27/10/2025
JOHN REGINALD HALLIDAY CHRISTIE: EL ASESINO DE RILLINGTON PLACE
( Asesinos en serie: capítulo 29 )
Durante casi una década, un hombre aparentemente tranquilo y servicial ocultó una pesadilla en su pequeño departamento de Londres. Su nombre era John Reginald Halliday Christie, y detrás de su apariencia insignificante se escondía uno de los asesinos más macabros del Reino Unido.
UNA INFANCIA DE SILENCIO Y CRUELDAD
Christie nació el 8 de abril de 1899 en Halifax, Yorkshire, Inglaterra. Creció en una familia disfuncional, con un padre autoritario y una madre sobreprotectora. Desde pequeño mostró una personalidad retraída, tímida y manipuladora.
A los 11 años, su abuelo —figura de terror en la familia— murió, y Christie quedó profundamente marcado por haber visto su cadáver. Este hecho, según algunos expertos, habría despertado su mórbida fascinación por la muerte.
Era un niño solitario y con problemas de comunicación; sus compañeros lo apodaban “Reggie el susurrador” porque hablaba con una voz débil. Ya adolescente, se interesó por el control y la humillación, especialmente hacia las mujeres.
DE LA GUERRA A LA DELINCUENCIA
Durante la Primera Guerra Mundial, Christie sirvió en el ejército británico y fue herido por gas mostaza. Alegó haber quedado temporalmente mudo a causa del ataque, algo que usó durante años como excusa para su tono de voz apagado.
Tras la guerra, se casó con Ethel Waddington, pero su matrimonio fue distante. A menudo desaparecía por largos periodos, involucrándose en pequeños robos y fraudes. En la década de 1920, fue condenado varias veces por hurtos, robo postal y agresiones.
EL VECINO AMABLE DE RILLINGTON PLACE
En 1938, la pareja se mudó al 10 de Rillington Place, en el barrio de Notting Hill, Londres. Un edificio modesto, oscuro y húmedo que sería escenario de atrocidades.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Christie trabajó como oficial especial de policía, lo que le daba cierta autoridad y respeto entre los vecinos. Pero debajo de esa fachada se ocultaba un hombre obsesionado con el control sexual y la muerte.
En 1943, cometió su primer as*****to conocido: Ruth Fuerst, una trabajadora sexual a la que estranguló durante un encuentro. Luego, guardó el cuerpo en el piso de su cocina.
Poco después, asesinó a otra mujer, Muriel Eady, convenciéndola de que podía curar su bronquitis con “gas medicinal”. En realidad, la envenenó con monóxido de carbono y luego abusó de su cuerpo.
LA MUJER DESAPARECIDA Y EL HOMBRE INOCENTE
En 1949, un matrimonio —Timothy y Beryl Evans— alquiló una de las habitaciones de la casa. Christie se ganó su confianza, especialmente la de Timothy, un hombre ingenuo y de poca inteligencia.
Beryl, la esposa de Timothy, quedó embarazada y Christie le ofreció practicarle un ab**to “seguro”. Pero la mató y también asesinó a su hija de 1 año, Geraldine.
Cuando la policía investigó, Christie culpó a Timothy, quien fue condenado a muerte y ejecutado en 1950. Años después, se descubrió que Christie era el verdadero asesino, convirtiendo este caso en uno de los errores judiciales más terribles en la historia británica.
EL ASESINO DE SU PROPIA ESPOSA
En 1953, Christie mató a su esposa Ethel, probablemente mientras dormía. La estranguló y enterró su cuerpo debajo del suelo del salón.
Luego siguió asesinando: tres mujeres más murieron ese mismo año, todas engañadas con promesas de trabajo o tratamientos médicos. Les hacía inhalar gas antes de abusar de ellas y esconder sus cuerpos detrás de las paredes o bajo las tablas del suelo.
EL DESCUBRIMIENTO DEL HORROR
En marzo de 1953, el nuevo inquilino del número 10 de Rillington Place encontró cuerpos emparedados en el armario de la cocina.
La policía excavó y descubrió los restos de al menos seis mujeres.
Christie huyó, viviendo en refugios y durmiendo en bancos de parques, pero fue reconocido y arrestado el 31 de marzo de 1953 en Putney, Londres.
EL JUICIO Y LA EJECUCIÓN
Durante su juicio, Christie intentó alegar locura, pero su calma y frialdad impresionaron incluso a los psicólogos forenses.
Fue hallado culpable del as*****to de su esposa y sentenciado a muerte, aunque se cree que sus víctimas fueron al menos ocho.
El 15 de julio de 1953, fue ahorcado en la prisión de Pentonville por el verdugo Albert Pierrepoint.
Sus últimas palabras fueron:
> “No hay una confesión que hacer.”
VIDA ACTUAL
No hay vida actual para John Christie. Murió a los 54 años, pero su historia continúa siendo una de las más escalofriantes del Reino Unido.
El caso Evans, donde un hombre inocente fue ejecutado por sus crímenes, llevó a una profunda revisión del sistema judicial británico y fue uno de los factores que impulsaron la abolición de la pena de muerte en el Reino Unido en 1965.
EL LEGADO DEL MONSTRUO DE RILLINGTON PLACE
El número 10 de Rillington Place se convirtió en símbolo del horror doméstico. En ese pequeño departamento, un hombre corriente demostró que la maldad no siempre grita… a veces, habla en voz baja y ofrece una taza de té antes de matar.
Testigos del Horror
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