15/09/2026
¿Quién deja de tomarse una foto para el registro de un documental del lugar donde trabaja para ir por un libro a la biblioteca más hermosa de la ciudad?
Sí, ese soy yo. Ese que prefiere un libro en vez de una foto para publicar en redes sociales. A pesar de los ruegos: cancele esa moto, no te vayas porque ya pidieron el almuerzo y no demora en llegar.
Ese “yo” que tenía un plan y lo cumplió. Ese yo fiel a sus convicciones, a sus deseos, a los deseos propios y no impuestos:
—Y ¿por qué no lo compras?
—Porque no tengo el dinero para comprarlo.
—Hay libros de segunda.
—Sí, yo sé pero no encuentro el libro que quiero leer. Bueno, es posible que lo encuentre pero puede que encontrarlo demore un poco más.
Ese yo que se sintió apartado cuando vio la foto publicada en redes sociales.
Ese yo que observó al otro yo que se sintió apartado para entenderse, para conocerse, para saberse humano y para saberse vivo.
Ese mismo “yo” observador y ese yo apartado que están delante del pc escribiendo esto, ayudando a ese otro yo que gusta de escribir y tampoco para de leer, seguir aprendiendo cómo escribir. Ese mismo yo que salió de su lugar de trabajo, que se negó a tomarse la foto y fue por el libro que escuchó es bueno y que sin duda quiere leer, el yo que no se equivocó cuando leyó el primer cuento del libro que pidió prestado a la biblioteca más hermosa de la ciudad.
Todos esos yoes están dentro de mí y todos esos yoes soy yo. Son temporadas distintas, son climas distintos, son plantas del mismo jardín pero todas ellas distintas. Se alimentan del mismo sol pero crecen distinto, crecen flores distintas.
Yoes que representan contradicciones.
Yoes que demuestran movimiento.
Yoes negándose a la quietud, a la inactividad, yoes que desconciertan el cuerpo, la mente, yoes peleando por el control del cuerpo, yoes que siempre fallan en controlar. Pues es que no hay nada que controlar, no hay nada que ganar, no hay ningún trofeo que alzar. Y esta revelación es magia, esta revelación es la vida.