06/04/2026
LOS HOMBRES DE MARSET CAMINAN LIBRES MIENTRAS EL CEREBRO SE PUDRE EN UNA CELDA DE EE.UU.: CÓMO LA IMPUNIDAD ES LA VERDADERA SOCIA DEL NARCOTRÁFICO EN BOLIVIA
Santa Cruz, Bolivia – Sebastián Marset, el narco uruguayo que burló a Interpol durante años, vistiendo la camiseta de un club de fútbol boliviano mientras movía toneladas de co***na, está hoy tras las rejas en Estados Unidos. Pero su imperio criminal no se ha desmoronado. Algo peor ha ocurrido: en Bolivia, los sicarios que mataron por su orden —con confesiones grabadas, chats cifrados y videos de ejecuciones como pruebas— han sido liberados uno por uno. La justicia boliviana no solo fracasa: protege.
El caso de Lorgio Saucedo, abogado y empresario cruceño, es la síntesis perfecta de esta podredumbre institucional. El 2 de septiembre de 2025, Saucedo fue secuestrado, llevado a un hangar en Coloradillo (Warnes) y 3j3cutado a balazos mientras estaba atado a una silla. El autor material, Yerko Junior Iriarte Montaño, fue capturado 48 horas después. En su teléfono, la Policía halló el video del as*****to y una conversación con “Rey del Sur” —el alias de Marset— donde el sicario, desesperado, escribió:
“Está la Policía en casa de mis padres, señor.”
La respuesta de Marset, desde la clandestinidad, fue escalofriante:
“Sí, ya estamos hablando. Tranquilo, ya llaman.”
Alguien llamó. Horas después, la presión policial sobre la familia de Iriarte se desvaneció. Y meses más tarde, Iriarte recuperó su libertad sin haber pisado una celda de manera efectiva.
EL OTRO CADÁVER, EL MISMO PATRÓN
No fue un caso aislado. Los chats filtrados a los que accedió EL DEBER revelan que Marset ordenó al menos dos ejecuciones directas desde su refugio boliviano antes de ser capturado en marzo de 2025. La primera víctima fue José Carlos Jiménez, un piloto asesinado en Beni el 26 de mayo de 2024. Los autores materiales —los hermanos Hurtado Aguilera, señalados en 12 sicariatos, incluido el de un capitán de Policía— siguen prófugos o con procesos frenados.
El patrón se repite: pruebas abrumadoras, capturas relámpago, liberaciones inexplicables.
En enero de 2026, la Policía capturó a Mariano P. C. , identificado como el autor intelectual del as*****to de Saucedo. Iba en una camioneta blindada en Puerto Pailas. La evidencia era contundente. Sin embargo, fue liberado en tiempo récord. El fiscal departamental Alberto Zeballos declaró que la Fiscalía no fue notificada ni autorizó la liberación. La responsabilidad recayó en la Policía. ¿Error? ¿Descoordinación? ¿O un engranaje perfectamente aceitado para que ningún narco importante pase más de 72 horas detenido en Bolivia?
LA ESTRUCTURA DENTRO DE LA ESTRUCTURA
Lo que revelan estos casos es una verdad incómoda que ningún informe oficial ha querido nombrar: existe una red de protección a narcotraficantes y sicarios enquistada en la propia institucionalidad boliviana. No es una conspiración. Es un sistema.
• Contactos en la Policía: Marset mismo declaró, tras evadir un megaoperativo en julio de 2023, que había sido alertado por un oficial. Los chats con Iriarte confirman que el “Rey del Sur” tenía un número directo para “calmar” operativos en curso.
• Jueces que no juzgan: Ninguno de los sicarios identificados en los chats —Iriarte, los hermanos Hurtado, “Coco” Vásquez— ha recibido una condena firme. Algunos tienen órdenes de aprehensión que jamás se ejecutan.
• Zonas liberadas: “Coco” Vásquez, operador clave de Marset, vive prófugo en Exaltación (Cayubaba). La razón oficial: “Fiscalía y Policía no tienen acceso a esa parte del municipio”. Traducción: el Estado no entra porque el narco tiene el control territorial.
LA MADRE DE LORGIO SAUCEDO: “LA MUERTE DE MI HIJO VA CAMINO A LA IMPUNIDAD”
En una entrevista desgarradora, la madre de Saucedo resumió el sentimiento de una sociedad que ha perdido la fe en sus instituciones:
“Hay video, hay confesión, hay chats con Marset. ¿Qué más falta? Siento que la muerte de mi hijo va camino a la impunidad.”
No va camino. Ya llegó.
Mientras Marset espera juicio en Virginia —donde la DEA no negocia con narcos—, Bolivia demuestra que se puede matar por encargo, confesar el crimen y aún así caminar libre. La diferencia entre ambos países no es el poderío militar ni la tecnología. Es la voluntad política de enfrentar al crimen organizado, incluso cuando este se esconde dentro de los pasillos de la justicia.
EL CÍRCULO VICIOSO: IMPUNIDAD QUE ENGENDRA MÁS VIOLENCIA
El mensaje que el sistema boliviano envía a los sicarios es letal: “Mata, confiesa, igual no pasa nada”. Y las estadísticas lo confirman. Santa Cruz, el departamento más rico del país, se ha convertido en el epicentro del sicariato narco. Los as*****tos por encargo se multiplican. Los testigos callan o mueren. Y los jueces, cuando no son cómplices, actúan bajo amenaza.
El viceministro de Defensa Social, Ernesto Justiniano, admitió que “la estructura criminal de Marset sigue activa en el país”. Pero no ha dado nombres, ni ha presentado resultados. Porque esos nombres, probablemente, tienen uniforme, toga o curul.
LO QUE VIENE: UNA PRUEBA PARA LA DEMOCRACIA BOLIVIANA
La pregunta ya no es si Marset será condenado en Estados Unidos. Eso es un hecho. La pregunta es: ¿Bolivia será capaz de desarticular la red local que lo protegió durante años y que hoy sigue operando con total impunidad?
Si los asesinos de Lorgio Saucedo siguen libres dentro de un año, habremos obtenido la respuesta. Y será aterradora: porque significará que en Bolivia, el crimen organizado no necesita un capo. Le basta con tener a sus hombres dentro del Estado.
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PD del Editor
La noticia que acaba de leer no es solo un hecho policial. Es un diagnóstico de podredumbre institucional. Mientras los chats filtrados prueban el nexo entre Marset y los sicarios, un juez boliviano —¿amenazado? ¿comprado?— firma la libertad de los asesinos. La pregunta no es por qué Marset está preso en Estados Unidos, sino por qué Bolivia no puede mantener presos a quienes mataron por él. La respuesta duele: porque en Bolivia, matar sale barato si sabes a quién sobornar.