15/08/2026
Hay días en que una se inventa películas completas por una carta.
Hace unos días recibí una carta que me dejó medio atravesada. No porque fuera mala, sino porque sentí que la conversación se había ido por un camino raro.
Yo acababa de escribir una de las cartas más cálidas que le he enviado hasta ahora, diciéndole que disfruto mucho nuestra correspondencia, que me gusta encontrarlo en mi buzón y que algún día me gustaría conocerlo. Y cuando llegó su respuesta sentí que esquivó toda esa parte y se concentró más en decir que le daba curiosidad, en las fotos, en preguntas personales y en otras cosas que me dejaron pensando.
Obviamente hice lo que cualquier persona razonable haría.
Analicé cada párrafo como si estuviera descifrando mensajes secretos de una civilización perdida.
Y luego me puse a escribir una respuesta larguísima donde, entre otras cosas, le preguntaba qué demonios significa exactamente eso de la curiosidad que dice sentir por mí.
Pero la historia dio un giro.
Hoy llegó un audio desde Brasil.
Treinta segundos.
Treinta segundos que básicamente tiraron abajo todas mis teorías de las últimas veinticuatro horas.
Resulta que el hombre estaba parado en unas rocas frente al mar, con un viento que parecía huracán, cumpliendo la promesa que me había hecho de mandarme un audio desde el viaje.
Me dijo que le encanta intercambiar cartas conmigo, que siempre le gusta escuchar mi voz cuando le mando audios y que sigue esperando las respuestas a las preguntas que me dejó pendientes.
Y además me mandó fotos.
Varias.
Del lugar donde está.
Sin aparecer él en ninguna, lo cual me hizo mucha gracia porque precisamente yo le había reclamado mentalmente que no compartía suficiente de su viaje.
Así que terminé riéndome sola.
Porque mientras yo estaba convencida de que algo se había enfriado, el señor estaba en otro país, frente al océano, acordándose de enviarme audios, fotos y recordatorios de que todavía quiere seguir conversando.
La conclusión provisional de esta telenovela epistolar es que aparentemente mi ansiedad tiene una imaginación mucho más activa que los hechos.
El Jardin De Las Palabras