Ivana Dukart

Ivana Dukart Ayudo a personas que pasan situaciones difíciles (enfermedades, pérdidas, duelos, limitaciones físicas) a recuperar la confianza en sí mismas.

Y a seguir buscando el placer de estar vivas.

Llegan primero y se van más tarde.Encienden la luz, prenden las compus, abren las puertas...Revisan el teléfono desde te...
05/09/2026

Llegan primero y se van más tarde.
Encienden la luz, prenden las compus, abren las puertas...

Revisan el teléfono desde temprano:
mensajes y audios de pacientes que, a veces,
ni siquiera pueden nombrar lo que les pasa.

Alguien necesita cambiar un turno,
alguien llora,
alguien repite lo mismo tres veces
porque necesita que del otro lado entiendan
que su dolor no puede esperar.

Son el primer límite y el primer abrazo:
el borde humano por donde empieza a filtrarse la angustia
antes de entrar al consultorio.

Ellas entienden.
Saben que el dolor para cada quien es una urgencia
y la exigencia es la forma en que se manifiesta a veces
la desesperación, el miedo.

Son ese puente entre la demanda desbordada
y la posibilidad de una respuesta que aloja;
transforman el desborde en un turno,
inventando un lugar donde parecía no haber nada.

Eso también es sostener.

Sin embargo —y esto casi nadie lo nota—
ellas también, al igual que todos nosotros,
tienen sus propios dolores:
sus cansancios y su duelo.

Aprendieron a postergar la propia inquietud
para que la molestia de quien consulta
encuentre primero su amparo.

Y no sólo cuidan a los pacientes:
tienen la fuerza de alojar en ambas direcciones,
pidiendo amparo para el que llega desde afuera,
pero también mirándonos a nosotras.
E intentan salvarnos de los excesos de los otros,
y hasta de los nuestros.

«No te preocupes que de la agenda me encargo yo:
aviso, imprimo y reordeno».

Hay algo que la palabra secretaria guarda en su raíz:
la custodia del secreto,
no sólo de todo lo que ocurre puertas adentro,
sino, especialmente, de la fragilidad ajena.

Son guardianas de lo que aún ni puede nombrarse,
ayudándonos a sostener aquello que solos no podríamos cargar.

Miren bien esta foto:
detrás de cada sonrisa hay más de un secreto sostenido
para que el resto pudiéramos seguir funcionando.

Gracias por ser ese borde humano,
por ser principio y parte del equipo de rehabilitación.

Me lo pregunto yo también, y se lo pregunto a todo el equipo: ¿cuánto nos cuesta custodiar los secretos para que todo siga funcionando?

Llenarte de tareas no te va a calmar.Hay palabras que pierden su peso de tanto usarlas para todo. “Ansiedad” es una de e...
30/08/2026

Llenarte de tareas no te va a calmar.
Hay palabras que pierden su peso de tanto usarlas para todo. “Ansiedad” es una de ellas: la usamos para cualquier cosa.
Como si alcanzara una sola etiqueta para nombrarlo todo.

Y si intentamos controlar lo que sentimos, más se frena la calma.
El cuerpo se acelera para no sentir.
Preferimos la agitación al vacío.
Nos tapamos de tareas porque parar significa encontrarnos con aquello que no tiene nombre. Aquello que duele.

Me llevó años de análisis —de ambos lados del escritorio— comprenderlo: llenarse de pendientes no cura nada, solo alimenta la exigencia de seguir huyendo.
Lo que verdaderamente desvalija el malestar es bordearlo, darle un borde, un límite con la palabra.
Hace tiempo descubrí que escribir es mi forma de bordear ese vacío: poner palabras que, al crearse, le restan fuerza a la agitación silenciosa.
No solo para “soltar”, sino para elaborar el afecto.
La próxima vez que sientas esa aceleración, en lugar de taparla con otra tarea, probá escribir unas líneas.
Torpes al principio, provisorias seguro, pero tuyas.
Esta semana escribí esto para bordear mi propio vacío.
¿Vas a seguir corriendo en la rueda de la aceleración?
¿O te vas a decidir a poner un par de palabras? Contame

Le decís ansiedad a todo. Pero el cuerpo sabe que no es lo mismo.Miedo, ansiedad y angustia comparten síntomas, pero no ...
23/08/2026

Le decís ansiedad a todo. Pero el cuerpo sabe que no es lo mismo.
Miedo, ansiedad y angustia comparten síntomas, pero no significan lo mismo. Uno te protege de un peligro real. Otra te acelera para no tener que parar a sentir. En la tercera no hay nada concreto de qué protegerse y es la que más cuesta registrar.
Vamos a ver cómo distinguirlas, teniendo en cuenta su manifestación corporal.
La idea es empezar a escuchar lo que hace tiempo el cuerpo viene diciendo.
¿Te reconocés en alguna de las tres?
saludemocional

18/08/2026
17/08/2026

12/08/2026

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