08/08/2025
LA MORGUE DE LOS SUSURROS TENEBROSOS
Mi primer trabajo después de terminar la universidad fue en la morgue del hospital local. Necesitaba el dinero, y aunque el ambiente era un poco tétrico, la rutina parecía sencilla y predecible. Al principio, lo fue. Recibir los cuerpos, registrarlos, prepararlos para la autopsia o la entrega a las funerarias... un trabajo frío, pero necesario.
Trabajaba en el turno de noche, a menudo solo. El silencio era denso, solo interrumpido por el zumbido de los refrigeradores y el eco de mis propios pasos en los pasillos de azulejos. Al principio, este silencio me resultaba inquietante, pero con el tiempo me acostumbré. O eso creía.
Las cosas comenzaron a cambiar gradualmente. Pequeños incidentes al principio, que podía atribuir a mi imaginación o al cansancio. Una puerta que se cerraba sola, un escalofrío repentino sin motivo aparente, la sensación de que alguien me observaba desde la oscuridad.
Una noche, mientras completaba un informe, escuché un ruido proveniente de una de las cámaras frigoríficas. Era un sonido suave, como un gemido apagado. Al principio, pensé que era el sistema de refrigeración, pero el sonido se repitió, esta vez más claro, más parecido a un lamento.
Con el corazón latiéndome con fuerza, me acerqué a la cámara de donde provenía el sonido. La temperatura era gélida al tocar la puerta de metal. Dudé por un momento, preguntándome si debía abrirla. La razón me decía que era imposible que un cuerpo hiciera ruido, pero el lamento que había escuchado era demasiado real.
Finalmente, reuní valor y abrí la puerta. La luz fría del interior iluminó las camillas metálicas. Todas estaban ocupadas, cubiertas con sábanas blancas. El aire era denso y olía a formol y a algo más... algo indefinible, pero perturbador.
El silencio volvió a reinar. No había nada fuera de lo normal. Me sentí ridículo por haberme asustado así. Cerré la puerta y volví a mi trabajo, intentando olvidar el incidente.
Pero los ruidos continuaron. Cada noche, se volvían más frecuentes, más intensos. Gemidos, susurros, incluso lo que parecían ser golpes débiles provenientes del interior de las cámaras. Empecé a evitar entrar solo a las áreas refrigeradas, buscando excusas para quedarme en mi oficina.
Una noche, tuve que identificar un cuerpo recién llegado. El fallecido era un hombre mayor, y no había familiares presentes. Tuve que llevarlo a la sala de autopsias para tomar algunas fotografías y muestras. Mientras lo movía de la camilla, su mano cayó a un lado, y sus dedos rozaron mi piel. Estaban helados, por supuesto, pero sentí algo más: una ligera presión, como si me estuviera agarrando.
Me aparté bruscamente, el corazón latiéndome con fuerza. Miré la mano del difunto. Estaba inmóvil. Intenté convencerme de que había sido mi imaginación, pero la sensación de ese toque frío y débil persistía en mi piel.
A partir de esa noche, las cosas empeoraron drásticamente. Empecé a ver sombras moviéndose en los pasillos cuando no había nadie más. Escuchaba pasos detrás de mí, aunque al girarme no veía a nadie. Una noche, mientras estaba solo en la sala principal, todas las luces se apagaron de repente, sumiéndome en una oscuridad total y helada. Y entonces los escuché: los lamentos, los susurros, los golpes... todos al mismo tiempo, rodeándome, como si las paredes de la morgue estuvieran llenas de almas en pena.
Logré restablecer la electricidad, temblando de miedo. Nunca supe qué había pasado. Al día siguiente, renuncié. No podía seguir trabajando en un lugar donde sentía que la muerte no era un final, sino una presencia activa y atormentada.
Desde entonces, he tenido pesadillas recurrentes con pasillos fríos y camillas metálicas. Todavía siento el roce helado de esa mano en mi piel y escucho los lamentos silenciosos que parecían provenir de las profundidades de la morgue. Sé que los secretos de ese lugar helado permanecen allí, atrapados entre las paredes y los cuerpos inertes, esperando a ser escuchados por alguien lo suficientemente desafortunado como para prestar atención.
ADAPTADO POR ☠️ BRYANS RODRÍGUEZ 🎃