06/09/2026
DAVID BERKOWITZ: EL HIJO DE SAM
Nacido como Richard David Falco el 1 de junio de 1953 en Brooklyn, Nueva York, David Berkowitz fue adoptado poco después de su nacimiento por Nathan y Pearl Berkowitz, un matrimonio judío del Bronx. Su infancia, aunque aparentemente estable, estuvo marcada por un sentimiento constante de abandono y una creciente fascinación por el fuego, la muerte y la violencia.
Durante su adolescencia, David mostró señales de inestabilidad emocional. Era retraído, hostil y sufría de baja autoestima. La muerte de su madre adoptiva en 1967 lo afectó profundamente, agravando su aislamiento. En 1971 se unió al Ejército, donde sirvió durante tres años en Corea del Sur. Al regresar, trabajó en distintos empleos mal remunerados y vivió en departamentos deteriorados del Bronx y Yonkers. Fue durante este periodo que su salud mental comenzó a deteriorarse seriamente.
Entre el 29 de julio de 1976 y el 31 de julio de 1977, Berkowitz cometió una serie de tiroteos que aterrorizaron a la ciudad de Nueva York. Atacaba principalmente a parejas jóvenes dentro de automóviles, disparando con un revólver calibre .44. En total, seis personas murieron y siete resultaron gravemente heridas.
Lo que diferenciaba a Berkowitz de otros asesinos era su afán por comunicarse con la prensa y la policía. En una de sus cartas firmó como “El Hijo de Sam”, nombre que se volvió icónico. Afirmaba que estaba poseído por una entidad demoníaca que hablaba a través del perro de su vecino, Sam Carr, y lo obligaba a matar. Estas afirmaciones, junto con el tono burlón y caótico de sus mensajes, alimentaron el pánico colectivo en la ciudad.
El 10 de agosto de 1977, la policía arrestó a Berkowitz fuera de su departamento en Yonkers. En el interior del vehículo encontraron un r***e, municiones, mapas de los lugares de los crímenes y una carta dirigida a las autoridades. Durante el interrogatorio confesó de inmediato todos los crímenes y alegó que una fuerza demoníaca lo había controlado.
Fue condenado a seis cadenas perpetuas consecutivas, cumpliendo su sentencia en la prisión de máxima seguridad de Shawangunk, y luego en Sullivan Correctional Facility, Nueva York.
Con el tiempo, Berkowitz abandonó la narrativa demoníaca. En los años noventa, se convirtió al cristianismo y adoptó el nombre espiritual de “El Hijo de la Esperanza”. Hoy en día mantiene una postura pública de arrepentimiento. Desde prisión, escribe cartas, ofrece entrevistas religiosas y rechaza cualquier intento de obtener libertad condicional.
Berkowitz nunca pidió beneficios por sus crímenes. De hecho, en varias ocasiones se opuso a que se comercializara su historia en libros o películas. Actualmente tiene 72 años y continúa tras las rejas, afirmando haber hallado paz espiritual, aunque la mayoría lo sigue recordando como una de las figuras más aterradoras del siglo XX.