26/01/2026
¿Necesita Costa Rica una nueva constitución política como lo ha expresado el gobierno de turno? R/ Sí, no, tal vez, puede ser, claro que sí, claro que no, definitivamente sí, definitivamente no.
Nuestra Constitución Política data del año 1949, ya con 77 años tiene leyes obsoletas y otras que necesitan una reestructuración como por ejemplo la Ley de vagancia (1867) que busca sancionar a personas consideradas vagas, ebrios o que cometan juegos prohibidos, la ley 58, promulgada para combatir la tuberculosis, sigue vigente aunque el Sanatorio Durán cerró en 1963 o la Ley de Juegos (1922) que establece multas y arrestos por juegos de azar y regula restricciones a billares y establecimientos públicos. Entonces, cualquiera de nosotros podría pensar que en efecto necesitamos una constituyente para renovar la eficacia del Estado pero ¿Con el sesgo político que tenemos, se podría lograr? Claramente no, por distintas razones.
Haga este ejercicio en casa: Pregunte a cualquier amigo, familiar o conocido que vaya a darle su voto a Laura y sus 40 diputados, si estaría de acuerdo en una nueva Constitución, probablemente su respuesta sea sí porque tienen el pensamiento de que su candidata afín va a ganar las elecciones y con una mayoría absoluta en la Asamblea, si la respuesta es sí y que solo sí, reafirme el hecho de que está diciendo que sí es necesario una nueva Constitución y a partir de ahí cambie a los protagonistas; pregúntele que si sí está tan de acuerdo, entonces también lo estaría si ganara Claudia Dobles la presidencia con una mayoría absoluta en la Asamblea del Frente Amplio y espere la respuesta. Puede hacerlo viceversa, pregunte a alguien que vaya a votar por Álvaro Ramos si es necesario, espere la respuesta y cambie a los protagonistas. Dependiendo de la perspectiva de dónde se vea, muchos estarían de acuerdo en una nueva Constitución dependiendo del protagonista en el ejecutivo y en la Asamblea Legislativa. Nadie tiene la verdad absoluta, nadie. La Constitución Política de Costa Rica no es para uno, es PARA TODOS, ABSOLUTAMENTE TODOS sin importar color de piel, orientación sexual o credo religioso. Al final, ese ejercicio puede ser bueno para hacerle ver al vecino de enfrente, que está muy equivocado.