11/06/2026
𝗗𝗢𝗦 𝗔𝗡̃𝗢𝗦 𝗗𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘́𝗦 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗖𝗥𝗘𝗗𝗘𝗡𝗖𝗜𝗔𝗟, 𝗡𝗨𝗘𝗩𝗢 𝗕𝗘𝗟𝗘́𝗡 𝗗𝗘 𝗕𝗔𝗝𝗜𝗥𝗔́ 𝗦𝗜𝗚𝗨𝗘 𝗘𝗦𝗣𝗘𝗥𝗔𝗡𝗗𝗢 𝗥𝗘𝗦𝗨𝗟𝗧𝗔𝗗𝗢𝗦
𝗣𝗼𝗿: 𝗡𝗮𝘆𝗶𝘁𝗵 𝗙𝗮𝗿𝗶𝘁𝗵 𝗠𝗼𝗿𝗲𝗻𝗼 𝗖.
Hoy se cumplen dos años desde que Leopoldino Perea Caicedo recibió la credencial que lo acreditó como el primer alcalde de Nuevo Belén de Bajirá, luego de la histórica jornada electoral del 9 de junio de 2024. Aquella fecha quedó marcada como el inicio de una nueva etapa para un territorio que, durante largos años, estuvo en medio de una disputa que parecía no tener fin.
Perea llegó al poder con una historia política fuerte: fue una de las voces que defendió que Belén de Bajirá pertenecía al Chocó. Esa lucha, sin duda, tuvo resultado. El territorio fue reconocido, eligió autoridades propias y empezó a recibir recursos como municipio. Pero dos años después, la pregunta que muchos habitantes se hacen ya no es de pertenencia, sino de gestión: ¿dónde están los resultados?
Aquel 9 de junio de 2024 no fue una jornada cualquiera. Por primera vez los habitantes del entonces nuevo municipio acudieron a las urnas para elegir a su alcalde y a los integrantes de su Concejo. De los 8.972 ciudadanos habilitados para votar, participaron 5.188. Leopoldino Perea obtuvo 2.624 votos, equivalentes al 50,58 % de la votación, superando a sus contendores y convirtiéndose en el primer mandatario elegido por voto popular en la historia de Belén de Bajirá. La jornada estuvo acompañada por un ambiente de expectativa y optimismo frente a lo que representaba el inicio de una administración propia.
Porque una cosa es ganar una pelea jurídica y política, y otra muy distinta es gobernar un territorio que necesita respuestas. La credencial fue el premio de una causa; la administración, en cambio, es el examen diario que se rinde en las calles, en los caminos, en los puentes, en el agua, en el alcantarillado en sintesis en la vida de la gente.
Según habitantes de la zona, hay preocupación por la falta de avances visibles. En un municipio nuevo, al que ya le llegan recursos, varios ciudadanos consideran necesario hacer una revisión seria entre lo recibido y lo invertido. La inquietud no es menor: cuando hay recursos públicos, también debe haber obras, respuestas y claridad.
El mal estado de las calles se ha convertido, para muchos, en la imagen más clara de lo que estaría pasando. Las vías deterioradas no necesitan discurso; hablan solas. Cada hueco, cada tramo abandonado y cada promesa aplazada parecen recordar que el municipio no solo necesitaba existir en el mapa, sino funcionar en la realidad.
Entre los reclamos aparece el Puente del Indio, señalado por la comunidad como una promesa de campaña pendiente. También está el puente de Belencito, donde durante este periodo se han presentado varios hechos lamentables. Son puntos que no pueden seguir esperando, porque cuando una obra se aplaza demasiado, la promesa termina pesando más que el concreto.
En la zona rural, las quejas también se sienten. Habitantes de sectores como Playa Roja, San Andrés, Puerto Cesar, Santa María, Caño Manso, El Cable y la vía El Abierto aseguran que no se ha visto ni una intervención mínima en caminos alternos que son necesarios para la movilidad y la vida diaria. Algunos lo resumen con una frase dura: “no se ha echado ni una volquetada de arena“
A esto se suman denuncias ciudadanas sobre un contrato de realizado en las calles que, según las versiones conocidas, no habría dado los resultados esperados. Si eso es así, los organismos de control deberían mirar con cuidado qué se contrató, cuánto costó, qué se ejecutó y qué beneficio real recibió la población.
En acueducto y alcantarillado, el panorama tampoco parece mostrar grandes cambios. La gente esperaba que la nueva vida administrativa trajera soluciones, pero en varios sectores la sensación es que todo sigue igual. Y cuando el agua, el saneamiento y las vías siguen pendientes, la palabra progreso se vuelve difícil de sostener.
Otro punto que genera preocupación tiene que ver con las maquinarias que han llegado al municipio. De acuerdo con denuncias de habitantes, algunos equipos que deberían estar al servicio de la comunidad estarían presuntamente cumpliendo misiones contarias a las estipuladas y otros parados sin prestar servicios a la comunidad. Mencionan, por ejemplo, una retroexcavadora en Puerto Cesar, que esta sin funcionar mientras comunidades afectadas por la temporada de lluvias reclaman atención en drenajes y puntos críticos. En un territorio con tantas necesidades, cada hora de una máquina debería estar donde más la necesita la gente.
La ironía es evidente: el alcalde que ayudó a ganar la pelea por la pertenencia del territorio al Chocó ahora enfrenta otra batalla, quizás más difícil, porque ya no se libra contra Antioquia ni en escritorios jurídicos, sino frente a las comunidades que esperaban resultados concretos.
Belén de Bajirá ya tiene alcalde, Concejo, institucionalidad y recursos. Pero sus habitantes no comen de credenciales, no transitan sobre discursos y no resuelven sus necesidades con recuerdos de campaña. Dos años después, el reto no es celebrar lo que se ganó, sino responder por lo que falta.
Hoy serán los propios habitantes quienes califiquen la gestión de Leopoldino Perea. Desde lo que se escucha en varias comunidades, hay descontento, incluso entre personas que acompañaron su llegada al poder. Y eso debería preocupar al mandatario, porque no hay desgaste más fuerte que el de una esperanza que empieza a sentirse traicionada.
La historia le dio a Leopoldino Perea un lugar importante en la lucha por Belén de Bajirá. Ahora su gobierno debe demostrar si también será recordado por transformar el territorio o si quedará marcado por la distancia entre lo prometido y lo hecho.