10/11/2025
La historia de Elina, la mujer que sembró 🌾el silencio.
Durante años, Elina fue la voz más reconocida de la radio local.
Su timbre suave y firme acompañaba los amaneceres de una ciudad que aprendió a quererla sin conocer su rostro.
“Buenos días, corazones”, decía, y el ruido del mundo parecía aquietarse solo para escucharla.
Pero un día, el silencio la reclamó.
Un tumor en las cuerdas vocales la obligó a retirarse.
Los médicos fueron claros: para salvar su vida, debía renunciar a su voz.
Y así, la mujer que había hecho de la palabra su hogar, quedó de pronto sin sonido.
Muchos creyeron que no volvería a levantarse.
Pero Elina descubrió que el silencio también puede ser fértil.
Aprendió lenguaje de señas, enseñó a otros a comunicarse sin palabras, y transformó su pérdida en un puente.
En sus talleres, los niños sordos reían, y ella —sin emitir un solo sonido— llenaba las aulas de vida.
Ya no estaba en la radio, pero seguía transmitiendo.
Solo que ahora, su mensaje no viajaba por ondas, sino por gestos, miradas y manos que hablaban.
Elina comprendió que no somos lo que perdemos, sino lo que hacemos con lo que queda.
Y en ese nuevo lenguaje, su silencio se volvió la voz más fuerte.
Toma lo que la vida te haya quitado y haz algo hermoso con eso.
Habla, crea, enseña o ayuda.
Porque incluso el silencio puede ser una forma de amor cuando nace desde la resiliencia.
La vida no siempre nos deja elegir lo que perdemos,
pero sí nos da el poder de decidir quién seremos después de la pérdida.