30/07/2026
Hay personas que no solo fueron engañadas, fueron educadas para no darse cuenta del engaño. Y lo más grave no es que crean en quien los manipuló, sino que lo defienden con una pasión que nunca tuvieron para defenderse a sí mismos. Siguen repitiendo las mismas frases que el engañador les enseñó, como si fueran verdades absolutas. No cuestionan, no investigan, no dudan. Han convertido la mentira en una especie de bandera moral, aunque esa bandera esté hecha de hilos rotos y promesas vacías. Lo trágico es que muchos no fueron engañados por ingenuidad, sino por comodidad. Es más fácil sostener una mentira que enfrentar la realidad. La verdad exige responsabilidad; la mentira solo exige obediencia. Y hay quienes prefieren obedecer antes que pensar.
Mientras tanto, el engañador sigue adelante, tranquilo, confiado, sabiendo que la mejor víctima no es la que cae una vez, sino la que sigue cayendo incluso después de ver el precipicio. Porque hay quienes, aun con la evidencia frente a los ojos, eligen mirar hacia otro lado para no admitir que fueron engañandos.
El engaño no los retiene, su propio orgullo sí. Y ese orgullo es el candado perfecto para mantenerlos atrapados en una historia que nunca fue verdad.
El fsln fue el engaño político más grande que ha existido en la historia de Nicaragua, pero aún así los engañados siguen creyendo en una mentira que NUNCA fue verdad.