15/09/2026
EDITORIAL | ELEVEMOS LA DISCUSIÓN
Lo ocurrido en la sesión del Concejo Municipal, durante la discusión relacionada con una carta de descargo presentada por el encargado del Programa de Empleabilidad, dejó en evidencia un preocupante nivel de confrontación entre los concejales Nelson Pizarro y Juan Castillo.
Según consta en la sesión, el concejal Juan Castillo cuestionó la labor del encargado del programa, señalando, entre otros aspectos, que habría llevado trabajadores a realizar labores en un cementerio. Durante la misma discusión, esa afirmación fue controvertida, señalándose que los trabajadores habrían realizado labores en un canal ubicado al costado del cementerio.
Posteriormente, el intercambio entre ambos concejales derivó hacia un supuesto vínculo familiar entre el funcionario y Nelson Pizarro. Castillo sostuvo que Pizarro le habría señalado que llegaría un familiar suyo al programa. Pizarro rechazó que aquello implicara alguna influencia en la contratación y explicó que utiliza expresiones como “primo”, “tío” o “tía” de manera coloquial.
A partir de ahí, la discusión subió de tono.
Hubo cuestionamientos personales, referencias a las trayectorias políticas de ambos, acusaciones de falta de respeto y llamados reiterados a mantener el orden. El propio desarrollo de la sesión muestra que el debate terminó desplazándose desde el fondo de la materia hacia un enfrentamiento directo entre los dos concejales.
Y aquí creemos que corresponde hacer una crítica.
El Concejo Municipal no es un ring.
Nelson Pizarro y Juan Castillo tienen todo el derecho a discrepar. También tienen el deber de fiscalizar y cuestionar aquello que consideren necesario.
Pero la ciudadanía espera que esas diferencias se traduzcan en antecedentes, argumentos, fiscalización y respuestas, no en una disputa personal.
Si existen irregularidades en el Programa de Empleabilidad, que se investiguen.
Si existen responsabilidades, que se establezcan.
Si las acusaciones no tienen sustento, que se aclare.
Pero que sean los antecedentes y los hechos los que determinen las conclusiones.
ELEVEMOS LA DISCUSIÓN
Este episodio debería servir para algo más que alimentar una nueva disputa política.
Debería ser una oportunidad para recordar que quienes integran el Concejo Municipal representan a toda una comunidad.
No están ahí para enfrentarse entre ellos. Están ahí para enfrentar los problemas de Combarbalá.
La ciudadanía tiene derecho a exigir una fiscalización firme, pero también seria.
Tiene derecho a escuchar críticas, pero sustentadas.
Tiene derecho a conocer los descargos, pero también los antecedentes.
Y, sobre todo, tiene derecho a esperar de sus autoridades altura de miras.
Porque se puede discrepar sin descalificar.
Se puede fiscalizar sin atacar.
Se puede defender una posición sin convertir al adversario en enemigo.
Combarbalá necesita menos enfrentamiento personal y más debate de ideas. Menos reproches y más antecedentes. Menos espectáculo y más trabajo.