17/09/2026
En la asamblea levanté la mano en contra y perdimos siete a tres.
Quedó por escrito: los animales no suben al ascensor. Que por la higiene, que por los pelos, que hay gente alérgica. Nadie dijo que en el octavo vive doña Nohemí, que tiene setenta y nueve años y la cadera operada hace dos.
Ella no peleó. Al otro día la vi arrancar por las escaleras con el Tobías, y desde entonces no ha vuelto a pararse frente al ascensor.
Se demoran como veinte minutos. Suben un tramo, ella se agarra del pasamanos con las dos manos y se sienta en el descanso a coger aire. El perrito se sienta pegadito a ella y espera. No se le adelanta ni un escalón. Cuando ella se para, él se para.
Yo le he dicho que me lo deje subir a mí, que se lo llevo hasta la puerta. Ella me dice que no, que si suben, suben los dos.
La semana pasada la puerta del ascensor se abrió justo cuando ellos iban pasando. El Tobías se quedó mirando para adentro y siguió derecho detrás de ella.
Mañana vuelvo a pedir que eso se revise. 🥺
Y mientras tanto, a las seis, me hago el que voy saliendo para acompañarlos hasta el octavo.