25/06/2025
LUCHO VIAFARA, EL ETERNO ESCRIBIENTE DE JAMUNDÍ
Por Periódico Nuevo Jamundeño y Periódico Impacto Nuevo
En el corazón del parque principal de Jamundí, donde el bullicio de la calle se mezcla con el murmullo de los árboles y los pasos apurados de la gente, resiste un hombre, una historia y una vocación: Luis Carlos Viafara Lucumí, más conocido como Lucho Viafara. A sus 76 años, Lucho sigue tecleando con firmeza su vieja máquina de escribir "Brother", como si el tiempo no le pasara factura, como si las palabras fueran su única herencia y su único sustento.
Durante más de dos décadas, su escritorio ha sido una pequeña mesa de madera al aire libre, bajo la sombra generosa del parque central. Allí atiende con paciencia a quienes lo buscan para redactar tutelas, derechos de petición, contratos de arrendamiento y otros documentos legales. Muchos de sus clientes lo prefieren porque, como él dice con orgullo y un dejo de picardía, “cobro más barato que los abogados”.
Pero la realidad de Lucho está marcada por una injusticia silenciosa. Aunque fue maestro de escuela rural y trabajador oficial del municipio de Jamundí, sus cotizaciones no alcanzaron a consolidar una pensión. El resultado: en plena vejez, debe seguir trabajando para sobrevivir.
Una vida de letras y dignidad
Lucho no solo es el escribiente más antiguo de Jamundí; es también el último. Fue el cuarto entre siete hermanos y el único sobreviviente de un grupo legendario de escribientes que, durante años, ocuparon con autoridad cultural y respeto social un rincón del parque. Juntos, formaron una especie de imperio de las letras populares, una agremiación única que ofrecía servicios a quienes no sabían escribir, no podían pagar un abogado o simplemente confiaban en el conocimiento empírico y la vocación de estos hombres humildes.
Hoy, su figura y su máquina ruidosa son símbolos de una Jamundí que resiste, que recuerda, que aún tiene memoria. Y sin embargo, Lucho está solo. No tiene pensión. No cuenta con un subsidio. No aparece en las prioridades de ayuda social. Su caso clama por humanidad, por justicia y por acción.
La historia de Lucho Viafara no puede quedar atrapada entre los márgenes de un cuaderno o el ruido de una máquina. Requiere visibilidad, reconocimiento y, sobre todo, apoyo. ¿Cómo es posible que un hombre que dedicó su vida a educar, a servir y a escribir por los demás, tenga que seguir luchando cada día por conseguir su sustento?