando suelas, viendo partir los aviones y esperando un milagro que no termina de llegar.

Unos pocos ricos viven sus traumas de ricos en sus mansiones de ricos.
El pobre vive su quimera de pobre y la noche se termina de comer a la tarde y él vuelve lentamente arrastrando sus carencias y se pregunta para sus adentros, hasta cuando?

16/08/2026

Quizás

La ignorancia, la envidia
y el miedo
les contaminan el presente
y les comen el futuro.

Ni siquiera garchan,
hasta llegar a modo ataúd,
y sin embargo,
con su ego
podrías llenar todo el vacío.

Y la desesperanza...
Cuidado
con la desesperanza.
No dejes que su barro
te salpique.

Ojalá sea el final
de lo que conocimos
y el principio
de algo por conocer.

Ojalá no sea otra
de princesas anoréxicas
y príncipes pseudoheroicos.

Sinceramente,
me cuesta pensarle
un final feliz.

14/08/2026

No hay texto adicional

Una recta no es más
que una porción de una gran curva.

No hay más allá, después
de la inteligencia
volviéndose oficial.

El virrey colorado
apenas puede pronunciar
las palabras que nos manipulan,
pero
obtiene efecto.

Todas las ansias
de libertad
murieron en los data centers,
y estamos en el pináculo
del egocentrismo.

La música de las cosas
no cambia,
y el vaivén del poder
acampa en nuestros corazones.

Pero es el bufón del virrey
quien nos acuesta,
nos besa en la frente
y nos dice, cariñosamente:

«No hay plata».

Nos robamos todo.Tienen razón. Los kukas nos robamos todo.Yo me compré un cero kilómetro y una casa. Viajé dos veces a E...
06/08/2026

Nos robamos todo.

Tienen razón. Los kukas nos robamos todo.

Yo me compré un cero kilómetro y una casa. Viajé dos veces a Europa. Si yo pude comprar un auto, una casa y hacer dos viajes, imaginate lo que habrán ganado Eurnekian, Galperin y tantos otros.

En aquellos años estábamos todos juntándola con la pala.
No era magia. Era un modelo económico en el que el consumo interno movía la rueda.

Más de la mitad de la sociedad entendía que un proyecto nacional y popular era el mejor camino. La lógica era simple: primero los que menos tienen. Y como los sectores populares gastan rápidamente cada peso que reciben, ese dinero circula: pasa por el almacén, el taller, la pyme, el profesional, el comerciante y finalmente llega también a los grandes grupos económicos. Todos ganan. Algunos mucho más que otros.

El problema aparecía al final del recorrido. Cuando la riqueza llegaba a la cúspide de la pirámide, en lugar de transformarse en nuevas inversiones productivas, una parte importante terminaba fugándose hacia paraísos fiscales. El unicornio tecnológico que ayudamos a crecer con educación pública, infraestructura, consumo e incentivos terminó mudando su residencia a Uruguay.

Otros grandes grupos económicos también trasladaron sus domicilios fiscales al exterior. El grupo que adquirió SOMISA durante el proceso de privatizaciones de los años noventa, por ejemplo, terminó estableciendo su residencia societaria en Luxemburgo. Son decisiones empresariales legítimas desde el punto de vista legal, pero también revelan una lógica: cuando el capital deja de sentirse parte de un proyecto nacional, el país pasa a ser apenas un lugar donde obtener rentabilidad. Y gobernar un Estado no es administrar una empresa. Una empresa busca maximizar beneficios; un Estado debe armonizar intereses económicos, sociales, ambientales y estratégicos. Más aún en un mundo donde no existe un planeta B.

Frente a esa dinámica, el Estado intentó poner reglas. Límites. El cepo no nació de un capricho sino como una forma de frenar una sangría constante de divisas. Pero tocar la posibilidad de sacar ganancias sin restricciones desató una reacción feroz de quienes estaban acostumbrados a hacerlo. Tantos años de una economía pensada para pocos no se modifican sin resistencia.

El verdadero pecado fue intentar ponerle un límite a la codicia para ampliar derechos e incluir a quienes, aun trabajando y esforzándose todos los días, seguían quedando afuera del sistema.

Entonces empezó otro relato: que el país estaba condenado, que hacía años que no crecía, que había que abrirse al mundo. Lo repetían, curiosamente, muchos de los mismos sectores que, en vez de reinvertir sus ganancias en la Argentina, las enviaban al exterior. Después señalaban la falta de inversiones como si fuera un fenómeno natural.

Mientras tanto, en reuniones reservadas, en quintas o en Lago Escondido, se discutían estrategias políticas, judiciales y mediáticas. Las causas judiciales condicionaban a dirigentes, los grandes medios construían sentido común y las entrevistas sin repreguntas reemplazaban el debate por el guion. Poco a poco, la discusión dejó de ser sobre modelos de país para transformarse en una discusión sobre personas y denuncias permanentes.

Y así se fue perdiendo una oportunidad histórica de ocupar un lugar mucho más importante en la geopolítica mundial.
Por eso, cuando alguien venga a hablarte de unidad, no desconfíes por reflejo. La democracia no consiste en elegir salvadores, sino en elegir un proyecto colectivo.

No elijas una persona. Elegí el modelo de país en el que querés vivir.

Y hacelo con amor. Pensá que cada decisión política incluye o excluye personas de carne y hueso. Actuá como si dejar a alguien afuera fuera condenarlo, porque muchas veces lo es.
Argentina primero. Siempre. No importa cuál sea tu identidad política. Lo importante es decidir qué país querés dejarles a tus hijos y a tus nietos.

Cuidate de la derecha.En 1878 comenzó la llamada Conquista del Desierto. Se dijo que era necesario porque los pueblos or...
02/08/2026

Cuidate de la derecha.

En 1878 comenzó la llamada Conquista del Desierto. Se dijo que era necesario porque los pueblos originarios no respetaban la propiedad privada. Sin embargo, quienes habitaban esas tierras desde hacía generaciones (los verdaderos dueños) terminaron siendo asesinados, desplazados o reducidos a la servidumbre. El resultado fue que alrededor de 41 millones de hectáreas pasaron a manos del Estado y, posteriormente, enormes extensiones fueron adjudicadas a un reducido grupo de terratenientes y financiadores de la campaña.

No fue la primera vez que una crisis terminó beneficiando a los mismos de siempre. Antes hubo recesión, caída del salario real, desempleo y políticas de austeridad. Cuando el descontento social crece, siempre aparece un culpable conveniente para desviar la atención del verdadero problema.
Hoy la historia parece repetirse.

Se busca que la bronca de la sociedad se dirija contra el inmigrante que cruza la frontera para hacer los trabajos que muchos rechazan, contra el jubilado que reclama una jubilación que le permita comer y comprar sus medicamentos, contra el docente que exige un salario digno o contra el trabajador que intenta llegar a fin de mes.

Mientras tanto, los verdaderos responsables quedan cuidadosamente fuera del foco.
Una parte importante de los grandes medios de comunicación pertenece a un número muy reducido de grupos económicos. El mismo mensaje se repite por la mañana en la radio, durante el día en otra emisora y por la noche en la televisión. Cambian las voces, pero muchas veces los intereses detrás del discurso son los mismos. La repetición termina convirtiendo una opinión, muchas veces una mentira, en una aparente verdad.

Nos hacen discutir entre nosotros mientras otros hacen negocios.

El verdadero poder no suele usar uniforme ni levantar la voz. Viste de traje, opera desde oficinas y directorios, mueve capitales de un país a otro sin preguntarse qué ocurre con las comunidades que deja atrás. Su única bandera es la rentabilidad.

Para esos sectores, la patria es apenas un lugar donde hacer negocios. Si mañana obtienen mayores beneficios en otro país, no dudarán en marcharse. Y cuando ya no quede nada por vender ni por privatizar, tampoco serán ellos quienes paguen las consecuencias.

La historia demuestra que cuando el pueblo se divide, unos pocos concentran la riqueza. Cuando el pueblo identifica a los verdaderos beneficiarios del modelo, las cosas empiezan a cambiar.

No permitamos que vuelvan a enfrentarnos entre trabajadores, jubilados, docentes, inmigrantes o pequeños comerciantes. Ninguno de ellos es quien decide el destino económico de la Argentina.

El desafío no es pelear entre pobres.

El desafío es preguntarnos quién gana cada vez que el país pierde.

02/08/2026

El cajón

Secretos en un cajón del corazón
enferman y complican la existencia.

Habrá de apoyarse en la virtud quien pretenda restañar sus heridas
cuando la tormenta amaine.

Obstinada, ella siempre encuentra la forma de escapar.
Sale del cajón de tanto en tanto
y, desde las líneas de aquella vieja carta,
abre una cavidad olvidada en su memoria.

Todos le dijeron:

— Quemá ese sobre.

Él asintió,
mientras lo apretaba contra el pecho,
vacilando en el limbo
de lo justo y de lo estúpido.

Sin embargo,
todavía lo atesora.

Aprendió a controlar la situación,
cerrando con la mente
el cajón
que una vez abrió con el corazón.

Ella patalea, golpea, insiste,
pero termina, otra vez, encerrada.

Es sólo un momento.

Porque el corazón
lo acecha para ver donde esconde la llave.

26/07/2026

Constantinopla

Miro la hora.
las 22:11.

Hay algo en esos números
que parece un puente,
como si el veintidós
hubiera decidido avanzar apenas
hasta la mitad de sí mismo.

No significa nada,
pero igual me detengo.
Porque a cierta edad
uno empieza a buscar mensajes
en cualquier parte:
en un reloj,
en una canción,
en un silencio.

Levanto la vista.

En la televisión
aparece la cúpula imposible
de San Basilio,
como si alguien hubiera pintado
la fe con caramelos de colores.

Y pienso,
sin aviso,
en Constantinopla.

No estuve.

No caminé sus calles
cuando todavía se llamaba así
ni cuando aprendió a llamarse de otro modo.

Nunca crucé el Bósforo
con esa sensación
de estar cambiando de continente
sin dejar de caminar.

Y de golpe
me cae encima una certeza
que tiene el peso de los años:

me voy a morir
sin conocer Constantinopla.

Qué frase extraña.

No porque uno pueda conocerlo todo,
sino porque hay ciudades
que terminan viviendo adentro nuestro
mucho antes de que las pisemos.

Hay lugares
que no son destinos.
Son nostalgias anticipadas.

Me da bronca.

No por el viaje perdido,
sino por el tiempo.

Porque uno pasa la vida
creyendo que todavía falta,
que ya habrá ocasión,
que el año que viene,
que cuando termine este proyecto,
que cuando las cuentas cierren,
que cuando…

Y un día son las 22:11.

La mitad de un número.

La mitad de una noche.

Y quizás también
mas de la mitad de una vida
que jurábamos interminable.

Entonces miro otra vez la pantalla.

Las cúpulas siguen ahí,
indiferentes a mi ausencia.

Ellas no saben
que un hombre, en algún rincón del mundo,
las está despidiendo
sin haberlas saludado jamás.

Pero quién sabe.

Tal vez las ciudades verdaderas
no sean las que visitamos,
sino las que logran despertarnos
este dolor tan hermoso.

Y si alguna vez existe
otra manera de seguir viajando,

ojalá alguien me espere
a la entrada de Constantinopla,

me mire sonriendo

y me diga:

—Llegaste tarde.

Pero llegaste.

25/07/2026

Los lindos

Decían que era fea.
Yo nunca pude verla así.

Para mí era apenas una agente encubierta
del misterioso pueblo de los lindos,
de esos que parecen haber nacido
para cumplir con el ideal de belleza
que cada época inventa
y cada sociedad impone.

Ella, en cambio, caminaba sin alardes.
Su rostro no pedía permiso para existir,
ni buscaba la aprobación de los espejos.
Tenía un gesto serio, casi circunspecto,
y una mirada que parecía perderse en el horizonte,
como si contemplara un mundo
que los demás no alcanzábamos a ver.

Quizás era su personalidad.

Había en ella una luz silenciosa,
una inteligencia que no necesitaba exhibirse,
una manera de escuchar, de reír, de decir las cosas,
que terminaba desarmando cualquier prejuicio.

Poco a poco uno dejaba de mirar su rostro
para empezar a mirarla a ella.
Y entonces ocurría el milagro.
La belleza dejaba de ser una cuestión de formas
para convertirse en una presencia.
Ya no importaban las simetrías,
ni las medidas perfectas,
ni los cánones pasajeros.

Porque hay personas que conquistan con la piel,
y otras que, sin darse cuenta,
terminan conquistando el alma.

Ella pertenecía a estas últimas.

Por eso, cuando alguien decía que era fea,
yo sonreía en silencio.

Sabía que simplemente no habían descubierto
su disfraz.

Porque algunos de los más lindos
andan por el mundo ocultos,
disimulados bajo un rostro cualquiera,
esperando que alguien tenga la curiosidad
de mirar un poco más allá.

Dirección

Buenos Aires

Página web

Notificaciones

Sea el primero en enterarse: le enviaremos un correo electrónico cuando Cascanueces publique novedades y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin y puede darse de baja en cualquier momento.

Contactar Con La Empresa

Enviar un mensaje a Cascanueces:

Atajos

Compartir

Categoría