05/01/2026
Los Totora: de los patios platenses al atardecer de Pinamar
La tarde cae lenta sobre la arena y el mar empieza a cambiar de color. A las seis en punto, cuando el sol ya no quema pero todavía alumbra, el Balneario .pinamar se convierte en escenario. Ahí, con los pies casi tocando el Atlántico, se presentan hoy , la banda nacida en La Plata que aprendió a tocar primero para sobrevivir y después para quedarse.
La historia de Los Totora no empieza en un estudio ni en una discográfica. Empieza en patios compartidos, en casas prestadas, en esa ciudad universitaria donde la música suele mezclarse con mate lavado, libros subrayados y trabajos que no alcanzan. La Plata fue cuna y prueba: ahí pulieron un sonido que esquiva etiquetas, con letras que hablan de lo cotidiano sin pedir permiso y melodías que parecen simples hasta que se quedan pegadas.
Con el tiempo, la banda dejó de tocar solo para amigos. Llegaron los bares chicos, después los escenarios medianos, y más tarde las rutas. Cada fecha fue una especie de entrenamiento emocional: aprender a armar y desarmar, a sonar igual aunque el viento juegue en contra, a sostener una identidad sin maquillaje. Los Totora crecieron así, sin golpe de suerte repentino, a base de insistencia.
Hoy el contexto es otro. Pinamar en temporada, turistas que van y vienen, familias, jóvenes, tablas de surf apoyadas contra la madera del balneario. El recital no es un show más: es un cruce. La banda platense que llega con su historia a cuestas y el público diverso que se t**a con canciones que hablan de pérdidas, de amistad, de días largos y noches que no prometen nada pero terminan dando todo.
El nuevo periodismo diría que lo importante no es solo lo que van a tocar, sino dónde y cuándo. Y hoy ese dónde es la playa, y ese cuándo es el atardecer. Los Totora no vienen a imponer un hit: vienen a ocupar un rato de la memoria de quienes estén ahí. Quizás alguien los escuche por primera vez. Quizás otro reconozca una letra y se quede un tema más.
A las 18 horas, cuando el sonido empiece a salir de los parlantes y se mezcle con el viento, La Plata y Pinamar van a estar unidad por un mismo pulso.