01/12/2025
: 𝗘𝗹 𝗵𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗼 𝗠𝗶𝗴𝘂𝗲𝗹
Por: 𝘊𝘢𝘳𝘭𝘰 𝘉𝘪𝘢𝘯𝘤𝘰
Hay expulsiones que sorprenden y otras que simplemente confirman lo que ya todos veían venir. La salida de Miguel Uribe Londoño del Centro Democrático pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Era cuestión de tiempo. Y, como si el destino quisiera sellar el capítulo con ironía pura, el propio presidente Gustavo Petro le dedicó un trino llamándolo “hermano”. No fue un lapsus.
Petro solo confirma lo que muchos recordaban: Miguel Uribe apoyó al progresismo, defendió su administración en Bogotá y militó —sin escrúpulos— en la causa que hoy dice combatir.
Ese “hermano” no cayó como ofensa, sino como revelación. Porque ¿cómo sostener un relato de derecha cuando se tiene un pasado de adhesión al petrismo? ¿Cómo presentarse como alternativa uribista cuando se cargan las mismas banderas que llevaron a Petro al Palacio Liévano? Esa incoherencia, ese doble discurso, terminó devorando su precandidatura.
Durante su campaña dentro del Centro Democrático, Miguel Uribe no construyó: fracturó. Cada episodio fue una polémica, cada jugada un intento de dividir, cada encuesta un motivo de sospecha.
Desde la famosa medición pagada por una empresa diminuta —y curiosamente cercana a su círculo— hasta el intento de imponer una encuestadora a su medida, todo proyectó una estrategia orientada a dinamitar la competencia interna y presentarse como un candidato fabricado, no respaldado.
Los uribistas de base lo notaron. Las juventudes lo señalaron. Las regiones lo cuestionaron. Al final, su campaña no movilizó militancia: la irritó. Y lo que debía ser una consulta interna terminó convertida en un campo minado por maniobras, escándalos y un discurso de víctima que ya nadie compraba.
Pero su última jugadita —esa llamada filtrada a un candidato del movimiento de La Espriella para buscar un acuerdo por debajo de la mesa— fue la gota que derramó el vaso. No solo traicionó las reglas del proceso: traicionó la lealtad mínima que exige un partido que, tras la muerte de su hijo, lo acogió, lo respaldó y lo elevó políticamente cuando nadie más lo hacía.
Miguel no salió porque lo expulsaran. Salió porque se desenmascaró. Y hoy, cuando Petro lo abraza como “hermano”, queda claro que jamás estuvo donde decía estar. Que su lealtad no era con el uribismo, sino con su propia ambición.
El Centro Democrático cierra un capítulo. Miguel Uribe Londoño, en cambio, empieza otro: el del “hermano” que nunca fue de esta casa.