Una leona que ruje

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29/09/2025

Un palacio puede impresionar por fuera, pero si Dios no está allí, se convierte en un lugar vacío. En cambio, una casa sencilla, pero llena de la gloria y la paz del Señor, se convierte en el lugar más hermoso y seguro del mundo.

Me recuerda al Salmo 84:10:

“Mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos; escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.”

Pastores raimond Sánchez y Kelly cuentas

27/09/2025

Por favor siga mi página Una leona que ruje Angela Gissell Polo

24/09/2025

Cuando entregas algo a Dios, nunca lo pierdes. Él lo transforma, lo multiplica o lo guarda en su perfecto tiempo. Pero si después de darlo reniegas, el que se priva de la bendición eres tú, no Dios. El Señor no necesita lo que tenemos, pero en su amor nos da la oportunidad de sembrar para cosechar eternidad.
Recuerda: lo que se entrega con gratitud sube como ofrenda, pero lo que se entrega con queja se convierte en pérdida personal.

Pastores raimond Sánchez y Kelly cuentas de Sánchez

22/09/2025

LOS QUE CLAVAN EL AGUIJÓN TERMINAN MURIENDO POR ÉL

Félix Rodríguez hablaba de las abejas. Pero en realidad, estaba hablándonos a todos.

Contó que cuando una abeja clava su aguijón en la piel de un humano, no sale ilesa. Lo deja ahí, incrustado. Y al intentar escapar, arranca parte de sí misma. Órganos, entrañas, vida. Ese gesto de defensa o ataque le cuesta caro: le cuesta la muerte.

Y entonces, hizo el paralelismo que nadie esperaba:
—Los humanos también tenemos aguijones. Solo que no siempre son visibles.

Hay personas que viven sembrando veneno.
Que se alimentan del conflicto.
Que esparcen rumores, que instalan dudas, que clavan palabras como si fueran cuchillas.
Y sí, a veces hacen daño.
A veces logran romperle el día a alguien, apagar una sonrisa, ensuciar una conversación.

Pero lo que no ven —o no quieren ver—
es que ese acto también se queda dentro de ellos.
Que no se puede caminar con odio sin envenenarse los pies.
Que nadie sale ileso de vivir repartiendo sombra.

Los que dañan, se dañan.
Los que envenenan, se tragan el veneno.
Los que viven con el aguijón en la mano… terminan atravesados por él.

Por eso Félix lo dijo claro:
No te dejes arrastrar. Sigue haciendo el bien. Incluso cuando duela. Incluso cuando parezca que nadie lo nota.

Porque la oscuridad se propaga rápido,
pero no tiene raíz.
Y quienes viven en ella… acaban por ser consumidos.

Y sí, tropezamos. A veces más de una vez.
Porque somos humanos.
Porque, a diferencia del resto de los animales, nosotros tenemos el privilegio —y el peso— de preguntarnos por qué.

Por qué me dejé llevar.
Por qué devolví el golpe.
Por qué callé cuando debía hablar.
O por qué hablé cuando era mejor el silencio.

Y ese “por qué” es lo que nos da la posibilidad de cambiar.

Así que la próxima vez que alguien intente clavarte un aguijón, recuerda esto:
no devuelvas la picadura.
No cargues con lo que no es tuyo.
Deja que el otro suelte su veneno… tú suéltalo todo.

Y sigue.
Más ligero.
Más limpio.
Más tuyo.

Porque los que viven para dañar… no sobreviven a sí mismos.


16/09/2025

Una leona que ruje Angela Gissell Polo

08/09/2025
08/09/2025

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04/09/2025

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