05/03/2026
No soy de quienes llegan haciendo ruido ni de quienes encajan fácil en todas partes. Hay días en que parezco distante, pero no es frialdad: es que pienso demasiado, siento demasiado, me quedo mirando lo que casi nadie mira. Mientras otros pasan de largo, yo me detengo en detalles mínimos, en un gesto que cambia el tono de una tarde, en una palabra que no se dijo y sin embargo pesa.
No me interesa impresionar. Me interesa entender. Entender por qué alguien sonríe distinto cuando está triste. Entender por qué hay abrazos que alivian y otros que solo cumplen. Entender por qué a veces uno se siente acompañado y, aun así, lejos.
No siempre sé estar en lo superficial. Lo intento, pero algo en mí se cansa rápido de las conversaciones vacías, de los vínculos que solo existen para llenar silencios. Prefiero una charla torpe pero sincera, un silencio compartido que no incomode, una presencia que no tenga que demostrarse todo el tiempo.
No soy perfecto. Me contradigo. Hay días en que quiero quedarme y días en que necesito irme sin explicar demasiado. Hay momentos en que me cierro porque no encuentro la forma correcta de decir lo que me atraviesa. Pero cuando estoy, estoy de verdad. No a medias. No por costumbre.
Si algo me toca, me quedo. Si algo no vibra, me aparto. No por orgullo, sino por coherencia. Aprendí que forzar lo que no fluye termina rompiendo por dentro.
Entiéndeme así: no busco ser extraordinario, busco ser honesto. No quiero ser el más brillante del lugar, quiero poder mirarme sin sentir que me traicioné. Camino a mi ritmo, con mis dudas y mis certezas desordenadas, tratando de que lo que doy tenga peso y no solo apariencia.
Tal vez no encaje en todos los espacios. Tal vez no todos comprendan esta forma tranquila y a veces intensa de habitar el mundo. Pero es la única que sé sostener sin perderme.
Y prefiero eso: ser real, incluso si no siempre es cómodo. 💙