08/02/2026
Patakí
Dice el pataki que en una tierra lejana vivía un tomate que aún no había alcanzado su punto de madurez. Aquel tomate caminaba por los senderos del mundo sin saber que había personas que deseaban hacerle daño.
Un día, mientras transitaba su camino, se encontró de frente con esas personas. El miedo lo dominó, y el tomate decidió esconderse. Pero no se ocultó por un instante ni por pocas horas, sino que permaneció escondido durante siete días, refugiado en la oscuridad y el silencio.
Pasado ese tiempo, el tomate reflexionó y dijo para sí:
“Esta no es vida. No puedo seguir existiendo con temor, encerrado y huyendo. Saldré al camino, y que sea lo que tenga que ser”.
Entonces salió nuevamente al sendero. Al avanzar, volvió a encontrarse con aquellas mismas personas que antes querían hacerle daño. Esta vez no huyó. Caminó firme, aceptando su destino.
Al pasar frente a ellos, escuchó que le decían:
—Buenos días.
Y él respondió:
—Buenos días.
El tomate quedó sorprendido, pues se preguntaba cómo era posible que quienes antes deseaban destruirlo ahora lo saludaran con respeto.
Al mirarse luego en un espejo, comprendió la verdad: durante esos siete días de retiro, había madurado. Ya no era verde como antes, sino rojo. Había cambiado su apariencia, su estado y su energía, y por eso no fue reconocido como el mismo.