26/06/2026
Hoy he visto muchas publicaciones recordando supuestas profecías sobre Venezuela🇻🇪.
Y no pude evitar hacerme una pregunta:
¿Qué gana el Reino de Dios cuando, en medio del dolor de un pueblo, nuestra mayor preocupación es demostrar que “alguien lo había dicho”?
Mientras hay familias buscando a sus seres queridos… Mientras hay niños, jóvenes y adultos atrapados o llorando pérdidas irreparables…Mientras hay personas que hoy no saben dónde dormir ni cómo volver a empezar…
¿Realmente ese es el momento para decir: “Yo lo advertí”?
No escribo esto para cuestionar que Dios pueda hablar. Creo que Dios sigue hablando. Lo que me pregunto es si el propósito de una palabra profética es alimentar el ego de quien la anunció o mover el corazón de la Iglesia a amar, servir, interceder y extender la mano.
Porque si una profecía solo termina convirtiéndose en un “¿viste que tenía razón?”, entonces perdimos de vista el corazón de Cristo. Jesús nunca utilizó el sufrimiento ajeno para demostrar que Él tenía razón. Lo utilizó para acercarse, llorar con los que lloraban, sanar, alimentar y restaurar.
Hoy quizás la pregunta no es quién profetizó primero.
La pregunta es:
¿Quién está orando?
¿Quién está ayudando?
¿Quién está dando esperanza?
¿Quién está dispuesto a cargar el peso del que hoy está sufriendo?
Porque al final, el mundo no recordará quién acertó una predicción. Recordará quién estuvo presente cuando más lo necesitaban.
Que nuestra fe no se convierta en espectáculo.
Que nuestra voz no se levante para ganar razón, sino para consolar. Que nuestras manos no estén ocupadas señalando, sino sirviendo.
Que si vamos a hablar en medio del dolor, sea para traer esperanza, no para alimentar orgullo espiritual. Porque donde hay dolor, la Iglesia no está llamada a presumir revelación. Está llamada a parecerse a Cristo.
“Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.” (Romanos 12:15)
Por ultimo quiero pedirle algo a la iglesia.
Si de verdad te duele lo que hoy está viviendo ese pueblo, no permitas que tu primera reacción sea compartir una profecía para demostrar que alguien tenía razón. Haz una oración. Si tienes la oportunidad, extiende tu mano y ayuda. Si conoces a alguien que está sufriendo, acompáñalo.
Y si no puedes hacer nada más, al menos no olvides que detrás de cada noticia hay personas reales, familias reales y corazones rotos que hoy necesitan más compasión que explicaciones. Que cuando Dios mire a Su Iglesia en medio de la tragedia, nos encuentre haciendo lo que Jesús siempre hizo: amar, servir y estar presentes.
Y recuerda: La Iglesia no fue llamada a presumir revelación. Fue llamada a representar a Cristo.
De mi 🫶🏼corazón al tuyo💕
Soniamarie Lugo