23/12/2025
¿En qué momento de nuestra vida nos volvimos tan violentos sin darnos cuenta?
No siempre violentamos con golpes, sino con palabras, silencios, miradas, desprecios… con esa actitud que hiere más profundamente que cualquier acto físico violento.
Dicen que somos el reflejo de nuestra crianza, de lo que vimos, de lo que nos enseñaron y también de lo que nunca nos enseñaron "a sanar" . Patrones que heredamos de nuestros padres o entorno cercano, conductas que repetimos inconscientemente casi en automático. A veces cargamos tanto odio, rencor o resentimiento acumulado que terminamos descargando en quien menos culpa tiene o quien se atreve a cuestionarnos: los demás.
¿Nos hemos detenido a pensar cuánta prepotencia hay en nuestros actos?, cuánta soberbia o altivez se necesita para hacer sentir mal a otro y aun así convencernos de que solo nosotros estamos “haciendo lo correcto”? Y más grave: ¡Tenemos la verdad absoluta!
¿Qué tan fácil es señalar afuera sin mirar hacia adentro?
¿Qué tan cómodo resulta justificar nuestras reacciones antes que reconocer el daño que causamos?
La verdadera valentía no está en imponer, humillar o lastimar, sino en auto percibirnos, cuestionarnos y aceptar que quizá somos parte principal del problema. Porque mientras no seamos capaces de reconocer nuestra propia violencia mental, emocional o física, seguiremos repitiendo ciclos que lastiman, nos hacen sentir vacios y nos alejan de lo humano.
Tal vez el cambio empieza cuando somos capaces de reconocer que somos violentos, que algo muy dentro de nosotros nos motiva a actuar así…, luego empezamos a reconocer y cuestionarnos a quién estamos hiriendo hoy.
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