12/07/2025
COLUMNA DE OPINIÓN
Colombia atrapada entre la poliarquía y el populismo: un laberinto político sin salida
En Colombia, votamos cada cuatro años. Elegimos presidente, Congreso, gobernadores, alcaldes. Tenemos cortes, contralorías, defensorías, comisiones, consejos. En el papel, somos una democracia vibrante. Pero en la práctica, muchos ciudadanos sienten que su voz no cuenta. ¿Por qué?
Robert Dahl lo llamaría poliarquía: un sistema que combina participación electoral e instituciones competitivas, pero que no garantiza por sí mismo un gobierno para el pueblo. En otras palabras, tenemos reglas democráticas, pero no necesariamente resultados democráticos.
El Congreso, por ejemplo, tiene representación territorial, étnica y sectorial. Pero ¿cuánto representa realmente a los jóvenes desempleados, a los campesinos sin tierra, a las mujeres que crían solas a sus hijos? Las decisiones se toman lejos de la calle, negociadas entre élites partidistas que rotan en el poder pero no en los métodos.
Esa desconexión abre la puerta al populismo, que según Cas Mudde es una ideología “delgada” que divide al mundo entre un pueblo puro y una élite corrupta. En Colombia, tanto desde la izquierda como desde la derecha hemos visto líderes que prometen barrer con el pasado, romper el cerco de la corrupción y gobernar directamente “para el pueblo”. Pero al llegar al poder, muchos terminan atrapados en la misma maquinaria que criticaban: cooptados por intereses, por gobernabilidad o simplemente por las limitaciones estructurales del Estado.
El resultado: frustración.
Frustración que se siente en las calles —como vimos en el paro de 2021—, en las urnas —con cada vez más voto de castigo— y en las redes sociales —donde la polarización reemplaza al diálogo.
Si queremos salir de este laberinto, necesitamos algo más que nuevas elecciones o caras frescas. Necesitamos más gobernanza y menos espectáculo: procesos participativos reales, rendición de cuentas horizontal y vertical, y políticas públicas que no solo estén bien diseñadas, sino bien implementadas.
Porque en una democracia, votar no debería ser el único momento en que la gente sienta que tiene poder.
El verdadero desafío de Colombia no es elegir entre poliarquía o populismo: es transformar ambas para acercarnos, de verdad, a la democracia.
¿Qué opinas tú? ¿Estamos atrapados en este juego o hay salidas posibles?
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