15/07/2025
Amada familia en la fe, hoy quiero hablarte con toda sinceridad, como lo haría una madre espiritual que ha caminado por valles oscuros, por noches largas, por silencios prolongados… y que ha aprendido, no por teoría, sino por experiencia, que el miedo no siempre se va, pero la fe siempre puede levantarse por encima de él.
Muchos piensan que ser cristiano significa no temer. Que tener fe es sinónimo de no sentir ansiedad, de no tener dudas, de no llorar. Pero déjame decirte algo con amor: eso no es fe, eso es negación. La fe no borra nuestras emociones, las redime. No es que el temor desaparezca… es que decidimos creerle a Dios aun cuando el temor esté presente.
La Biblia está llena de hombres y mujeres valientes, sí… pero no porque no tuvieron miedo, sino porque eligieron creer en Dios por encima del miedo.
David dijo:
“En el día que temo, yo en ti confío.”
— Salmo 56:3 (RVR1960)
¡Qué revelación tan hermosa! David no dijo “cuando no tengo miedo”, sino “cuando temo”. Es decir, hay momentos en los que el miedo es real, legítimo, humano… pero aún entonces, él eligió confiar.
¿Y tú? ¿Estás en una temporada donde el temor ha tocado la puerta de tu mente? Tal vez estás esperando un resultado médico. Tal vez el futuro económico de tu familia es incierto. Tal vez estás viendo cómo un ser querido se aleja del Señor. Y todo eso genera temor. Yo lo sé. Yo también he estado ahí.
Recuerdo una noche en particular donde el miedo me robaba el sueño. Mi mente no paraba de imaginar lo peor. Pero me levanté, abrí la Palabra, y con voz entrecortada dije: “Señor, tengo miedo, pero hoy decido confiar. Hoy no gobierna el temor… gobiernas Tú.” Y fue en ese momento, no cuando desapareció el miedo, sino cuando elegí la fe por encima de él, que la paz comenzó a llenar mi corazón.
Amada alma: sentir miedo no te hace menos espiritual. Lo que verdaderamente marca la diferencia es lo que decides hacer cuando el miedo aparece. Puedes dejar que gobierne tus pensamientos… o puedes llevar esos pensamientos cautivos a la obediencia de Cristo (2 Corintios 10:5), y declarar: “Señor, aun con miedo, confío en Ti.”
Oremos juntas:
Señor, en este día reconozco mis temores. No quiero esconderlos, quiero entregártelos. Ayúdame a levantar una fe que no dependa de cómo me siento, sino de quién eres Tú. Aunque el miedo intente gobernar mi mente, yo declaro que Tú reinas en mi corazón. Amén.
Y recuerda siempre: la fe no es la ausencia de miedo, es la valentía de confiar en medio del miedo, sabiendo que el Dios que te prometió, no te dejará.