09/01/2026
Amén a eso 🙏
El creador de DOOM dijo algo que debería molestar a mucha más gente de la que molesta: si el software estuviera realmente optimizado, mucho hardware antiguo seguiría funcionando.
Esto no es nostalgia, ni nostalgia por un viejo programador quejándose del presente. Es un hallazgo técnico. DOOM funcionaba en máquinas extremadamente limitadas porque el código se escribía obsesionado con la eficiencia. Cada ciclo de CPU importaba. Cada acceso a la memoria estaba pensado. No había margen para desperdicio porque el hardware simplemente no lo permitía. Hemos
avanzado décadas en potencia computacional. Tenemos procesadores absurdamente rápidos, GPUs gigantescas, memoria abundante. Aun así, las tareas simples hoy consumen más recursos que los juegos completos de los 90. Editores de texto engorrosos, aplicaciones básicas que usan cientos de megabytes de RAM, sistemas enteros ralentizados no por limitaciones físicas sino por demasiadas capas, abstracciones mal resueltas y falta de preocupación real por el rendimiento.
Gran parte de la obsolescencia actual es no técnica. Es económico. Es más fácil impulsar la bolsa de hardware que invertir tiempo, dinero y talento en escribir mejor software. Los frameworks crecen, las dependencias se acumulan y la eficiencia deja de ser un valor fundamental. El resultado es un enorme desperdicio de energía, dinero y potencia de cálculo.
Esto no significa negar avances reales. Hay áreas en las que el hardware nuevo es indispensable.
Inteligencia artificial, simulaciones científicas, renderizado complejo, investigación de vanguardia. Pero esto no justifica el estado actual del software común y cotidiano. No tiene sentido que un ordenador antiguo se vuelva "inútil" solo porque el software moderno se ha construido sin comprometer la eficiencia.
Cuando la eficiencia deja de ser una prioridad, no son las grandes empresas las que pagan la factura. Es el usuario común quien necesita cambiar de máquina. Es el medio ambiente, con más residuos electrónicos. Es la sociedad la que naturaliza los residuos como si fueran progreso.
Quizá el problema nunca fue la falta de potencia de cálculo. Quizá sea la supervisión, la comodidad y un modelo de mercado que premia el volumen, no la calidad.
La eficiencia sigue importando. Ya no es conveniente para quienes se benefician de la obsolescencia.