05/05/2026
Mi mamá al igual que yo al principio también pensó que esto era de locos, que sólo era religión, que no necesitaba ir a una iglesia.
Pero hoy le gusta ir a la iglesia, no por requisito, sino porque entendió que aunque la iglesia no es un lugar físico, sino que la iglesia somos quienes la conforman, aún así comprendió que a través de disponer ese tiempo como una cita para Dios, un momento donde dejamos todo el trajín del día a día para escuchar la palabra de Dios, así nos fortalecemos en el proceso y no de religión, sino de relación con Dios.
Esta relación no se queda en cada domingo que asistimos, sino que trasciende a nuestra forma de vida.
La iglesia es un hospital para imperfectos, no un museo para santos.