26/02/2026
Un chico llamado Chris Mburu estaba a punto de perderlo todo en la década de 1970, por la falta de recursos.
Él era el estudiante más brillante de su escuela, pero la pobreza extrema de su familia impedía que Chris asistirá a la escuela.
Sin zapatos, sin electricidad y sin dinero para pagar la matrícula escolar, su futuro estaba lejos de las aulas, y estaba siendo sentenciado a recolectar café en los campos por unos pocos centavos al día.
A siete mil kilómetros de distancia de Chris, una maestra de jardín de niños rellenó un formulario de patrocinio y envió un cheque por una suma que para ella era modesta, apenas unos 15 dólares trimestrales, para apoyar el estudio de un niño anónimo en África.
Gracias a ese pequeño papel bancario fue lo que mantuvo a Chris de nuevo en la escuela.
Esos cheques trimestrales le permitieron completar su educación básica y secundaria. Mburu no solo se graduó, también obtuvo una licenciatura en Derecho en la Universidad de Nairobi y, posteriormente, una beca Fulbright para la Facultad de Derecho de Harvard.
Chris Mburu no solo se graduó de la secundaria, sino que llegó a la Universidad de Nairobi y posteriormente cruzó el océano para titularse en la Facultad de Derecho de Harvard.
Con el tiempo el niño se convirtió en un fiscal de alto nivel de las Naciones Unidas, dedicando su carrera profesional a juzgar y prevenir genocidios y crímenes contra la humanidad en todo el mundo.
Años después de alcanzar el éxito, Chris decidió que era hora de buscar a la persona que había hecho posible toda su carrera. En su mente, imaginaba a una benefactora adinerada, quizás una diplomática o una heredera de una gran fortuna sueca.
Cuando finalmente la localizó a Hilde Back en la ciudad de Västerås, se llevó la primera gran sorpresa.
Hilde era una mujer de 80 años que vivía en un apartamento humilde, llevaba una vida sencilla y apenas podía recordar aquellos cheques que para ella habían sido un pequeño gesto de solidaridad.
Fue entonces cuando la historia reveló que Hilde guardaba un secreto doloroso que nunca había mencionado en sus cartas.
Hilde Back no era sueca de nacimiento. Era una niña judía alemana que en 1939 había tenido que huir sola a Suecia para escapar del régimen.
Ella logró sobrevivir, pero sus padres no corrieron con la misma suerte. Una superviviente del Holocausto había salvado a un defensor de los derechos humanos sin saberlo.
Hoy, el legado de esos 15 dólares continúa vivo a través de la Fundación Hilde Back, creada por Chris no solo para honrarla, sino para asegurar que otros niños brillantes y con talento en varias áreas, reciban la misma oportunidad que él tuvo gracias a la bondad de una extraña.
A veces, compartir lo poco que tenemos sin esperar aplausos, ni reconocimiento, puede cambiar la vida de un persona.
Como bien escribió Eduardo Galeano: "Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo". Quizás tu pequeña acción de hoy sea el milagro que alguien más está esperando.
✅️ Fuentes: United Nations Human Rights Office. Chris Mburu Biography.