10/06/2026
/ LA INDIFERENCIA DEL UNIVERSO
«El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: es indiferente».
— Carl Sagan.
Releo a Sagan y encuentro en esa frase una serenidad difícil de aceptar.
Pasamos buena parte de la vida creyendo que el mundo nos debe explicaciones, señales o recompensas. Cuando algo sale bien hablamos de destino; cuando sale mal hablamos de injusticia. Sin embargo, las estrellas nacen y mueren sin preguntarse por nuestros triunfos, nuestros fracasos o nuestras pequeñas tragedias cotidianas. La inmensidad del cosmos no nos odia ni nos ama: simplemente continúa.
Desde una perspectiva científica, la afirmación resulta casi evidente. El universo opera mediante leyes físicas que no distinguen entre héroes y villanos, entre ricos y pobres, entre creyentes y escépticos. Una supernova no explota para enviarnos un mensaje, una tormenta no se forma para castigarnos y una galaxia no gira para complacernos. Somos el producto extraordinario de procesos naturales que llevan miles de millones de años ocurriendo sin propósito aparente, pero con una elegancia matemática asombrosa.
Quizá por eso la conciencia humana sea tan singular.
En medio de un universo indiferente, somos capaces de atribuir significado a las cosas. El amor, la amistad, la belleza, el arte o la curiosidad científica no vienen escritos en las ecuaciones de la gravedad. Son construcciones nuestras, pequeños actos de rebeldía contra la indiferencia cósmica.
El universo no nos ofrece sentido; somos nosotros quienes lo fabricamos mientras atravesamos una roca húmeda que gira alrededor de una estrella común.
Y, sin embargo, resulta divertido observar cómo muchos se consideran protagonistas de una obra escrita especialmente para ellos. Hay quienes creen que una caída de internet, una presa en la autopista o una publicación con pocos “me gusta” son eventos de relevancia universal.
Mientras tanto, a 150 millones de kilómetros el Sol sigue fusionando hidrógeno con una indiferencia conmovedora, y en algún rincón remoto de la galaxia probablemente esté ocurriendo algo infinitamente más interesante que nuestras crisis de autoestima.
El universo no conspira contra nosotros; para hacerlo, primero tendría que acordarse de que existimos.
Rand Vega Avendaño