07/01/2026
El libro ya esta apunto de ser acabado, solo estoy corrigiendo algunas fallas internas y gramaticales
Dejando a los a su suerte, sin nada ni nadie, solos en el vasto bosque de Lino Blanco, Ark y Yuan permanecían inconscientes bajo la hierba. Dos días permanecieron allí tirados, sin fuerzas para continuar, sin ganas de seguir adelante. Ark, deseando su muerte, nunca la encontró, y cuando la vio de frente solo supo pelear; una serpiente, grande y ancha, abrió su boca con el deseo de tragarlo. Con la poca energía que tenía, agarró una roca que tenía cerca y le dio en la cabeza repetidas veces, desahogándose con ella, salpicando sangre por todos lados, cayendo en su rostro sangre y tejidos del animal. Tras acabar y ver su obra encarnizada, soltó una risa que estremeció todo el bosque. No pudo mantenerse de rodillas y volvió a caer al suelo. A rastras se acercó a Yuan.
—Hey, loco, ayúdame a levantarme, casi no puedo moverme —lo sacude—. Vamos, levántate —lo agita más duro—. No me hagas esto, estúpido—
Por un instante creyó haberlo perdido todo, su ser quería llorar.
—Ay, no canses, que me duele la cabeza —se soba un chichote—
—Qué bueno que sigas vivo —suspira aliviado con una sonrisa en el rostro—. Qué paliza nos dieron, me duele todo el cuerpo—
—Yo no veo nada de bueno en seguir respirando—
Ark se quedó callado, no sabía qué decir ni qué hacer; no tenían a dónde ir, ni armas, ni dinero, no tenían nada: el gran terror de la nada, el miedo absoluto del ego humano.
—Ayúdame a prender fuego, vamos a asar lo que queda de esta serpiente—
Ark se levanta apoyándose de un árbol.
Tenía el costado lleno de sangre coagulada, un ojo morado y un hombro dislocado.
Improvisadamente y con esfuerzo, hicieron una fogata donde asaron los restos de la serpiente. Cada uno agarró un pedazo del animal y empezaron a comer sin decirse nada.
—¿No crees que ya es momento de irnos de aquí? Hemos pasado toda nuestra vida encerrados en una cárcel verde —dijo Ark.
Él tenía el brazo derecho colgando de su cuerpo, mientras con el izquierdo permanecía comiendo.
Yuan se quedó callado, no tenía motivos para irse, es más, ni siquiera para vivir; se había vuelto igual de mu**to que todos los habitantes del Reino.
—Sería genial morir por conocer algo nuevo que morir bajo las manos de los mismos de siempre—
Ark deja de un lado su comida y con su mano izquierda se acomoda el hombro. El dolor recorrió su rostro, pero no dijo nada, solo apretó los dientes. Yuan suspira tras ver a su amigo dolido, golpeado por la realidad de un reino camino a la ruina.
—Ya nada vale la pena, Ark —dijo Yuan, triste—. Todo está podrido, no tenemos nada, incluso nuestra propia tierra nos abandonó, nos repudió y corrompió—
—Pero seguimos vivos por algún motivo; tú y yo sabemos lo raro que es que un moribundo siga vivo después de ser arrojado en este bosque. El Creador nos dio de su misericordia por algo, una nueva oportunidad se nos concedió, no de huir, sino de comenzar de nuevo —Ark habló con esperanza, con amor, como si estuviera dando el discurso más emotivo del mundo—. Uy, eso suena muy romántico, tengo que anotarlo en algo—
Ark empieza a buscar algo para poder escribir.
—Ja, pareces un poeta idiota—
Yuan le arroja un cuchillo, Ark lo toma y empieza a tallar unas palabras en un árbol. Cuando acabó de escribir, dijo:
—Bueno, vámonos, debemos de caminar hacia el Este si queremos salir de este lugar—
Las palabras escritas en el árbol fueron las siguientes:
“Aquí estuvieron dos almas que decidieron comenzar de nuevo”.
Y así comenzaron su viaje hacia el Este.
Salir del bosque de Lino Blanco no era una tarea sencilla; en él vivían muchas bestias salvajes que atacarían a cualquier tonto que decidiera atravesarlo sin el debido respeto, por ende, eran muy pocas las personas que entraban al pueblo de donde pertenecían Ark y Yuan. Debido a su peligro, era común ver cadáveres de aventureros jóvenes que buscaban probar su fuerza. Esto convertía el bosque en un lugar muy solitario, perfecto para desaparecer a los enemigos de la realeza. Este bosque cubría gran parte de la región occidental del reino, lo que hacía que las ciudades suroccidentales del reino estuvieran desconectadas con el norte, perjudicando el comercio nacional; además, dentro del bosque solo estaba el pueblo de Ark y Yuan, ubicado en el extremo más occidental, casi llegando al mar.
Ya habían transcurrido dos días desde que partieron y, para estos dos, fue una sorpresa ver una caravana en medio del camino, así que decidieron no acercarse mucho, sino que más bien entraron un poco más en el bosque para evitarlos, pero fue en vano: una flecha veloz como un rayo casi impacta en el cuerpo de Ark, mas logró esquivarla por sus instintos agudos.
—¿Le diste? —dice una voz entre los árboles—.
—No sé, puede que sean saqueadores, tenía la apariencia de un hombre.
Entre los árboles aparecieron dos hombres, uno con un arco y el otro con un bastón que, en su parte superior, contenía un núcleo donde había una piedra verde siendo orbitada por piedra, tierra, helecho, hojas, entre otras cosas igual de pequeñas. Este hombre vestía con un abrigo de cuero que cubría su atuendo de mago de color verde.
—Carajo, un profeta y un arquero. No te muevas mucho, Yuan —dice Ark, escondido detrás de un árbol.
Yuan se encontraba al lado de él, pero escondido entre matorrales.
—Los perdí de vista. Isma, haz una oración de reconocimiento.
—Sí —dice el profeta.
Él toma con sus dos manos el bastón y empieza a recitar:
—Tierra bendita que solo vio mal, tierra olvidada por su hostilidad, permíteme ser uno dentro de ti y ver lo que hay ahí.
Las cosas a su alrededor, como piedras, tierra, ramas y hojas, empiezan a dar vueltas a su alrededor para luego golpear de lleno la tierra a sus pies. Luego, sus ojos se vuelven verdes y puede ver todo lo que hay a su alrededor.
—Los veo, detrás de aquel árbol —el profeta señala las ubicaciones exactas de Ark y Yuan.
El arquero prepara su flecha apuntando hacia la ubicación indicada. Ambos avanzan, no juntos; el arquero avanzaba por la derecha y el profeta por la izquierda. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca de sus objetivos, Ark y Yuan salieron con las manos arriba.
El arquero se pone a la defensiva esperando un ataque de ellos; lo mismo hace el profeta.
—¿Quiénes son ustedes y qué buscan? —dijo el arquero, amenazándolos con dos flechas en su arco—. Puedo matarlos a ambos si quiero, más vale que sean sinceros.
Ark suspira.
—Somos hombres que buscan salir de este bosque, no queremos peleas ni sangre. Si nos sueltan, no nos meteremos en sus caminos.
—Son cazadores —dice el profeta—. Tienen las garras de sus presas en su cintura.
—Mierda, Yuan, te dije que te deshicieras de eso —habla Ark, enojado y reprochando su desobediencia.
—No me iba a deshacer de mis trofeos de caza, son muchas historias que me traen recuerdos.
El arquero se relajó tras saber eso.
—Vaya, entonces ustedes son cazadores, deben conocer muy bien las bestias que viven en estos lares.
—Más o menos —contesta Ark, intentando convencerlo de que ellos dos no son un buen partido.
—Eso es genial, fue muy difícil llegar a “Las Hojas Marchitas” y salir de ahí va a ser igual de complicado. No vendría mal tener el apoyo de unos cazadores formados por Lino Blanco.
—Eh…
—Vengan con nosotros, podemos ayudarles a salir de aquí, siempre y cuando nos colaboren en lo que necesitemos.
Ark y Yuan no hacen ningún movimiento ni sonido, atónitos por la petición de aquel hombre.
—Isma, tráelos y no les apartes la vista, no sabemos qué puedan lograr hacer. También átalos con raíces.
—Está bien, jefe.
Él estira su mano derecha en dirección de Ark y Yuan, y los ata.
La caravana donde los llevaron estaba conformada por cinco burros de carga y dos caballos con montura. Dos de estos burros estaban cargados con provisiones, mientras que los tres restantes no tenían carga. Había cuatro personas más, tres hombres y una mujer. Cada uno tenía sus propias características. Por ejemplo, uno de ellos parecía ser un asesino, solo contaba con una espada y nada de protección; el segundo tenía una armadura pesada y poseía una gran lanza; el tercero también era un asesino, aunque sí poseía una armadura ligera; y la chica, un poco alta y con una musculatura decente, tenía un peinado diferente al de las mujeres, pues en su sien derecha no tenía mucho cabello y en la izquierda lo tenía largo, haciendo que se viera única, hermosa e intimidante. Sus armas eran sus dos puños, ya que poseía unos guantes de cuero negro con pinchos en sus nudillos.
—Ya regresamos —dijo el arquero.
Los cuatro salieron a su encuentro.
—Ya era hora, ¿pudieron matar lo que acechaba en las sombras? —dijo la mujer.
—No, solo eran dos cazadores que estaban en medio del trabajo, los contratamos para que nos ayudaran.
—¿Y entonces por qué los tienes atados? —preguntó el hombre sin armadura.
—Bueno, la costumbre, supongo —dijo el arquero para desviar la pregunta.
Isma los desata y los empuja hacia el grupo, invitándolos a que se presenten. Los tipos los miraron, esperando que dijeran algo.
“En qué me metí”, pensó Ark antes de hablar.
—Soy Ark, cazador del pueblo de Las Hojas Marchitas.
—Yo soy Yuan, cazador y compañero de Ark.
—Cazadores, genial, esto nos vendrá bien para completar la misión.
El hombre sin armadura los mira con desconfianza, lo mismo que el hombre con la armadura pesada. El único que los saludó fue el tercer hombre, que se veía como un chico sacado de las oscuridades de alguna ciudad; piercing en la ceja y un peinado en el que llevaba el cabello alto en la parte de arriba y detrás de la cabeza, pero bajo en los lados.
—Un gusto conocerlos, soy Esneider —les estira la mano, y tanto Ark como Yuan se la aprietan correspondiendo al saludo.
—Yo soy Zulina Jafet, bienvenidos al grupo de aventureros “Los Chacanes” —dijo la mujer.
“No puede ser un grupo de aventureros, qué asco”, pensó Ark.
Yuan sí se veía alegre por la invitación; al parecer, a él sí le caían bien esos tipos que solo mantenían viajando de arriba para abajo.
—Un gusto conocerlos —respondió Yuan.
—Bueno, ya que ustedes se presentaron, sigo yo —dijo el arquero—. Soy Tenedito Jacona, líder y fundador de Los Chacanes. —Hace una pausa para agarrar al profeta—. Y él es nuestro miembro más nuevo, Isma Zafanes. Bueno, ya que todos nos presentamos, pongámonos a organizar las tiendas para la noche, que ya va a caer.
—Como usted diga —dijo Esneider.
Y así fue como estos dos terminaron uniéndose a un grupo de aventureros para atravesar el gran bosque de Lino Blanco. Sin que ellos lo quisieran o lo pensaran, se encontraban ayudando a seis desconocidos a armar tres tiendas, a descargar los burros que llevaban carga y a traer leña, acompañados por Isma para que no intentaran escaparse.
Ahora el grupo lo conformaban ocho personas, las cuales estaban reunidas al lado de una fogata mientras se comían un estofado de conejo. Nadie decía nada; solo estaba presente el sonido del masticar de las personas comiendo.
—Saben, hay muchas historias estúpidas de este gran bosque, una de ellas me pareció curiosa y me gustaría contarla a nuestros dos cazadores —dijo Tenedito—. Un hombre con el cual viajaba en una carroza hacia Palantahet me contó esto: “Cuando yo vivía cerca del Gran Bosque, fuimos con unos amigos míos a cazar algunos animales para venderlos en el caserío (centro poblado no muy habitado donde vive gente del campo). Junto con nosotros llevamos a dos grandes perros, del tamaño de becerros recién nacidos. La cuestión fue que nos cogió la noche y no pudimos cazar nada. De orgullosos, nos quedamos en una cueva que encontramos vacía, con la esperanza de cazar algo al día siguiente. Lo que no sabíamos era que esa cueva ya tenía dueño y él nos estaba acechando. Los perros, en toda la noche, salían a perseguir algo y luego volvían. A la mañana siguiente los encontramos mu***os en la entrada, completamente disecados. Nosotros, por el miedo, salimos del lugar y volvimos al caserío. Habíamos estado durmiendo donde vivía la pata sola”.
Ustedes, como cazadores, ¿qué opinan?
—La pata sola solo es una leyenda que se originó en el campo de la Provincia Real, y a veces los exploradores no experimentados la confunden con un Cuipotuy, una especie de monstruo que mata a sus presas persiguiéndolas, saltando solo con una pierna. Su forma de comer es un poco extraña: diseca su presa chupando toda su sangre para luego comérsela. Sus orígenes se remontan a hace muchos años; dicen que antes era una mujer muy bella que engañó a su marido. Cuando él se enteró, le cortó la pierna y la dejó morir. Su alma fue condenada a vagar por este bosque, aunque claro, solo narran de uno cuando hay cientos de estos en el bosque. Se matan igual que todo animal, no tienen nada de especial —dijo Ark—.
—Puf, esas cosas deben de ser débiles; mis puños destruirían sus cabezas de un solo golpe —dijo Zulina, mostrando sus puños—.
—Bueno, esa es la razón por la que estamos acá —dijo Tenedito—. Nos contrataron para obtener su carne; dicen que es alimento nutritivo para los recién nacidos y se vende a muy buen precio en los mercados—.
—Entiendo —dijo Ark—.
—¿Ustedes conocen una buena forma de cazarlos? Digo, han vivido mucho tiempo en estas tierras, deberían de saberlo.
—Ya mucha charla, mañana continuamos hablando de esto —interrumpió Zulina—. Es momento de descansar. ¿Con quién pasaré esta noche? Ah, ya sé, tú, Esneider. Hace rato que no duermo contigo—.
—No, no, no, espérate, Zulina, todavía…—
Zulina lo sujetó por su ropa y lo jaló hacia una tienda.
—Zulina tiene razón, deberíamos de descansar. Isma duerme con ellos; yo dormiré con Laqueb y Raen —dijo Tenedito—.
La noche fue tranquila; no hubo ningún animal o bestia merodeando el campamento. Solo los típicos sonidos de Lino Blanco inundaron la noche con su melodía. Isma los levantó muy de mañana, antes de que saliera el sol, todo para guardar las tiendas y cargar los burros para seguir la marcha. Cuando iban a guardar la tienda de la parejita, Esneider salió primero, todo disecado y deshidratado.
—Denme un poco de agua, por favor —dijo—.
Detrás de él salió Zulina con el rostro resplandeciente y feliz.
—Un nuevo día nos espera, vámonos—.
A las seis de la mañana iniciaron nuevamente la marcha, sin comer nada decente, pues lo único que probaron sus bocas fue un trozo de carne disecada.
Solo dos iban a caballo: el jefe Tenedito y el hombre sin armadura pero con gran habilidad con la espada, Raen. Detrás de ellos estaban los burros, que los seguían debido a que estaban amarrados por un lazo hacia los caballos. A pie iban los demás.
—Si seguimos por aquí, saldremos del bosque en siete días y, si llueve, en diez. Tenemos tiempo suficiente para cazar y matar los Cuipotuy—.
Tenedito estaba mordiendo un trozo de carne mientras hablaba.
—Si es que no nos atacan otras bestias en el camino—.
Raen permanecía serio, con una cara de alguien cansado de todo. A primera vista parecía un asesino despiadado que no conoce la palabra amabilidad: traje rasgado, botas sucias, palabras vacías y sin emoción, evitando hablar mucho con las personas.
—La mejor manera de atraer a un Cuipotuy es con la presencia de una loba en celo—. Yuan, que había permanecido callado desde que despertó, comenzó a hablar llamando la atención de todos—. Por algún motivo prefieren comer este tipo de presas. Lo mismo sucede con las demás especies; si ven una hembra en época de apareamiento, se ven atraídos ferozmente hacia ellas—.
Todos voltearon a mirar a Zulina, que sintió los ojos de los demás clavándose en ella.
—Ya entendí, soy la carnada. No es difícil de comprender —asintió aburrida—.
—Ese comportamiento de los Cuipotuy hace que especies cercanas deshabiten las zonas donde esa cosa se encuentra —aportó Ark en la conversación—. Y como ayer en la noche no se escucharon tantos animales como en algunos lugares del bosque, puede ser que este animal se encuentre cerca o simplemente ninguna bestia quiso acercarse a nosotros—.
—Entonces ya tenemos un plan—.
—Él es su hermano, no se llevan muy bien —Esneider se había acercado hacia ellos—. Raen es muy calculador y poco confiado, y a veces choca con la forma de pensar de Tenedito, que lo único que desea es ayudar a quienes lo rodean—.
—Es normal que sea así; en un reino como este, lo mejor que puedes hacer es desconfiar de los demás —contestó Ark—.
—Veo que la vida no te ha tratado muy bien, amigo mío, pero te voy a decir algo: no te dejes llevar por Raen. Si lo haces enojar, sufrirás por ello. Trátalo lo más neutro posible y, si tienes problemas con él, habla con Tenedito; él te respaldará—.
Y así continuaron atravesando el bosque. Eso era tedioso; tenían que romper algunas enredaderas y plantas para abrirse paso. Había algunas partes donde había cantidad de rocas que les impedían el paso y debían rodearlas. También los atacó uno que otro lobo acompañado de algún jaguar, pero no fueron la gran cosa; Tenedito mató a dos lobos con dos disparos de su arco e Isma había utilizado su poder para que enredaderas rodearan a sus víctimas y así apretarlas hasta romperlas por dentro.
—Dejen también para nosotros —dijo Zulina, enojada—. Yo también quiero divertirme, es muy aburrido andar por este bosque. Me prometieron acción y resulta que solo se trata de caminar—.
—Tranquila, en poco tiempo podrás luchar. ¿Cierto, Yuan?—
Tenedito volteó a mirar a Yuan, esperando a que dijera algo.
—Pues no creo. Si te refieres a pelear con los Cuipotuy, será complicado; ellos huirán si ven que no pueden ganar. Son muy inteligentes para elegir sus presas—.
—Ya ves, ni siquiera podré pelear con un acosador sexual de animales. Es decepcionante este bosque—.
—No lo subestimes—.
Raen se había metido en la conversación luego de haberse bajado del caballo.
—Este lugar se ha llevado la vida de cientos de aventureros y mercaderes que subestimaron su poder. Si te descuidas por un segundo, el bosque reclamará tu vida —Raen se agachó y se puso a despellejar los lobos—. Ayúdenme; si no cazamos ningún Cuipotuy, será mejor que al menos llevemos algo—.
“Vaya, este tipo al menos es la persona más normal que hay en este grupo”, pensó Ark antes de agacharse y comenzar a ayudar. Yuan fue el siguiente y luego todos empezaron a despellejar. Un rato después estaban cargando las pieles y algunas carnes en los burros.
—Bueno, es hora de seguir—.
La noche cayó y volvieron a hacer lo mismo: alistaron las carpas, descargaron los burros y prendieron una fogata para sentarse juntos y comer algo. Al poco tiempo empezaron a hablar e integrarse todos juntos, excepto Raen, que se mantenía callado. Todos ellos parecían como una familia unida: estaba la prima borracha, el tío malhumorado, los dos familiares lejanos que habían llegado por petición del abuelo y un trío de hermanos que no paraban de hablar.
—¿Entonces a ti te enseñó magia tu padre? —le preguntó Esneider a Isma—.
—No es magia; ya les he dicho que son solo oraciones que uno domina bajo una fuente de poder yaciente en cada uno de nosotros—.
—Sí, lo que tú digas. Sabes, es sorprendente lo útil que eres en situaciones como en las que estamos. Ningún espadachín o cazador experimentado podría saber dónde están cada tipo de animales, además de que haces crecer árboles frutales para comer algo fresco. Sin duda contigo no nos moriremos de hambre—.
—Bueno, es lo que hace un profeta de la naturaleza, ¿no?—
—Nah, he conocido a muchos incompetentes que se creen mucho por llegar al nivel de siervo. Sin duda hay diferencias entre cada escalafón—.
—Pero si yo tampoco estoy en un nivel tan grande; solo me encuentro en el Maestro, que estaba un nivel arriba del que nombras—.
—Sí, pero al menos tú sirves para algo. El último grupo en el que estuve murió la mayoría porque el profeta de sanación que teníamos no podía curar una simple infección—.
Ark se interesó por esta conversación, así que decidió involucrarse un poco.
—¿Cómo funciona eso de siervo o maestro? Lo he escuchado en las posadas del pueblo, pero nunca supe qué era—.
Isma se emocionó por la pregunta; era la primera vez en mucho tiempo que alguien le preguntaba eso. Se sentía como un profesor dando clases.
—Verás, nosotros, los que dominamos los elementos de este mundo por medio de oraciones, recibimos el nombre de profetas, ya sea de fuego, agua, tierra o naturales, divinos, oscuros, versátiles y Navi, siendo estos últimos los más poderosos, capaces de hablar con el Creador. Cada uno de estos profetas, excepto el Navi, está dividido en rangos o jerarquías, que son las que acabamos de mencionar. Por ejemplo, está el profeta de agua santa. Así, porque para nombrar un mago primero debes…
“Este man no sabe explicar, ojalá no acabe nunca como profesor”.
—Entonces los rangos son así: primero va la oración novata, la oración media, la oración del sirviente, la del maestro, que es en la que yo estoy, la del santo, la del apocalipsis y, por último, la oración de los cinco grandes poderes. Para alcanzar el rango más alto, el profeta debe tener en cuenta lo siguiente: poder, propósito, un lazo con el Creador y dos más que el profeta deberá descubrir por sí solo—.
—¿Y si quiero nombrar a algún profeta, cómo sería?—
—Ya te lo expliqué; por lo que veo, no pones cuidado—.
“Perdón, es que tus explicaciones no tienen buena estructura”.
—Primero que nada, se nombra la palabra profeta, luego su elemento y, por último, el nivel de sus oraciones. Por ejemplo, yo soy un profeta de la naturaleza maestra, así de simple—.
—Veo que se están divirtiendo con nuestros nuevos compañeros—. Zulina se había entrometido en la conversación. Ella parecía un poco borracha y animada—. Saben, ya es muy de noche y quiero que alguien me acompañe a la cama, así que a ver—. Zulina observó detalladamente a los tres; tenía su mano derecha en el mentón, como analizando cuál sería su mejor decisión—. Hoy te toca a ti, Isma—.
Él se puso pálido por aquellas palabras; incluso se veía temor en sus ojos.
—No, por favor, quiero acabar de explicarles todo a nuestros compañeros—. Isma intentó escapar arrastrándose, pero fue interceptado por Zulina, que lo agarró con fuerza y lo llevó a una carpa.
—Más tarde terminas de explicarles; por ahora intenta complacerme—.
Laqueb, Ark, Esneider y Yuan se quedaron observando a la pobre presa siendo llevada hacia una carpa; en sus rostros solo había sorpresa por lo que había sucedido.
Después de lo ocurrido, intentaron continuar con la conversación, pero no se pudo. Cuando Laqueb pronunció sus primeras palabras, un jaguar que salió de la oscuridad lo embistió y lo agarró del cuello, arrastrándolo hacia la oscuridad. Todos los presentes en la fogata se pararon de golpe y tomaron las armas. Los gritos de desesperación de aquel pobre hombre resonaron por todo el campamento, haciendo que Zulina soltara a Isma de su abrigo en medio camino hacia la tienda. Todo sucedió tan rápido que no tuvieron tiempo de reaccionar; ni siquiera los experimentados cazadores, como lo eran Ark y Yuan, vieron venir ese ataque.
Zulina intentó correr al rescate, pero fue detenida por Tenedito.
—Ya está mu**to, déjalo descansar en paz—.
—Pero, jefe, es uno de los nuestros; no me puedo quedar con los brazos cruzados—.
—¿Y qué vas a hacer, dime? ¿Ir en medio de la oscuridad buscando a un felino que fácilmente te puede acechar sin que tú lo veas? ¿Eh? Déjalo, no podemos hacer nada por él. Lino Blanco reclamó su vida—. Tenedito se dio media vuelta—. Todos ustedes, a dormir; ya vimos que es muy peligroso estar a la intemperie en medio de la noche—.
Todos obedecieron sin decir nada.
El nuevo día llegó, al igual que el infortunio de habitar este bosque. Ark, Yuan e Isma, quienes habían sido los primeros en levantarse, se dieron cuenta de que los había rodeado una manada de lobos feroces. Cada uno de estos animales mostraba sus dientes y gruñía; al parecer estaban esperando el momento adecuado para atacar.
—No se muevan— dijo Ark lentamente, quedándose totalmente quieto—.
Resultó bien; los lobos no atacaron, solo los veían, aún gruñendo.
Zulina entonces salió haciendo movimientos bruscos de la carpa de Isma; estaba alegre y con la cara brillante.
—¡Buenos días a todos!— gritó—.
En ese instante, la manada de lobos saltó encima del campamento. Eran muchos, ya que habían permanecido escondidos al acecho, la misma cantidad de los que habían estado mostrando sus dientes.
Como Ark y Yuan solo tenían de armas los cuchillos que Parnik les había dado, tuvieron que pelear con estos para sobrevivir. La mayoría de los lobos saltaba hacia sus rostros para agarrarlos por el cuello, pero ellos lograron esquivar a la mayoría. Otro grupo intentaba morder sus pies, pero estos solo resultaban siendo apuñalados.
Zulina no corrió con la misma suerte. Un lobo había saltado hacia su cara, haciéndola caer al suelo y mordiéndole el rostro brutalmente. Isma la ayudó atravesando al lobo con una raíz, pero, al no protegerse de todos los lobos, terminó siendo presa fácil. Los lobos mordieron sus pies, otros sus brazos y, aunque luchó desesperadamente para soltarse, lo terminaron tirando al suelo y se lo llevaron a la profundidad del bosque. Zulina intentó ayudarlo, pero tres lobos mordieron su pierna derecha, haciéndola caer nuevamente. Ella entonces los golpeó hasta acabar con uno de ellos, mientras que los otros dos escaparon.
Cuando los lobos obtuvieron su presa, huyeron del lugar, dejando tras de sí a una mujer herida.
Raen, Tenedito y Esneider salieron armados de sus tiendas poco después y vieron unos diez lobos mu***os al lado de Ark y Yuan, y cuatro al lado de Zulina.
—¿Estás bien, Zulina?— preguntó preocupado Tenedito—.
Su rostro tenía una gran mordedura y estaba brotando sangre de ella; además, su pierna estaba destrozada.
—Tienen a Isma— dijo con lo que le quedaba de fuerza. Ella estaba jadeando por el dolor; ni siquiera se podía parar y Tenedito tuvo que ayudarla. A rastras la llevó a un caballo y la subió encima.
—No te preocupes, todo va a salir bien—. Tenedito estaba acariciando su rostro para tranquilizarla—. ¿Ustedes se encuentran bien?—. Su pregunta iba dirigida hacia Ark y Yuan.
—Sí— respondió Ark—. No nos mordieron ni nada—.
Tenedito se relajó.
—La experiencia habla por sí sola—. Una sonrisa, como intentando ocultar su tristeza, invadió su rostro—. Bueno, vámonos; alisten todo y salgamos de este bosque—.
—Todavía no tenemos la carne de los Cuipotuy; no podemos devolvernos sin ella— reclamó Raen—.
—No es momento de ser avariciosos. Zulina está herida y necesita tratamiento; si no buscamos ayuda rápido, probablemente esa herida se le infecte y muera—.
Raen lo miró furioso.
—Ese no era el plan. Debíamos solo cazar estas criaturas, pero tú decidiste entrometerte más en este bosque sabiendo los peligros que esto abarcaba—.
—Tú sabes que esta criatura está en los interiores; no podíamos quedarnos en los límites esperando a que mágicamente apareciera una—.
Raen dejó de mirarlo y se dio la vuelta.
—Esto está mal—. Tenía las manos sujetando su cabeza—. No debimos haber aceptado esta misión desde el primer lugar—. Se dio nuevamente la vuelta y encaró a Tenedito—. Ni siquiera estábamos preparados para entrar a este bosque; tú tienes la culpa de todo, Tenedito—.
—No es momento de buscar culpables; debemos encontrar la manera de salir de este lugar sin perder a más de nosotros—.
La situación se había complicado; en cualquier momento Raen podía perder la compostura y atacar a Tenedito.
—Tenedito, Raen, cálmense un poco— dijo Esneider, intentando mantenerlos tranquilos—. No es momento de pelear, sino de buscar soluciones—.
—¡¿Y qué crees que estamos haciendo, maldita sea?!— gritó Raen, desesperado—.
Sin duda el grupo estaba desesperado. En cambio, Ark y Yuan se encontraban tranquilos; ya habían vivido esta situación cientos de veces, con animales diferentes atacándolos cada día. Esta calma tranquilizó al grupo.
—Ustedes son los expertos, ¿qué deberíamos hacer ahora?— preguntó Raen, ya más tranquilo—.
Yuan tomó la palabra y habló con autoridad.
—Por ahora solo tenemos que caminar hacia nuestro destino. Los lobos de este bosque no van a parar de perseguirnos hasta que el último de nosotros caiga—.
—Genial, ahora tenemos a una manada de lobos sedientos de sangre que nos seguirá hasta el fin del mundo. ¿Estás contenta con eso, Zulina?—
Ella no respondió; estaba agotada y débil por la pérdida de sangre.
—¿Alguna recomendación para que nos dejen de perseguir?—
—Sí: ir a La Hoja Marchita o salir del bosque hasta que pierdan nuestro rastro—.
—No puede ser—.
—Bueno, ya lo escucharon: tenemos que salir del bosque si queremos vivir— dijo el jefe—.
Ojalá tener el mismo optimismo de Tenedito, pero era obvio que él no conocía la crueldad a la que este bosque te puede arrastrar. A los dos días de seguir avanzando, Zulina murió debido a que su herida se infectó. En ese tiempo ningún animal los atacó ni apareció; era la calma después de la tormenta.
—Maldita sea—. Tenedito se puso a llorar desconsoladamente encima del cuerpo—. Era una buena mujer. Sé que se acostaba con todos aquí en el grupo, pero lo hacía porque nos amaba—. Sus palabras se mezclaban con el llanto—.
—Esto no puede estar pasando— dijo Esneider, con un rostro pálido y sin vida—. ¿En qué momento todo se fue a la mierda?—
Raen golpeaba un árbol con su espada, intentando desahogar su frustración. Ark y Yuan observaban la escena tranquilamente, como dos sombras que nadie nota.
—¿Qué hacemos con los burros? Esos animales nos están retrasando en el campo— dijo Raen después de haber hecho caer el árbol—.
—Démoslos como sacrificio al Gran Bosque de Lino Blanco; tal vez así nos permita salir con vida de este lugar—.
“Ja, ya se están volviendo locos”, pensó Ark. “Pobres tipos, me temía que les fuera a pasar esto”, pensó Yuan.
Esneider asintió.
—Yo apoyo la idea de Tenedito—.
—No puede ser; ustedes ya perdieron la razón—. Raen los miraba con tristeza—. Eso no va a funcionar—.
—Claro que funcionará— dijo Tenedito—. Es lo que el bosque quiere, es lo que me susurra—.
Tenedito agarró una de sus flechas y cortó las gargantas de todos los burros uno por uno. Esneider le ayudó a cargar los cuerpos de estos animales hasta amontonarlos todos en un solo lugar; luego, los dos les prendieron fuego, rostizando a todos los burros y generando así una gran llamarada que se extendió por las alturas.
Esneider y Tenedito estaban postrados, adorando la llamarada, pidiendo que por favor los dejara salir con vida de estas tierras. Raen los miraba despectivamente mientras caminaba hacia donde estaban Ark y Yuan, que estaban tranquilos comiendo un pedazo de carne asada. Ark le ofreció un pedazo a Raen, que lo tomó sin mirar, pues seguía observando, ahora atónito, a sus camaradas aventureros.
—¿Cuántas veces han visto esto?—
—Las suficientes como para actuar normal— contestó Ark—.
—Si nos mantenemos en el suelo, probablemente mañana amanezcamos mu***os—. Yuan se dio la vuelta y empezó a escalar un árbol—.
—¿Vienes?— preguntó Ark mientras le daba la espalda y se preparaba para trepar—.
—¡Oigan, chicos!— gritó Raen—. Los cazadores dicen que moriremos si permanecemos en el suelo—.
—Eso es mentira— contestó Tenedito—. El Gran Bosque de Lino Blanco quiere que lo alabemos para que nos perdone la vida. Úngete bajo sus cenizas y permanece en la luz que te brinda—.
—Si quieres morir, adelante. ¿Qué hay de ti, Esneider? ¿Quieres vivir un poco más?—
Esneider, que estaba alabando el fuego, se levantó y caminó hacia Raen.
—Yo iré. Las voces de mis amigos caídos me dicen que escale el árbol y encuentre el equilibrio del espíritu del bosque y mi ser en la cima de sus ramas—.
—Amigo mío, sí te enloqueciste— dijo Raen, sujetándolo de los hombros—.
Esneider empezó a subir el árbol.
—Eres un estúpido, Esneider. Lino Blanco reclamará tu alma en las alturas de los árboles, pero ya no puedes retraerte. Elegiste el destino de la cobardía, mientras yo seré recompensado con la ascensión tras mantenerme fiel a esta nueva religión que se está formando—.
Raen suspiró antes de ver a su hermano por última vez.
A la mañana siguiente, cuando los cuatro se bajaron del árbol, vieron el cuerpo de Tenedito desfigurado por las mordeduras de los animales. No tenía su brazo izquierdo y un charco de sangre cubría el lugar.
—¿Qué sentido tiene vivir si no hay nadie que pueda ver el avance de mi alma por el mundo de las nuevas voces?— dijo Esneider antes de clavarse su espada tras ver el cadáver de su jefe—.
—¿Qué haces, idiota?— Raen lo agarró entre sus manos—.
—Amigo Raen, dile a mi Yuyu espiritual de las polillas que la amo con todo mi egoísmo humano—.
—No me dejes—. Raen comenzó a llorar desconsoladamente—.
Ark y Yuan lo miraron por unos momentos, conmovidos por la escena.
—Lástima, se veía un grupo tan unido y terminaron así— dijo Yuan—.
—Bueno, al menos no se cortaron las venas y se bebieron su sangre como los viajeros que venían al pueblo— dijo Ark—.
—Por favor, sáquenme de aquí. Necesito vivir para alertar a las personas de este lugar—.
Ark y Yuan lo miraron sorprendidos.
—Vaya, eres la primera persona que nos pide ayuda para sacarlo de aquí. Por lo general pierden la cordura o terminan mu***os; creí que te ibas a desquiciar y salir corriendo hacia cualquier dirección aleatoria— contestó Ark—.
—¿Me ayudarán entonces?—
—Claro— respondió Yuan—. Al final de cuentas, solo estamos a medio día de salir de aquí—.
Tal como se lo dijeron, a eso de la una de la tarde los árboles empezaron a ser cada vez más bajos, hasta que ya no hubo ninguno a sus alrededores; habían salido de Lino Blanco. Una llovizna cayó mientras veían el cielo después de tanto tiempo. Empapados y con frío, Raen sintió paz y tranquilidad. El agua recorría su cuerpo demacrado, reconfortándolo un poco. Un momento simple, pero lleno de gracia para él. Con lágrimas en los ojos, Raen miró al cielo y sonrió; y aunque se veía opaco y gris, era lo más hermoso para él.