26/04/2026
Un nefasto 24 de abril de 1999 fue asesinado Lucindo Domicó, un joven enfermero y dinámico líder del pueblo embera katío del Alto Sinú, que encabezó junto con Kimy Pernía y Alonso María Jarúpia –también asesinados– las movilizaciones de su pueblo contra la represa de URRA.
Lucindo, junto con Kimy, Simón Domicó y Luis Alberto Paneso, formaron el componente embera del “grupo de apoyo”, que tuvo a su cargo la reconstrucción organizativa del pueblo embera katío del Alto Sinú para luchar por la defensa del territorio, amenazado por la represa de URRA.
El as*****to ocurrió quince días después que la Asamblea de gobernadores de los ríos Doqueradó (Sinú) y Iwagadó (verde) expidiera la “Declaración de Sambudó”, una Declaración Pública sobre el conflicto armado en su territorio, rechazando las amenazas que estaban recibiendo las comunidades en momentos previos a la consulta sobre la represa y el manejo irresponsable de la información que emitían los medios de comunicación de Córdoba, que para esa época eran una especie de “cajas de resonancia” de los intereses de los senadores cordobeses Salomón Nader y Julio Manzur, del sucreño Julio Cesar Guerra Tulena y del cesarense Pepe Gnecco Cerchar, que señalaban a los indígenas de ser los “enemigos del progreso de la Costa”, pero que para nada mencionaban los intereses del senador antioqueño Mario Uribe, que con su primo Álvaro Uribe Vélez, venían adquiriendo tierras en las fértiles sabanas de Córdoba.
Lucindo fue asesinado de ocho disparos a las 9 de la noche, suplicando a sus asesinos (en lengua embera!!!) que no lo mataran. Y tenía mucha razón para pedir por su vida, pues era uno de los voceros más destacados y comprometidos con el proceso de negociación de los indígenas con la Empresa Urrá.
A sus amigos siempre nos llamó la atención el espíritu amplio y generoso de Lucindo, teniendo siempre como objetivo y meta el bienestar de su pueblo. Fue con Kimy el impulsor de las ideas principales a seguir en la negociación con la empresa URRA, que debían girar sobre los ejes esenciales del territorio y su saneamiento, la soberanía alimentaria, la reconstrucción económica y socio-cultural de las comunidades, la defensa de los bienes ambientales y la autonomía política, como quedó formulado en el “Plan de etnodesarrollo” que se le presentó a URRA y que chocaba con el plan de URRA que se basaba en ejes circunstanciales y pasajeros: compra de mejoras, huertas caseras, letrinas, estanques piscícolas, etc.
Hoy recordamos estos planteamientos claros y coherentes de este joven dirigente embera, que junto a la tenaz fuerza política y capacidad organizativa de Kimy, fueron la base para la defensa territorial del resguardo Karagabí y del territorio donde había nacido Lucindo: el resguardo de Iwagadó, unidos ahora en el resguardo Embera Katío del Alto Sinú.
Como todos los otros as*****tos y desapariciones de dirigentes embera katío del Alto Sinú, el crimen de Lucindo se encuentra en la impunidad, mientras que sus victimarios fueron recompensados generosamente por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez y por el actual gobierno de Gustavo Petro Urrego que nombró “Gestor de Paz” a su victimario Salvatore Mancuso.
Hoy, 27 años después, seguimos clamando justicia y exigimos que su muerte y la de los demás líderes embera del Alto Sinú sean esclarecidas.