18/03/2026
ECOS/La madrina rompe el silencio y se desata una tormenta de rayos y centellas.
EL FENÓMENO DEL NIÑO: ¿TRAICIÓN A MIGUELITO?
A la derrota en las pasadas elecciones a Congreso de “El Ratón” (de biblioteca), Miguelito Montes Curi, no la han dejado descansar en paz.
Jackeline Perea, a quien le encomendaron el destino del heredero de los Montes Curi, acaba de publicar un video que prácticamente anticipó el Fenómeno del Niño en Cartagena, ese mismo que ya los meteorólogos venían anunciando.
El de Perea es el fenómeno del Niño en versión política, con truenos, relámpagos y uno que otro rayo dirigido con puntería quirúrgica, y varios han caído sobre un Niño no tan niño.
Ella, sin pelos en la lengua, dijo que, según su versión, el exrepresentante del Partido Conservador a la Cámara y exconcejal Fernando Niño sería en parte responsable de la debacle que sufrió el nieto del fallecido exalcalde Nicolás Curi, un liberal de la vieja guardia. Habló de traición.
Dijo, palabras más, palabras menos, que Niño jugó sucio. Y que los votos, en vez de dárselos al niño Montes Curi, terminaron en manos del camarada Amaury Julio, quien ni en sus cuentas más optimistas imaginaba llegar a la Cámara con una comelona de votos como la que obtuvo. Votos que le han ido saliendo dueños: antes en la consulta del Pacto Histórico y ahora en las votaciones del pasado 8 de marzo.
Perea, para anunciar este bombazo, se fue de sombrero y lentes de diva, al mejor estilo de estrella de Hollywood..
Pero la verdad es que estaba pasando el tiempo y ella tal vez pensó que no podía quedarse con esa. Una derrota de esa envergadura —después de dar tanta chapa y predecir una victoria aplastante—, para alguien que quiere la Alcaldía, es un golpe duro.
Sobre todo porque Perea se está preparando integralmente para ese sueño, física y mentalmente. Para su figura, por ejemplo, algunos comentan —con la malicia propia de la política— que le han recomendado excluir de su dieta la bienestarina, porque, aseguran, le hace daño y contribuye a subir kilitos de más.
De manera que el video-misil cayó sobre Niño sin contemplaciones. Según la hada madrina de Miguelito, aquí hubo gato encerrado.
En su video dijo: “el desleal número uno, una verdad de a puño que no quisimos ver pese a que todos nos lo decían, pero bueno, era tan buen jugador de ajedrez que no le importaba mostrarse en nuestra campaña como una persona muy comprometida cuando sabíamos que Fernando Niño estaba con el candidato del Pacto. Igual él era el artifice de esa candidatura (del Pacto)”.
Pero ¿quién es este Niño al que Perea le quiere cargar parte de la derrota de Miguelito?
Pues Fernando Niño no es ningún improvisado. Fue concejal de Cartagena y luego representante a la Cámara, impulsado en su momento por las huestes del Partido Conservador y con el respaldo de sectores tradicionales que lo veían como ficha clave en el ajedrez electoral de Bolívar. Un hombre de estructura, de maquinaria aceitada y de contactos que no se consiguen en la tienda de la esquina.
Sin embargo, este año como que cayó en desgracia. Y ahí es donde empieza el novelón. Porque puertas adentro del conservatismo se hablaba sobre roces con los jefes azules, desacuerdos e inconformidades.
Algunos decían que no le dieron garantías. Otros, que no quiso medirse sin el control total del tablero. Y ahora sobre él recae la acusación de Perea: que sus votos cogieron otro rumbo.
Ahí es donde el cuento se puso bueno porque, deja entrever Perea, Niño hizo la jugadita porque va a ser en un tiempo el candidato a la Alcaldía por parte del Pacto, según ella.
Mientras tanto, Miguelito, el heredero, quedó viendo un chispero, con la biblioteca llena de libros para leer, pero las urnas vacías.
El Fenómeno del Niño vislumbra tormentas internas en el conservatismo cartagenero. Y la hada madrina, lejos de apagar el incendio, le echó gasolina premium.
Porque en esta historia, como en los cuentos de hadas, los personajes no son lo que parecen: hay niños que no son tan niños, madrinas que no conceden deseos sino que lanzan hipótesis incómodas, y votos que, como el viento, nadie sabe exactamente para dónde cogen.