14/09/2026
¡CHOCÓ SIGUE TEMBLANDO Y EL MIEDO NO DEJA DORMIR!
¿QUIÉN ATIENDE LA SALUD MENTAL DE LOS DAMNIFICADOS?
Por Jaminson Salazar.
El terremoto del pasado 10 de agosto dejó una profunda huella en el Chocó. Miles de familias damnificadas, viviendas averiadas y destruidas, personas heridas y fallecidas constituyen el rostro visible de una tragedia que, semanas después, continúa golpeando a la población. Pero existe otra emergencia, menos visible y posiblemente más prolongada: la salud mental de quienes vivieron el desastre.
¿Qué está pasando con las personas que todavía sienten miedo cuando tiembla? ¿Cuántas duermen tranquilas? ¿Cuántas presentan ansiedad, angustia, pesadillas o temor de regresar a sus viviendas? Y, sobre todo, ¿cuántas han recibido atención psicológica profesional?
Los movimientos sísmicos de baja magnitud que continúan registrándose mantienen viva la incertidumbre. Aunque no significan que necesariamente ocurrirá otro terremoto de igual magnitud, sí pueden reactivar el miedo y la angustia de quienes sufrieron la emergencia. La incertidumbre no debe convertirse en pánico, pero tampoco puede ignorarse.
Desde la psicología de emergencias se reconoce que, después de un desastre, pueden aparecer reacciones de estrés agudo, alteraciones del sueño y síntomas de ansiedad. Cuando estas afectaciones persisten o interfieren con la vida cotidiana, requieren valoración profesional. No todas las personas desarrollan un trastorno mental, pero todas merecen orientación, información confiable y acompañamiento oportuno.
LA GRAN PREOCUPACIÓN ES QUE NO CONTAMOS CON UN BALANCE PÚBLICO CONSOLIDADO que permita conocer cuántos chocoanos han recibido atención psicosocial, cuántos profesionales están disponibles y si existe capacidad suficiente para atender las afectaciones psicológicas y psiquiátricas de la población. Sin estos datos, resulta imposible evaluar la cobertura y la oportunidad de la respuesta institucional.
La Gobernación del Chocó, la Alcaldía de Quibdó y el Ministerio de Salud deben asumir esta pos emergencia como una prioridad. Se propone activar un plan especial de salud mental que incluya brigadas comunitarias, atención psicológica en albergues y escuelas, líneas de orientación, seguimiento a personas vulnerables y remisión efectiva a servicios especializados. También se requiere un registro estadístico unificado, con cifras de atención, personal disponible, necesidades identificadas y recursos asignados.
La respuesta debe incorporar primeros auxilios psicológicos, atención clínica cuando sea necesaria y comunicación pública clara sobre el riesgo sísmico. El Estado debe garantizar que las comunidades rurales y los municipios más afectados no queden excluidos por dificultades de transporte o falta de personal.
EL CHOCÓ NO PUEDE RECONSTRUIR SOLAMENTE SUS VIVIENDAS: TAMBIÉN DEBE RECONSTRUIR LA TRANQUILIDAD DE SU GENTE. Un mes después del terremoto, la pregunta sigue en pie: ¿están preparadas nuestras instituciones para atender el miedo, el trauma y las consecuencias mentales de esta tragedia, o estamos dejando que miles de personas enfrenten solas una emergencia que no se ve, pero que también puede destruir vidas?