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Agitación, poder y palabra: ¿quién habla y desde dónde?Por Andrés Mallo SandovalMe gusta la agitación que provoca María ...
06/04/2026

Agitación, poder y palabra: ¿quién habla y desde dónde?
Por Andrés Mallo Sandoval

Me gusta la agitación que provoca María Galindo. Abre debates necesarios, incomoda, mueve estructuras. Pero hay algo que no podemos perder de vista: no es que las mujeres indígenas recién estén levantando la voz. Sus agendas han estado siempre activas, produciendo pensamiento, propuestas y acción política. Lo que ha existido y persiste, es una estructura que las invisibiliza, limitando su acceso a plataformas reales de difusión y poder, a diferencia de figuras como Galindo.

Por eso, cuando esas voces irrumpen o son amplificadas, las élites reaccionan y hablan de “apropiación”. No es casual. Lo que incomoda no es la forma, sino la disputa por el lugar de enunciación: quién puede hablar, desde dónde, y con qué legitimidad.

El debate es necesario. Y sí, también lo es la incomodidad. Sin esa fricción, muchas veces motor del cambio, estos temas seguirían fuera de la conversación pública, encapsulados en circuitos que no transforman nada.

Durante años se ha sostenido, desde lo institucional, lo académico y lo político, que se estaban abriendo espacios para la igualdad desde identidades indígenas, afrodescendientes y otras. Sin embargo, en la práctica, esos espacios han sido con frecuencia limitados, jerárquicos o condicionados. Espacios que, en muchos casos, reproducen las mismas lógicas de exclusión que dicen combatir.

Nombrarlo es clave para enfrentar el racismo estructural. Las compañeras indígenas, racializadas y empobrecidas no están en los márgenes por falta de capacidad o voluntad, sino por sistemas históricos de exclusión. Desmontar esa idea, tan funcional a discursos conservadores y discriminatorios, es central para cualquier proyecto que aspire a la justicia. Sus voces no solo son válidas: son imprescindibles.

Por eso, las voces del poder cruceño o de las logias deberían estar necesariamente interpeladas y avaladas por las mujeres de los pueblos indígenas de sus propias regiones; de lo contrario, se convierten en discursos vacíos, sin sustento ni legitimidad frente a quienes realmente encarnan y pueden argumentar esas realidades.

Pero el problema no se agota en las estructuras tradicionales de poder. También es necesario incomodar las jerarquías dentro del propio campo crítico. María Galindo ha construido -con mérito y trayectoria- una presencia sostenida en medios de comunicación; cuenta con su propia radio y circula en espacios académicos y artísticos donde su voz es escuchada y amplificada. Sin embargo, la pregunta incómoda sigue siendo necesaria: ¿por qué ella, como mujer blanca, accede con mayor facilidad a esos espacios, mientras otras voces igual de potentes siguen siendo marginadas?

No se trata de deslegitimar su trabajo. Se trata de evidenciar cómo operan los privilegios incluso dentro de discursos que se proponen transformadores. Y también de no eludir otras discusiones pendientes, como las violencias, a veces encubiertas, que han sido señaladas dentro de ciertos espacios militantes.

En ese sentido, las provocaciones no crean el problema: lo evidencian. Hacen visible una tensión que ya existía y que exige ser atendida con seriedad, profundidad y responsabilidad política.

Entonces, la pregunta de fondo es otra: si los espacios realmente hubieran sido accesibles, plurales y justos, ¿habría sido necesaria esta irrupción para reabrir el debate?

Y aún más: ¿por qué seguimos esperando que alguien “abra el camino”? Ese camino ya se está trazando desde múltiples lugares. Hay jóvenes, pensadoras y activistas de raíz indígena que hoy se posicionan con claridad, fuerza y propuestas. Están hablando, escribiendo, organizando. Están disputando sentido.

El desafío, entonces, no es representarlas ni hablar por ellas. Es dejar de invisibilizarlas. Es redistribuir el poder de la palabra. Es garantizar que sean sus voces, legítimas, situadas, políticas, las que piensen, decidan y actúen.

Y la pregunta final, inevitable, también interpela a quienes hoy ocupan lugares de visibilidad: ¿cuándo se abrirán espacios reales para que otras ocupen esos lugares? No se trata solo de talleres o procesos de formación. Se trata de ceder poder.

Porque democratizar la palabra no es solo amplificar voces. Es también saber hacerse a un lado.

En otro artículo abordaré el hecho cultural y el patrimonio vivo, un campo igualmente urgente y profundamente interesante para seguir pensando estas tensiones.

Cuerpas visibles, luchas invisibilizadasPor Andrés Mallo Sandoval, para La CuerpaLas protagonistas hoy son ellas: las mu...
31/03/2026

Cuerpas visibles, luchas invisibilizadas
Por Andrés Mallo Sandoval, para La Cuerpa

Las protagonistas hoy son ellas: las mujeres trans.
Sí, es necesario nombrarlas en positivo cada 31 de marzo, en el Día de la Visibilidad Trans. Pero también es urgente no romantizar su existencia sin reconocer el costo que implica habitar el mundo siendo visibles.

Son ellas quienes han puesto el cuerpo —la cuerpa— todos los días. En la calle, en la familia, en el trabajo o en su ausencia. Con su estética, con su presencia, con su sola existencia, interpelan a un sistema binario, heteronormado, cisgénero, selectivo y profundamente hegemónico.

Las mujeres trans han sido, y siguen siendo, la primera línea de las luchas. Porque encarnan todo aquello que el orden tradicional intenta disciplinar: desafían la idea de “lo natural”, de “lo correcto”, de la santidad, de la moral y de la identidad impuesta.

La historia lo confirma. Desde los disturbios de Stonewall, donde mujeres trans racializadas estuvieron al frente, hasta cada barrio de América Latina donde una joven fue expulsada de su hogar por ser quien es. Muchas de ellas encontraron refugio donde el sistema empuja: en la noche, en el arte, en el trabajo sexual, en los márgenes que la sociedad hipócritamente consume y condena al mismo tiempo.

Pero no solo resistieron: también avanzaron.
Hoy están en la política, en espacios legislativos, en organizaciones sociales, en universidades. Son vendedoras, peluqueras, secretarias, artistas, profesionales, investigadoras y madres de familias diversas. Han impulsado leyes, han abierto debates y han obligado a los Estados a mirarlas, aunque muchas veces sea tarde o de forma incompleta.

Porque la deuda sigue siendo estructural.

En Bolivia, la propia Defensoría del Pueblo ha advertido que no existen garantías estatales efectivas para el ejercicio pleno del derecho a la identidad de género, pese a la existencia de normativa vigente. Las personas trans enfrentan barreras, demoras y restricciones que les impiden acceder a derechos en igualdad de condiciones .

Los datos son contundentes:

El 64% de las personas trans ha sufrido discriminación en el último año.

El 37,3% no cuenta con cobertura en salud.

Un 43,5% vive con ingresos menores a Bs. 1.000

Esto no es privilegio. Es precariedad estructural.

Y mientras tanto, siguen enfrentando discursos de odio: desde sectores del feminismo excluyente hasta figuras culturales globales que legitiman la transfobia. Se enfrentan a sistemas de belleza, a normas jurídicas incompletas y a una sociedad que aún decide quién merece dignidad.

Pero hay algo aún más brutal: la violencia extrema.

Las mujeres trans siguen siendo asesinadas con niveles de crueldad que evidencian odio. Sus cuerpas aparecen marcadas por la saña. Y cuando ya no están, muchas veces tampoco hay justicia, ni memoria, ni reparación. Solo abandono.

Un abandono que también se expresa en vida: en la exclusión laboral, en la falta de redes de protección, en la invisibilización institucional. A veces, incluso, la calle ofrece más cuidado a un animal que a una mujer trans.

Por eso, hablar de visibilidad no puede quedarse en el gesto simbólico.
Debe ser un ejercicio de memoria, de justicia y de reparación histórica.

Y en ese camino, también es fundamental no olvidar que esta lucha es amplia: incluye a hombres trans, personas no binarias y a todas las identidades que habitan este gran paraguas de dignidad.

Que esta fecha no sea solo conmemorativa.
Que incomode, que cuestione, que eduque.

Porque hoy no se lucha por privilegios.
Se lucha por derechos básicos: trabajo, salud, seguridad, existencia.

Y quien diga lo contrario, que revise los informes de su propio país.

Sigamos construyendo sociedades diversas.
Pero, sobre todo, sociedades justas.

Cuando el poder no emancipa: género, élite y dominaciónPor Andrés Mallo para La CuerpaHay una trampa recurrente en el im...
25/03/2026

Cuando el poder no emancipa: género, élite y dominación
Por Andrés Mallo para La Cuerpa

Hay una trampa recurrente en el imaginario político contemporáneo: creer que la presencia de una mujer en el poder o cerca de él, implica, automáticamente, un avance para los derechos de las mujeres. No es así. Nunca lo fue.

Figuras como Margaret Thatcher, Isabel Díaz Ayuso o Giorgia Meloni han sido celebradas como símbolos de “mujeres fuertes” o “empoderadas”. Sin embargo, como advierte Angela Davis, el feminismo no puede reducirse a la representación individual dentro de estructuras de poder que siguen siendo profundamente desiguales: no basta con que una mujer llegue arriba si el sistema que sostiene continúa oprimiendo a la mayoría.

El feminismo crítico, desde bell hooks hasta Silvia Federici, ha insistido en que el verdadero horizonte es desmantelar las estructuras de dominación: el patriarcado, el capitalismo extractivo, el racismo estructural. No administrarlas con rostro femenino.

Por eso resulta problemático cuando liderazgos de ultraderecha se apropian del lenguaje del “empoderamiento” para legitimar agendas profundamente regresivas. Estas mujeres no representan una ampliación de derechos, sino su restricción: se oponen al derecho a decidir, minimizan las desigualdades estructurales y refuerzan modelos tradicionales de género.

Es lo que algunas corrientes llaman feminismo neoliberal o punitivo: una narrativa que celebra el éxito individual mientras abandona la justicia colectiva.

En este marco, la figura de la “primera dama” reaparece como un dispositivo profundamente anacrónico. No es un cargo electo, no responde a principios democráticos, y reproduce una lógica casi monárquica: una mujer investida de visibilidad pública por su vínculo marital con el poder. En sociedades como la boliviana, donde los movimientos sociales, especialmente indígenas y populares, han tensionado históricamente estas jerarquías, su reaparición no es inocente.

Como señala Rita Segato, el patriarcado se reinventa constantemente, incluso dentro de sistemas que se presentan como democráticos. La “primera dama” no es más que una extensión de ese orden: una figura funcional que administra lo simbólico, lo social, lo “decorativo”, mientras el poder real permanece masculinizado.

El caso estadounidense es particularmente ilustrativo. Donald Trump ha construido un discurso público donde la libertad es reducida al individualismo extremo, mientras múltiples denuncias de abuso y misoginia lo rodean. Su entorno, incluyendo a Melania Trump, ha sido cuestionado por vínculos con círculos de élite atravesados por graves acusaciones.

El escándalo de Jeffrey Epstein expuso una red de poder donde confluyen empresarios, políticos y celebridades, muchos de ellos acusados o investigados por delitos de explotación sexual de menores. Aunque no todos los documentos han sido completamente publicados, múltiples registros dan cuenta de la cercanía de figuras del poder global con estos espacios.

La contradicción es brutal: quienes hablan de “valores”, “familia” o “protección de la infancia” han estado, directa o indirectamente, vinculados a estructuras de impunidad.

No se trata de teorías conspirativas, sino de una pregunta política incómoda: ¿cómo operan las élites cuando el discurso moral encubre prácticas de dominación y violencia?

En América Latina, estas narrativas encuentran eco. La ultraderecha avanza utilizando un lenguaje de dignidad, orden y familia, mientras despliega políticas que profundizan la desigualdad, el racismo y la exclusión. En Bolivia, esto adquiere una dimensión particular: un país atravesado por luchas indígenas, por resistencias populares, por una historia donde las mujeres racializadas han sido sistemáticamente relegadas.

Entonces, cabe preguntarse: ¿a quién representa realmente una “primera dama”? ¿A las mujeres indígenas, empobrecidas, precarizadas? ¿O a una élite que históricamente ha concentrado poder y riqueza?
La respuesta es evidente.

Si queremos hablar de representación, hablemos de mujeres con voz propia, con trayectorias construidas desde la lucha social, desde los territorios, desde la experiencia colectiva. No de figuras instaladas por parentesco ni de íconos mediáticos producidos por aparatos de comunicación que operan como voceros del poder.

Como plantea Judith Butler, la política del género no puede desligarse de la política de la vida: de quiénes importan, de quiénes son protegidas, de quiénes son descartables.

Hoy más que nunca, es urgente mirar más allá del lente oficial. Desarmar el simulacro. Nombrar la contradicción.
Y, sobre todo, no confundir poder con emancipación.

Porque no toda mujer en el poder representa a las mujeres. Y no todo discurso de libertad es, en realidad, liberador.

Reforma autonómica: la deuda estructural de la representación en BoliviaPor Andrés Mallo Sandoval para La Cuerpa Lo decí...
22/03/2026

Reforma autonómica: la deuda estructural de la representación en Bolivia
Por Andrés Mallo Sandoval para La Cuerpa

Lo decía el año pasado, y hoy se vuelve aún más evidente: no sólo era una urgencia la modificación de la ley electoral, sino que esa transformación debió anticiparse a esta coyuntura marcada por calendarios políticos acelerados y decisiones improvisadas. Lo que estamos viviendo no es únicamente una saturación de candidaturas, sino una crisis más profunda: la incapacidad del sistema político para representar de manera real la complejidad territorial del país.

En este punto, emerge con fuerza una discusión que ha sido postergada, diluida o instrumentalizada: la reforma del modelo autonómico en Bolivia.

Desde la promulgación de la Constitución Política del Estado de Bolivia, el país asumió formalmente un carácter autonómico. Sin embargo, más de una década después, las autonomías, departamentales, municipales, indígenas, no han logrado consolidarse como espacios efectivos de poder político. En muchos casos, se han reducido a estructuras administrativas limitadas, dependientes del nivel central y con escasa incidencia en la toma de decisiones estratégicas.

La pregunta de fondo es incómoda pero necesaria: ¿qué tipo de representación estamos construyendo si los territorios no son el punto de partida del poder político?
El actual escenario electoral evidencia una paradoja. Por un lado, hay una proliferación de candidaturas; por otro, un profundo desconocimiento de quiénes son, a quién responden y qué territorios encarnan. Esta sobreoferta no es sinónimo de pluralidad, sino más bien de fragmentación sin arraigo.

La representación se vuelve abstracta, desanclada de las realidades locales, incapaz de recoger las demandas específicas de regiones históricamente marginadas.

Frente a esto, pensar en una reforma autonómica no es un gesto técnico, sino una apuesta política de reconfiguración del Estado.

Existen modelos internacionales que pueden ofrecer claves, no para ser replicados mecánicamente, sino para inspirar caminos posibles. En España, por ejemplo, las comunidades autónomas cuentan con amplias competencias legislativas y una fuerte identidad territorial que incide en la política nacional. En Colombia, los procesos de descentralización han permitido fortalecer gobiernos locales, aunque con tensiones persistentes. Más radical aún es el caso de Suiza, donde los cantones tienen un alto grado de autonomía política, fiscal y legislativa, y donde la democracia directa refuerza el vínculo entre ciudadanía y territorio.

En América Latina, también se han ensayado modelos de autonomías indígenas que dialogan con la experiencia boliviana, pero que aquí siguen enfrentando barreras estructurales para su consolidación efectiva.

El desafío, entonces, no es sólo normativo. No basta con redistribuir competencias en el papel. Se trata de construir un nuevo pacto territorial donde las autonomías no sean un apéndice del poder central, sino su contraparte legítima y activa. Un sistema donde los liderazgos políticos emerjan desde los territorios, con legitimidad social, conocimiento situado y capacidad de incidencia real.

Esto implica, además, repensar los mecanismos de representación electoral: circunscripciones más coherentes con las realidades territoriales, sistemas que prioricen la vinculación con comunidades específicas, y no sólo la lógica partidaria tradicional.

Puede parecer una tarea titánica, incluso una utopía. Pero el principio ya está en marcha. No por voluntad institucional, sino por la presión misma de una realidad que desborda los marcos actuales. La crisis de representación no es un accidente: es el síntoma de un modelo agotado.

Si algo deja esta coyuntura es una certeza: Bolivia necesita una reforma profunda que articule democracia, territorio y autonomía. No como consignas, sino como estructuras vivas de poder.

Porque sin territorios representados, no hay democracia posible.

10/03/2026

📢 Democracia en disputa – 2do conversatorio

En esta sesión hablaremos sobre “Más allá de la noticia: sesgos mediáticos en la cobertura de mujeres candidatas”, junto a Sandra Bernal, comunicadora social y activista por los derechos de las mujeres.

🗓 Miércoles 11 de marzo
🕡 18:30
📍 Biblioteca Goethe Institut (Av. Arce esq. Campos)
🎟 Ingreso libre
📡 Transmisión en vivo por Facebook
📄 Certificado digital de participación

Un espacio para reflexionar sobre información, democracia y representación de las mujeres en los medios.

10/03/2026

📢 Democracia en disputa – 2do conversatorio

“Derecho a la información: sin datos no hay democracia”

En esta sesión conversaremos sobre “Nuestros cuerpos y nuestras voces como parte de la comunicación actual”, junto a Laura Libertad Álvarez, activista en derechos humanos, trabajadora sexual do******ix y escritora de poesía B**M.

🗓 Miércoles 11 de marzo
🕡 18:30
📍 Biblioteca Goethe Institut (Av. Arce esq. Campos)
🎟 Ingreso libre
📡 Transmisión en vivo por Facebook
📄 Certificado digital de participación

Un espacio para debatir información, democracia y voces diversas.

10/03/2026

La democracia también se construye con información.

En un contexto donde las elecciones subnacionales definirán el rumbo de nuestros territorios, necesitamos debatir paridad, acceso a la información y el rol de los medios en la democracia.

Te invitamos al 2do conversatorio del ciclo “Democracia en Disputa”, un espacio para reflexionar sobre cómo la información, los cuerpos y las voces también forman parte de la participación política.

Hablaremos sobre: • el derecho a la información como base de la democracia
• los sesgos mediáticos en la cobertura de mujeres candidatas
• la importancia de las voces diversas en la comunicación actual

🗓 Miércoles 11 de marzo
📍 Biblioteca del Goethe-Institut – Av. Arce 2708 (esq. Campos)
⏰ 18:30
🎟 Ingreso libre
📜 Se entregará certificado digital de participación

Un espacio para informarnos, debatir y fortalecer la democracia desde la ciudadanía.

Elecciones Comunicación DDHH

La voz de una mujer en política: el despojo de Andrea Barrientos y la urgencia de una autonomía popularPor Andrés MalloP...
07/03/2026

La voz de una mujer en política: el despojo de Andrea Barrientos y la urgencia de una autonomía popular

Por Andrés Mallo
Para La Cuerpa

La renuncia de Andrea Barrientos como viceministra de Autonomías no es solo un episodio personal; es el despojo de una voz femenina en un espacio de decisión. Aunque ella no se definiera como feminista, su voz, en un contexto de voces masculinizadas y decisiones de hombres, resuena como un desafío. Si ella hubiera propuesto que el modelo 50/50 se construya desde las bases, con un respaldo popular genuino, no solo habría desatado la furia del gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, sino que habría sido expulsada, simbólica y literalmente, del país. Si Andrea Barrientos, al plantear su propuesta, hubiera apelado al poder popular como base del 50/50, se habría topado no solo con la violencia regional, sino con un país que, en su mayoría, sigue siendo machista y que, en vez de abrirse a una mirada integradora, expulsa cualquier idea, concepto o decisión política representada por una mujer.

Este ejemplo no es solo el de Andrea; es el de tantas mujeres en la política cuyos discursos, cuando proponen transformaciones, son tachados de subversivos, sometidos al silencio y a la violencia. Y es revelador que, pese a que el presidente Paz impulsó esta reforma, no haya tenido la valentía de defenderla desde las bases. En su silencio, dejó que las estructuras patriarcales se reforzaran, y la política se quedara sin un espacio real para el cambio.

Es irónico que, a días del 8M, sea precisamente una mujer como Andrea la que, al alzar su voz, se convierte en símbolo de un país que, cuando más espera cambio, vuelve a expulsar a las mujeres del poder. Si queremos una transformación, debemos garantizar que estas voces no se callen, que el cambio se construya desde las bases y que la autonomía no quede en un papel, sino que, justo ahora, justo en el 8M, se transforme en una revolución que escuche y respete a quienes siempre han sido expulsadas del centro del poder.

05/03/2026

✨ La democracia también se disputa en la palabra y en los datos.

Te invitamos al primer conversatorio del ciclo
🔥 Democracia en Disputa: Información, Paridad y Agendas Urgentes

Un espacio urgente de análisis y diálogo sobre la paridad democrática y los desafíos reales que enfrentan las mujeres y las disidencias en la política boliviana rumbo a las elecciones subnacionales 2026.

🗣️ Voces expertas compartirán evidencia, experiencias y miradas críticas para entender qué está pasando con la representación política en el país.

📅 Jueves 5 de marzo de 2026
🕡 18:30 – 20:30
📍 Goethe-Institut La Paz – Biblioteca
🎟️ Ingreso libre
📜 Se entregará certificado de participación
Organizan: DIVERSA · CDC · Estrategia 360 · Warmis
Con el apoyo del Goethe-Institut La Paz

Cuando el relato simplifica: responsabilidades compartidas ante la crisisPor Andrés Mallo Por La Cuerpa ¿Y por qué se as...
01/03/2026

Cuando el relato simplifica: responsabilidades compartidas ante la crisis
Por Andrés Mallo
Por La Cuerpa

¿Y por qué se asume tan rápidamente que lo ocurrido se explica solo por la acción de quienes llegaron al avión para robar? La pregunta incómoda, pero necesaria, es otra: ¿por qué la fuerza del orden no tomó acciones concretas y oportunas frente a la crisis?

No es menor que el hecho haya ocurrido en pleno centro de la ciudad de El Alto, un espacio accesible, visible y densamente poblado. En ese contexto, el retraso en la llegada de las fuerzas del orden no puede tratarse como un detalle secundario. Es parte sustantiva del análisis.

Sin embargo, el encuadre mediático dominante ha preferido concentrarse casi exclusivamente en quienes sustrajeron dinero, dejando en segundo plano el contexto completo de lo ocurrido y, sobre todo, la respuesta, o la falta de ella, de las autoridades ante una situación que involucraba víctimas fatales y un escenario de alta tensión social.

Contar la historia de forma fragmentada no ayuda a comprenderla: la distorsiona.
También resulta llamativo el manejo político de la crisis. No es habitual que, ante un hecho de esta magnitud, la máxima autoridad del país se limite a un mensaje en redes sociales sin presencia pública inmediata, ni siquiera a través de un vocero de alto nivel. Más aún cuando se trata de un liderazgo que ha construido su imagen sobre la cercanía territorial y la presencia constante en distintos puntos del país.

Estas señales importan. En contextos de crisis, la gestión simbólica y comunicacional del Estado es tan relevante como la operativa.

Nada de esto implica justificar posibles delitos. Si existieron actos contra la ley, corresponde que se investiguen y sancionen. Pero reducir todo el fenómeno a la etiqueta de “vándalos inhumanos” no solo empobrece el debate público, sino que oculta responsabilidades institucionales que también deben ser examinadas.

El Alto, históricamente politizado desde múltiples discursos, vuelve a ser leído desde el prejuicio rápido antes que desde el análisis estructural. Y en ese gesto se repite un patrón conocido: se individualiza la culpa y se diluye la responsabilidad del Estado en la prevención, la reacción y la gestión de la crisis.

La ciudadanía boliviana merece algo más que relatos simplificados. Merece información completa, rendición de cuentas y una mirada que entienda que los hechos sociales complejos rara vez tienen una sola causa ni un solo responsable.

Porque, una vez más, el discurso mediático dominante parece mucho más cómodo con las explicaciones rápidas que con las verdades incómodas.

Gobernar desde el ruido: ajuste, revancha y control del relatoPor Andrés Mallo Sandoval | Para La Cuerpa Este texto reco...
19/02/2026

Gobernar desde el ruido: ajuste, revancha y control del relato
Por Andrés Mallo Sandoval | Para La Cuerpa

Este texto recoge algunos de los casos más resonados de los primeros cien días del gobierno de Rodrigo Paz. No pretende ser un inventario exhaustivo, sino una lectura crítica, desde la comunicación política y sus efectos materiales, de una gestión que en muy poco tiempo ya deja ver con claridad su orientación.

Hay un dato político imposible de ignorar: durante casi un tercio de estos cien días, el país estuvo movilizado en las calles frente a un gobierno que insiste en imponer decretos de dudosa constitucionalidad. El “diálogo” que hoy se presenta como logro no nació de una vocación democrática espontánea, sino de la presión sostenida de bolivianas y bolivianos ante la vulneración constante de la Constitución.

Los primeros cien días suelen ser los más sinceros de cualquier administración. Y estos no han sido la excepción.

Ajuste económico y Estado en retroceso
Las medidas económicas se presentaron como correctivas, pero el descontrol terminó imponiéndose. En lugar de un Estado regulador, el mercado y los sectores empresariales privilegiados marcaron la pauta. La inflación ya golpea a los hogares y la canasta familiar empieza a tensarse.

En paralelo, se debilitan empresas estratégicas como ENTEL y BOA, mientras se alivian cargas tributarias a los sectores más ricos. La ecuación es conocida: el Estado se retrae donde debería proteger y se flexibiliza donde debería poner límites.

Educación y señales de reorientación
En educación, el gobierno combina recorte material con disputa ideológica. La reducción del apoyo físico a estudiantes bajo la lógica de migrar a formatos digitales traslada costos a familias que no cuentan con conectividad ni dispositivos.

A esto se suma la intención de abrogar la Ley 070 “Avelino Siñani, Elizardo Pérez”, uno de los pilares del modelo educativo intercultural del Estado Plurinacional. No es sólo una reforma técnica: es una señal de reorientación del proyecto educativo.

Maletas, narrativa y zonas grises
La confrontación permanente con el anterior gobierno funciona como cortina discursiva. Pero el llamado caso maletas abrió una fisura mayor: el ingreso de decenas de maletas sin controles adecuados en Viru Viru, y las investigaciones posteriores por droga y dinero, instaló dudas serias sobre la eficacia estatal frente a economías ilícitas.

Más delicado aún: el propio gobierno reconoció que tenía información previa. Un gobierno que promete orden no puede permitirse zonas grises en control aeroportuario.

El ruido como método
El ecosistema mediático muestra un patrón: rapidez para golpear al adversario, silencio cuando la noticia incomoda y espectáculo cuando aparece un posible caso de corrupción. El aparente desorden comunicacional no es torpeza; es método.

Cierre
Son solo cien días, pero los signos ya son nítidos. No se trata únicamente de un ajuste económico ni de una disputa narrativa: estamos ante un reordenamiento del poder.
Cuando el Estado se repliega frente a intereses concentrados, cuando la educación pierde su horizonte transformador y cuando la conducción pública no refleja la pluralidad real del país, las primeras conquistas que se erosionan son aquellas que ampliaron ciudadanía y cuestionaron privilegios históricos.

Nada de esto ocurre por accidente.
Si esta lógica se profundiza, la factura volverá a recaer, como tantas veces, sobre quienes históricamente han tenido que disputar su lugar en el espacio público. Bolivia no necesita más ruido: necesita responsabilidad pública, coherencia democrática y un horizonte de dignidad que no vuelva a dejar a nadie afuera.

El tiempo corre. Y empieza a mostrar no intenciones, sino la verdadera forma de gobernar.

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