01/12/2025
| 𝐃𝐢́𝐚 𝐬𝐢𝐧 𝐜𝐚𝐫𝐫𝐨 𝐞𝐧 𝐅𝐮𝐬𝐚𝐠𝐚𝐬𝐮𝐠𝐚́: 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐝𝐚 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐚𝐫𝐢𝐚… 𝐦𝐚𝐥 𝐞𝐣𝐞𝐜𝐮𝐭𝐚𝐝𝐚
, ,
Fusagasugá volvió a vivir otra jornada del llamado 𝐃𝐢́𝐚 𝐬𝐢𝐧 𝐜𝐚𝐫𝐫𝐨 𝐲 𝐬𝐢𝐧 𝐦𝐨𝐭𝐨, una política que, en teoría, busca mejorar la calidad del aire y promover formas de movilidad más sostenibles. Pero en la práctica —y hay que decirlo sin rodeos— terminó convertida en una 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐝𝐚 𝐢𝐦𝐩𝐫𝐨𝐯𝐢𝐬𝐚𝐝𝐚, 𝐩𝐮𝐧𝐢𝐭𝐢𝐯𝐚 𝐲 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐮𝐧𝐝𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐨𝐧𝐞𝐫𝐨𝐬𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐜𝐨𝐦𝐞𝐫𝐜𝐢𝐨 𝐥𝐨𝐜𝐚𝐥.
No es la primera vez que ocurre. Y, si no se corrige el rumbo, tampoco será la última.
𝐔𝐧𝐚 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐚 𝐢𝐝𝐞𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐞𝐫𝐭𝐢𝐝𝐚 𝐞𝐧 𝐮𝐧 𝐦𝐚𝐥 𝐦𝐞𝐧𝐬𝐚𝐣𝐞
El día sin carro es una herramienta pedagógica válida. Ciudades grandes y medianas la usan para promover el uso de la bicicleta, visibilizar el espacio público y generar reflexiones sobre la contaminación.
Pero en Fusagasugá el mensaje que recibió la ciudadanía fue otro: 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐞𝐧𝐝𝐨𝐬, 𝐠𝐫𝐮́𝐚𝐬, 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐲 𝐜𝐨𝐦𝐞𝐫𝐜𝐢𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐣𝐮𝐝𝐢𝐜𝐚𝐝𝐨𝐬.
Una medida ambiental no puede convertirse en una emboscada para sancionar a quienes —por falta de comunicación adecuada— no se enteraron del decreto. El control es necesario, sí; pero la pedagogía lo es aún más cuando se trata de políticas que afectan la movilidad de toda una ciudad.
𝐋𝐚 𝐚𝐟𝐞𝐜𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐚𝐥 𝐜𝐨𝐦𝐞𝐫𝐜𝐢𝐨: 𝐮𝐧 𝐝𝐚𝐧̃𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐦𝐢𝐝𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨
Mientras otros municipios preparan estrategias conjuntas con Cámara de Comercio, definen zonas de cargue y descargue, ofrecen alternativas de transporte y hasta apoyos promocionales al comercio, en Fusagasugá la jornada llegó como un baldado de agua fría para los comerciantes.
Las ventas cayeron. La logística de reparto se frenó. Los distribuidores no pudieron cumplir rutas. Y miles de microempresas, que dependen del movimiento diario, asumieron un impacto que 𝐧𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐡𝐚 𝐜𝐚𝐥𝐜𝐮𝐥𝐚𝐝𝐨 y que la administración ni siquiera reconoce públicamente.
La defensa del ambiente no debe significar el sacrificio ciego del comercio.
¿𝐘 𝐞𝐥 𝐢𝐦𝐩𝐚𝐜𝐭𝐨 𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞𝐧𝐭𝐚𝐥 𝐫𝐞𝐚𝐥? 𝐍𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐥𝐨 𝐞𝐱𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚
Quizá lo más preocupante es que Fusagasugá 𝐧𝐨 𝐦𝐢𝐝𝐞 —o no publica— los indicadores de calidad del aire antes, durante y después de la jornada. Así, ¿cómo saber si la medida realmente funcionó?
En Bogotá, por ejemplo, las autoridades explican claramente cuánto bajaron las emisiones, qué contaminantes se redujeron y cómo se comportó la movilidad. Aquí, en cambio, la jornada parece más un acto de fe que una política pública sustentada en evidencia.
Si el impacto ambiental es mínimo, simbólico o nulo —como han demostrado estudios en otras ciudades— la comunidad tiene derecho a saberlo.
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐝𝐞𝐫𝐫𝐨𝐭𝐚 𝐚𝐥 𝐟𝐨𝐧𝐝𝐨
En cualquier política pública, la ejecución es tan importante como la intención. Y en Fusagasugá, la ejecución dejó un sabor amargo:
* comunicación tardía y deficiente;
* ausencia de pedagogía previa;
* transporte público insuficiente;
* comerciantes desinformados;
* ciudadanos sorprendidos y sancionados;
* y ninguna evaluación pública de resultados.
Así, una medida que podría ser valiosa se convierte en una fuente de molestia, frustración y desconfianza.
𝐍𝐨 𝐞𝐬 𝐞𝐥𝐢𝐦𝐢𝐧𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐣𝐨𝐫𝐧𝐚𝐝𝐚: 𝐞𝐬 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫𝐥𝐚 𝐛𝐢𝐞𝐧
El debate no debería ser si el Día sin carro debe desaparecer. La discusión real es 𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐧𝐞𝐫𝐚 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐚, 𝐮́𝐭𝐢𝐥 𝐲 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐛𝐥𝐞.
La ciudadanía merece:
* información anticipada, clara y amplia;
* alternativas reales de movilidad;
* reglas que no castiguen la desinformación;
* y datos públicos que justifiquen el costo social y económico de la medida.
Mientras esto no ocurra, la crítica será inevitable: 𝐦𝐚́𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐣𝐨𝐫𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞𝐧𝐭𝐚𝐥, 𝐞𝐥 𝐃𝐢́𝐚 𝐬𝐢𝐧 𝐜𝐚𝐫𝐫𝐨 𝐲 𝐬𝐢𝐧 𝐦𝐨𝐭𝐨 𝐞𝐧 𝐅𝐮𝐬𝐚𝐠𝐚𝐬𝐮𝐠𝐚́ 𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐨𝐥𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐚𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐞𝐧𝐝𝐨𝐬 𝐲 𝐩𝐚𝐫𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐦𝐢́𝐚.
Y eso, para una ciudad que busca crecer y recuperar la confianza ciudadana, es un error que ya no se puede seguir repitiendo.
𝐀𝐝𝐞𝐧𝐝𝐚: La reciente renuncia presentada por la Secretaria de Movilidad en nada arregla los problemas que en esta materia tiene la ciudad. Se requiere, no solo de un 𝐟𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐲 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 en este tema, sino del diseño de verdaderas 𝐩𝐨𝐥𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐩𝐮́𝐛𝐥𝐢𝐜𝐚𝐬, construidas con la participación de todos los sectores involucrados: 𝐥𝐚 𝐚𝐜𝐚𝐝𝐞𝐦𝐢𝐚, 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬, 𝐥𝐨𝐬 𝐮𝐬𝐮𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬, 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐭𝐨𝐬 𝐚𝐧𝐚𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬 y, por supuesto, con el 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐨𝐦𝐢𝐬𝐨 𝐩𝐨𝐥𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐨 𝐜𝐥𝐚𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐚𝐝𝐦𝐢𝐧𝐢𝐬𝐭𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐦𝐮𝐧𝐢𝐜𝐢𝐩𝐚𝐥.