18/12/2025
Villa La Palmera: la dignidad no se esconde
Tras más de 20 años de espera, las familias de Villa La Palmera están a horas de recibir sus viviendas. Una historia marcada por la perseverancia social, el liderazgo comunitario y una verdad incómoda: el proyecto nunca estuvo perdido, solo fue ocultado.
Villa La Palmera demuestra que los proyectos sociales no fracasan por falta de familias organizadas, sino por ausencia de voluntad política. Cuando esta aparece, incluso lo que fue escondido termina saliendo a la luz.
La entrega de las viviendas de Villa La Palmera no es solo una buena noticia para Coelemu. Es, también, una interpelación directa a la forma en que el Estado y la política enfrentan —o postergan— las legítimas demandas sociales.
Durante más de dos décadas, las familias de este comité esperaron lo que para cualquier persona debería ser un derecho básico: un hogar. En ese extenso camino hubo trámites interminables, explicaciones difusas y un relato instalado que señalaba que el proyecto simplemente se había perdido en la burocracia. Pero la realidad, como hoy se sabe, era otra.
Cuando el proyecto comenzó a gestionarse con decisión, con el impulso del alcalde Alejandro Pedreros y el respaldo del diputado Frank Sauerbaum, se descubrió que en el Serviu el expediente no estaba extraviado. Según se comentaba en la propia institucionalidad, el proyecto había sido deliberadamente ocultado, impidiendo su avance y postergando por años el sueño de cientos de familias.
Este punto marca uno de los episodios más reveladores de la historia del comité. El diputado Sauerbaum debió intervenir directamente ante el entonces ministro de Vivienda, Felipe Ward, quien —en una anécdota ya conocida por quienes vivieron el proceso— golpeó la mesa y exigió que el proyecto apareciera. Y apareció. Con ello, quedó en evidencia que el principal obstáculo no era técnico ni financiero, sino político.
Nada de esto habría sido posible sin la fortaleza interna del comité y el liderazgo sostenido durante años por María Angélica Cuitiño, la “Kelly”, quien junto a la directiva y las familias mantuvo viva la organización incluso cuando el cansancio y la frustración parecían imponerse.
Villa La Palmera es un ejemplo concreto de que la transversalidad no es un concepto vacío cuando se ejerce con convicción. El trabajo conjunto del alcalde Pedreros y el diputado Sauerbaum demuestra que cuando se deja de lado la pequeñez política y se prioriza a las personas, los resultados llegan.
Hoy, con las casas listas para ser entregadas, aparecen voces que intentan adjudicarse méritos de última hora.
Pero la historia es clara y no admite reinterpretaciones convenientes: este logro pertenece a las familias, a su organización y a quienes asumieron la responsabilidad de destrabar un proyecto que nunca debió ser escondido.
Villa La Palmera no es solo un conjunto habitacional. Es un recordatorio de que la dignidad puede tardar, pero no se rinde. Y que, tarde o temprano, la verdad termina por abrirse paso.
Fuente: Christian Placencia Muñoz