05/05/2026
Al hombre le metieron en la cabeza que su valor está en proveer… pero nadie le habló del costo de eso.
Y a la mujer le vendieron la idea de que “tiene la energía masculina elevada”…
sin entender que muchas veces eso no es poder, es defensa.
Es dolor no resuelto intentando sobrevivir.
Y ahí empieza el caos.
Dos personas actuando desde la herida…
creyendo que están despiertas.
En este camino he aprendido algo incómodo:
abrir el corazón no es solo mostrar luz…
es tener los huevos de mostrar la oscuridad.
Porque somos eso.
Perfectamente imperfectos.
Benditos extremos de la vida…
porque es ahí donde uno se conoce de verdad.
Yo también me perdí.
Me creí el cuento del “hombre proveedor”.
Me obsesioné con el dinero.
Con construir, con demostrar, con convertirme en ese hombre que “sí puede”…
para que ella pudiera estar en su femenino…
y yo sentir que estaba creciendo.
Vaya trampa.
Porque incluso en la conciencia uno se pierde…
creyendo que lo está haciendo extraordinario,
cuando en realidad sigue huyendo, pero ahora con palabras más bonitas.
Y la vida…
la vida siempre cobra.
Me llegó otra factura.
Y esta vez con fecha de corte.
Me empujó de nuevo al abismo…
ese lugar que tanto incomoda,
pero que, si eres honesto, sabes que amas…
porque ahí es donde te ves sin mascaras.
Ahí entiendes de qué estás hecho.
Y cuando caí…
recordé algo que ya sabía, pero había olvidado:
No tenía que demostrar nada.
Mi valor nunca estuvo afuera.
Nunca estuvo en lo que podía dar, mostrar o construir.
Mi valor está en eso que no se ve…
pero que se siente.
En lo que generas en otros.
En la paz que das.
En el lugar seguro en el que te conviertes.
Y volví.
Volví a mi centro.
Volví a mí.
Volví a mi fuego.
Porque estaba intentando sostener una versión que pesaba…
una versión creada para demostrar.
Y eso…
eso nunca se sostiene.
Ahí entendí algo clave sobre las energías:
Lo masculino sano no es solo proveer.
Es dirección, presencia, estructura, verdad.
Es sostenerse incluso cuando todo tiembla.
Y lo femenino sano no es debilidad.
Es apertura, sentir, intuición, entrega.
Es permitir, recibir, nutrir.
Y desde ahí, voy a tomar su mano, desde un espacio seguro! Desde cero 🧡