
09/08/2025
ANDRÉI CHIKATILO: EL CARNICERO DE ROSTOV
( Asesinos en serie: capítulo 11 )
Su nombre quedó marcado como uno de los más oscuros en la historia criminal de la Unión Soviética. Entre 1978 y 1990, Andréi Románovich Chikatilo asesinó, mutiló y en muchos casos devoró parcialmente a más de 50 personas, en su mayoría niños y adolescentes.
Andréi Chikatilo nació el 16 de octubre de 1936 en la aldea de Yablochnoye, Ucrania, entonces parte de la URSS. Creció en plena Gran Hambruna Soviética (Holodomor), que asoló Ucrania entre 1932 y 1933, dejando millones de mu***os. Sus padres eran campesinos pobres, y el hambre marcó su vida desde pequeño.
Su madre le contaba que, durante la hambruna, un hermano mayor suyo había sido secuestrado y devorado por vecinos desesperados; aunque no existen registros oficiales de ese hermano, el relato dejó una huella psicológica en él.
La infancia de Chikatilo estuvo marcada por la malnutrición, enfermedades y el trauma de la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas alemanas ocuparon su pueblo.
Además, padeció enuresis nocturna (se orinaba en la cama) hasta avanzada edad y sufría bullying por su timidez y problemas de visión. Desde joven también tuvo disfunción sexual, algo que lo avergonzaba profundamente y que más tarde se convertiría en un detonante de sus crímenes.
DEL MAESTRO RESPETADO AL DEPREDADOR OCULTO
De adulto, Chikatilo estudió ingeniería y más tarde pedagogía. Trabajó como maestro y bibliotecario, y se casó con Faina Odnacheva, con quien tuvo dos hijos.
A simple vista, era un ciudadano soviético ejemplar, pero su vida sexual estaba marcada por la frustración. Descubrió que solo podía alcanzar la excitación durante situaciones de dominación, violencia o sufrimiento ajeno.
En 1978 cometió su primer as*****to documentado: la niña Yelena Zakotnova, de 9 años, en la ciudad de Shajtí. La atrajo a una choza abandonada, la intentó violar y, al no poder consumar el acto, la apuñaló y mutiló. Por falta de pruebas, la policía arrestó a otro hombre, quien fue ejecutado injustamente.
Entre 1978 y 1990, Chikatilo desarrolló un patrón letal:
Se ganaba la confianza de menores y jóvenes, muchas veces en estaciones de tren o paradas de autobús.
Los atraía con promesas de comida, dinero o trabajo.
Los llevaba a zonas apartadas del bosque o edificios abandonados.
Los atacaba con extrema violencia: apuñalamientos múltiples, mutilaciones genitales, extracción de órganos y en algunos casos canibalismo.
La mayoría de sus víctimas eran niños, niñas y mujeres jóvenes, pero también asesinó a varios hombres adolescentes. El componente sexual era clave: Chikatilo alcanzaba el orgasmo durante el ataque o al ver el sufrimiento de sus víctimas.
INVESTIGACIÓN Y ARRESTO
La policía soviética se enfrentó a un caso complejo, agravado por la censura estatal: el gobierno no quería admitir que un asesino serial operaba en la URSS, ya que oficialmente ese tipo de crímenes eran “propios de sociedades capitalistas”.
Esto permitió que Chikatilo actuara durante años sin ser capturado. Hubo detenciones erróneas y varias personas inocentes fueron ejecutadas o encarceladas por crímenes que él cometió.
Finalmente, en noviembre de 1990, la policía lo arrestó en una estación de tren en Novocherkassk tras un seguimiento encubierto. Cuando lo interrogaron, negó los crímenes, pero tras varios días confesó 53 as*****tos, describiendo detalles que solo el asesino podía conocer.
EL JUICIO Y LA EJECUCIÓN
El juicio comenzó en abril de 1992 en Rostov del Don y fue un espectáculo mediático. Chikatilo, enjaulado dentro de una celda metálica en la sala, a veces se mostraba desafiante, otras burlón. Llegó a gritar insultos y comportarse de forma errática para aparentar locura.
Fue declarado culpable de 52 as*****tos (uno de los casos no pudo probarse) y condenado a pena de muerte.
El 14 de febrero de 1994, Andréi Chikatilo fue ejecutado de un disparo en la nuca en la prisión de Novocherkassk. Tenía 57 años.
El caso de Chikatilo destapó fallas graves en el sistema policial soviético, revelando cómo la censura política y la incompetencia en las investigaciones permitieron que uno de los peores depredadores humanos actuara durante más de una década.
Su figura se convirtió en símbolo del mal silencioso que puede esconderse bajo una apariencia común: un padre de familia, un maestro… y un asesino caníbal.