El blog de Jorgito

El blog de Jorgito Bienvenidos a mi blog, donde les voy a contar un par de experiencias de mi vida.

02/04/2026

El fachento.

Los primeros años de secundaria los estudié en el Instituto Miguel Bonilla, un colegio que en los años noventa tenía una mezcla de estudiantes, pandilleros y otros que solo llegaban a robar.

Un par de veces me obligaron a hacer un intercambio de camisetas, que consistía en que uno de los tamales que estudiaba allí, le gustaba mi camiseta y me pedía amablemente que se la diera, a cambio yo tenía la de él, sudada y hedionda. Pero como era la ley de la selva, la cooperación era importante para sobrevivir.

Había un chavalo que estudiaba conmigo, era siempre fachento porque llevaba los mejores zapatos, Walkman, y siempre siempre a la hora de receso se le veía comiendo de todo: hot dogs, enchiladas, gaseosas, reposterías, etc. Pero además, invitaba a los pandilleros y así tenía protección. Siempre presumía que su mamá vivía en la Yusa y que tenía una gran venta en su casa, y siempre que podía enseñaba el efectivo que llevaba en su bolsa.

Un día, contó que la venta que tenía, la administraba su abuela, una señora de 70 años. Al escuchar esto, otros que estudiaban conmigo comenzaron a comentar en secreto. Al siguiente día, estos otros dos sujetos me invitaron a comer en el receso (seguro por lástima al ver que a p***s me alcanzaba para un raspado).

Ese día, comí como rey. De todo lo que había en el bar de la escuela compraron. Ellos, que eran tan o más pobres que yo, a veces no tenían ni para un raspado. Por lo que se me ocurrió preguntar, ¿De dónde sacaron reales para comprar?.

Entre risas me dijeron que al fachento, lo habían amenazado con decirle a su abuela que robaba dinero de la venta, y como resultó ser cierto, lograron que les diera 10 pesos diarios por su silencio.

01/03/2026

01/01/2026

El abuelo Fernando.Nunca conocí a mi abuelo paterno porque ya había mu**to años antes que yo naciera, lo único que conoc...
05/16/2025

El abuelo Fernando.

Nunca conocí a mi abuelo paterno porque ya había mu**to años antes que yo naciera, lo único que conocí de él fue que se llamaba José. En alguna historia de pobreza de mi papá cuando intentaba evitar que yo cortara mis chinelas Rolter que ya no quería, me dijo que el abuelo José trabajó para alguien cercano a Somoza cuidando sus perros y que comían la carne que sobraba de los huesos (o algo así).

Conocí más a mi abuelo materno. Él era callado, cuando iba de visita donde mi abuela, lo más que escuchaba de él era cuando me llamaba "Jorgete", ese era como nuestro saludo.

Pero tengo recuerdos de él cuando me llevaba al CDI cerca del mercado Iván Montenegro en su moto. También recuerdo que siempre tuvo un "cuartito" lleno de herramientas, ya que él era de esos señores "todolopuede", podía hacer desde un calentador de agua, instalar una bomba de agua hasta cuenta la historia que una moto de piezas de chatarra.

Recuerdo que su "cuartito" era mi lugar de juegos preferidos, había 1001 clavos, martillos, fierros de todo tipo, en fin el lugar número uno para contraer tétanos, pero para mí era salvaje sentir ese olor a grasa, aceite y sarro. Ese cuartito existió en todas las casas donde vivieron.

También tuvo su historial deportivo, y es que aun es muy recordado en Siuna por jugar baseball. La historia de cómo perdió la vista de un ojo por el golpe de una pelota no la sé a detalle, pero siempre usaba lentes oscuros.

Cuando murió mi abuela, resulta que se volvió hablantin, y es que mi abuela era el centro de atención y pues a él no lo dejaba hablar. De repente comenzó a contar un par de cientos de veces, como de niño su papá lo regaló a una tía y que prácticamente se crío solo y que le tocó trabajar desde los 8 años. Por eso adoraba los dulces y los postres.

Hasta su último día vida, lloró a mi abuela recordando sus más de 50 años juntos.

Recuerdo como me llenaba de orgullo cuando después de años de mandarme a la venta a comprarle una "amarga", pude comprarla varias veces de mi dinero cuando ya trabaja.

Las ardillas.A estos animalitos los veía frecuentemente en mis viajes a Matiguas y a Rancho Grande en Matagalpa. Y es qu...
05/11/2025

Las ardillas.

A estos animalitos los veía frecuentemente en mis viajes a Matiguas y a Rancho Grande en Matagalpa. Y es que a las majes les encantaba comerse el cacao, allá en aquellos lados las agarraban con rifles de balines y hasta a punta de balas porque acababan con plantaciones enteras.

Aquí en Canadá estos animalitos son tan normales como los pavos que andan en la calle tranquilamente y a veces hay filas de carros en las autopistas porque se les ocurrió cruzar la carretera.

Las ardillas pasan recogiendo semillas, incluso maní que no tengo idea de dónde lo consiguen. Las guardan bajo tierra en maceteras de los patios de las casas para sacarlas en verano y comérselas.

Recién llegados nos parecía increíble lo civilizado de este país: ardillas, pavos, gallinas y hasta venados andando tranquilos sin peligro de terminar en una tapa de abanico en un asado de domingo.

Aquí a p***s se va la nieve todo el mundo aprovecha a comprar plantas para adornar los balcones y patios. Al inicio mi esposa les daba semillas y comida a las ardillas, se sentaba a mirarlas como corrían por el patio: "ay mira que lindas, mirá esa blanquita, mira la negrita, ¡que bellas!".

Cuatro años después de ver como les escarban la tierra de sus plantas, ahora son "las ardillas hijueputas".

Bueno, creo que es el cauce natural de la vida. Incluso el pastel más rico, termina empalagando.

Los chocobananos.Desde niño he sido fan de los postres, de todo tipo: fríos, calientes, de pan, de leche, de frutas. En ...
03/30/2025

Los chocobananos.

Desde niño he sido fan de los postres, de todo tipo: fríos, calientes, de pan, de leche, de frutas. En fin, cómo no ser fan de la gastronomía nicaragüense y todas sus variedades.

Uno de los postres, si podemos llamarlo así, más comunes en cada barrio eran los chocobananos. Había desde los "normales" banano cubierto con chocolate, hasta los más fresas que llevaban maní, dulces y hasta chocolate blanco.

La primera vez que probé uno fue en el año 1993, estaba en tercer grado de primaria en un escuela cerca de la casa. Todos los días en el recreo, había un señor que vendía helados y chocobananos. Recuerdo que los llevaba en un s**o y hacíamos fila para comprarle, si mal no recuerdo costaban 50 centavos. Mi papá me daba un peso a diario para comprar en el recreo y yo lo hacía rendir como podía, a veces me lanzaba un pico y un glu-glu y otras veces un helado, alguna chiveria, pero era fan de los chocobananos. Así que comencé a comprar todos los días dos, pero quedaba con hambre y no podía comprarle al señor todos los días.

Y bueno, un día me fui a platicar con él y me preguntó si no iba a comprarle y le dije que no andaba reales. Cuando de repente escuché esas bellas palabras: "si querés te lo fio". Por 15 días, pasé fiando y comprando picos con el peso que me daban. Hasta que llegó el día fatal: "¿Mira, y cuándo me vas a pagar?".

Y yo con una mirada de perro regañado: "es que no tengo". Pasé una semana escondiendome del señor, hasta que logró preguntar dónde vivía y se apareció en mi casa cobrando los 24 pesos que le debía.

Y así con mis nueve años me enjarané. Mi papá me castigó y nunca más me fiaron en la escuela.

12/31/2024

Los panes de la abuela.

Hace unos días, en el proceso de la "engordación" festiva, mi tía hizo unos pasteles de carne deliciosos, así como empanadas de piña y nacatamales. Todos con el sazón nica, heredado de mi abuela.

Todo eso me trajo algunos recuerdos de niño, no se qué edad tenía pero recuerdo estar recién bañado, lleno de colonia y talco Menen. Tal vez tendría unos 5 ó 6 años, por lo que solo tengo algunas memorias.

Estaba sentado en un silla mecedora viendo cómo mi abuela y tías amasaban pan, horneaban pasteles, empanadas y otras delicias. Esos olores deliciosos a levadura, dulce y mantequilla opacaban el sabor de mi pacha de limonada.

Mientras observaba el movimiento de todas en la cocina, esperaba con ansias que me dieran mi barra de pan calientito recién salido del horno. La espera valía la pena, pero para variar, no era suficiente. Así que cuando según yo, no me veían cobrabra el apoyo moral proporcionado con mi presencia, tomaba lo que quería de las mesas cuando nadie estaba en la cocina.

Este pecado era perdonado por ser un niño mareado en busca constante de alimentos, hasta que cerraron las puertas de la cocina para que no entrara más.

Que puedo decir, mi infancia tuvo parches felices, normalmente relacionados con comida.

Feliz año nuevo, que disfruten sus recalentados con mucho sabor hasta los primeros días de enero.

11/27/2024
05/21/2024

El tío.

Dándole gusto a mi prima, voy a contar una historia sobre un tío.

Y es que cuando éramos pequeños, este tío (algunos años mayores que nosotros) nos cuidó algunos meses cuando mi papá se iba a trabajar a la Costa Caribe. Su currículum vitae ya resumía su trabajo de niñero con otros primos y primas.

Pero lo peculiar, es que él nos quería educar a la "antigua", como a él lo habían educado.

Nosotros, (mi hermano y yo) de pequeños teníamos un club de pelea a diario, y mis travesuras y rebeldía precoz me hacían casi insoportable. Lo que merecía sus castigos old school por portarnos mal, como por ejemplo estar una hora frente a la pared, jalones de orejas y nalgadas. Tales castigos no eran tan dolorosos, es más, daban risa.

Era más castigo para mí, comer todos los días sus platos más frecuentes que era sopa Maggie y arroz.

Años después, el mismo tío vivió unos meses en mi casa, ya con nosotros veinteañeros. Si de niños nunca fue figura de autoridad, peor de adultos y viendolo llegar tapi. Su menu de cocina, había evolucionado, ya compraba chorizo, 10 pesos de frijoles y huevos.

Muchas primas y primos quedaron traumados durante su cuido, cuando lean esto se acordaran.

Los nuevos 20's.Hoy cumplo 40 años en este mundo. Cuando era pequeño pensaba que el día de tu cumpleaños crecias, e iba ...
02/26/2024

Los nuevos 20's.

Hoy cumplo 40 años en este mundo. Cuando era pequeño pensaba que el día de tu cumpleaños crecias, e iba por una cinta métrica para ver cuánto había aumentado en altura. Recuerdo ver a mis tíos cuarentones con pantalones de "vestir" y camisas manga larga y burlarme de ellos por haber llegado a la vejez. Recuerdo también pensar que a los 40 seguramente ya me iba a doler la espalda e iba a estar bebiendo tibio, con mi respectiva untada de zepol en el cuello y viendo hacia el horizonte desde una silla mecedora.

Pero hoy, todavía me siento joven. Me niego a dejar mis zapatos deportivos de basketball, gorras, mis shorts y aún no uso pantalones de "vestir". Mis hijos y yo tenemos gustos musicales similares (hip hop y rock) y espero no sea pronto que cambien a música asiática.

Mi esposa me sueña usando una boina, pantuflas y tirantes, este año he cedido y ya uso pantuflas. Todavía no me duele nada, pero ya tengo calvicie, me estorban los ruidos fuertes y tengo fijación por el tiempo en que llegan las entregas de Amazon y a qué hora pasan recogiendo la basura.

Al final, la vida no se trata de solo números, si, tengo 40, dos hijos y una hermosa esposa que en vez de envejecer se pone más bella cada día. Pero más que esos números, me siento pleno, feliz y con ganas de seguir viviendo.

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