04/06/2026
ALMENDARES EN EL FERROCARRIL HABANERO
Por Mercedes Herrera Sorzano
Para los habaneros en general —oriundos o no de la provincia— Almendares es un río que cruza por debajo de la calle 23 del Vedado, limita con el Bosque de La Habana (una de las pocas arboledas que quedan por los alrededores), es de aguas sucias y desemboca en el mar por la Puntilla.
Almendares, el río por excelencia de la capital, el más largo y caudaloso de estos predios, ha marcado la historia en la región en muchos sentidos, incluyendo un asentamiento primitivo de la ciudad, el abasto de agua para el consumo humano y el riego, la pesca, la transportación fluvial, la recreación, una zona urbana y hasta le dio nombre a un equipo de pelota décadas atrás.
Realiza un largo recorrido de 45 kilómetros que comienza en las lomas de Tapaste, cruza por el Parque Lenin, los manantiales de Vento, atraviesa bajo la Avenida de Rancho Boyeros por las cercanías de la CUJAE, pasa por Puentes Grandes y el de 23, y desemboca en la costa norte de Cuba, por La Chorrera o La Puntilla, lugar marcado por la presencia de un legendario y pequeño torreón, donde hace unos años hubo ¡un restaurante!
Su nombre tiene también un considerable recorrido. Los primeros habitantes de nuestra tierra lo nombraban Casiguaguas, que significa “lugar por donde fluye el agua”. Luego, para los españoles fue La Chorrera debido, dicen, a unos pequeños saltos de agua presentes en el lugar conocido como Puentes Grandes. Y, finalmente, el nombre actual se debe al Obispo Almendares o Armendáriz (1551-1628) quién, aquejado de alguna enfermedad, recobró la salud (¿?) en la ribera del río, práctica que actualmente no recomiendo a nadie.
Sin embargo, para los ferroviarios, Almendares puede tener otra lectura, un poco menos legendaria, pero llena de evocaciones e historia, historia que comienza en la tercera década del siglo XIX, con el primer ferrocarril, inaugurado el 19 de noviembre de 1837. Y para narrarla, la presento en dos partes: la vinculada al puente sobre el río homónimo, y la del lugar donde, según la época, hubo un apeadero, un enlace o una estación ferroviaria.
El puente sobre el Río Almendares
Cuando a un ferroviario que circula por las vías en dirección al sur de La Habana le mencionan el puente sobre el río Almendares, evoca al modesto puente de hierro que se observa desde la avenida Rancho Boyeros, justo a un costado del entronque de la CUJAE, cuya historia se remonta casi a 19 décadas atrás.
Junto al túnel o socavón, este puente fue una de las dos obras arquitectónicas más costosas e importantes del primer ferrocarril. Por cierto, ambas obras no distaban mucho más de una milla entre ellas.
En el lugar donde fue construido el puente, el río tenía 12 pies de profundidad más 20 o 30 de fango (un pie equivale, aproximadamente, a un tercio de un metro). La estructura de mampostería descansó sobre unos 200 pilotes y un encajonado cuyo interior fue vaciado con bombas de mano para que los operarios pudiesen trabajar dentro de él. Según la información ofrecida por los documentos de la época consultados, en la obra se emplearon más de dos mil varas cúbicas (la vara cúbica cubana equivale a 0.7 metros cúbicos) de piedra de sillería labrada, transportadas por el propio río, en una embarcación construida para ello.
La construcción del viaducto, con los carriles, se concluyó en marzo de 1837. Presentaba un arco de dovelas labradas de 50 pies de luz, 12,5 pies de sagita, un barandal situado a 30 pies de la superficie del agua, rematado por una balaustrada de piedra. Una bella obra que duró pocos: la destruyó en 1846 un ciclón, y fue sustituida por un puente de madera, más rústico y duradero.
En octubre de 1857 se concluyó en tramo de doble vía entre en puente de Almendares y la Aguada del Cura.
No tengo referencias acerca de si en lo que restaba del siglo XIX se realizó alguna otra intervención en esa obra ferroviaria, pero en marzo de 1903, el Ayuntamiento de Santiago de las Vegas le comunicó a la Comisión de Ferrocarriles el “pésimo” estado en que se encontraba el puente sobre el río Almendares de Ferrocarriles Unidos de la Habana, y la institución que regulaba el ferrocarril cubano le dio entre uno y cinco meses para reconstruir el viaducto. Finalmente, en 1904, la compañía Ferrocarriles Unidos de la Habana dio por concluida la renovación del puente, esta vez de metal y con doble vía, tal y como construyó otros similares en el occidente cubano.
Hoy, el puente que vemos, oxidado, con una sola vía y bastante maltrecho, es el mismísimo de 1904.
Aclaración: Estos dos puentes, el del primer ferrocarril y el de la calle 23 no han sido los únicos puentes sobre el río. El más destacado, tal vez, es el levadizo, que no existe hace muchos años.
Un lugar nombrado Almendares
Situado a unas 10 u 11 millas de Ciénaga según referencias de 1837, se encuentra un punto ferroviario nombrado Almendares, cuya historia a través de los años ha sido bien modesta.
El primer ferrocarril cubano, al salir de la estación provisional de Garcini —sobre la ubicación de Garcini he hablado en varias ocasiones, ahora solo diré que estaba paralela a la actual Avenida Carlos III o Salvador Allende y muy cerca del mercado de Carlos III— hacía pocas paradas en su tránsito hacia Bejucal: las primeras eran en Ciénaga (en el crucero de la calzada de Marianao), Los Filtros y la Aguada del Cura.
Ciénaga no ha cambiado de lugar, y la Aguada del Cura, un sitio intermedio en la línea, equipado para abastecer de agua a las locomotoras de v***r, estaba situado en lo que es hoy la entrada de la estación más antigua del aeropuerto José Martí.
El lugar de interés es Los Filtros, nombre dado al principio al segundo apeadero del del ferrocarril, pero que muy pronto se renombró Almendares.
Ubicar este punto exactamente no es fácil, ya que era una zona sin urbanizar. Según los documentos de la época, la construcción de la vía del primer ferrocarril se dividió en dos: de los Filtros a Bejucal (por donde comenzó la obra) y de los Filtros a La Habana.
A los Filtros, describe la prensa de 1837, se llegaba “…Saliendo de la Ciénaga se cruza otra vez la zanja Real del mismo modo que anteriormente y pasando por cerca del establecimiento de los filtros del acueducto de Fernando 7mo…”.
Ya para el 15 de mayo de 1838, el Diario de La Habana anunciaba: “…Desde el mismo día 21 saldrá el tren de pasajeros de Garcini á las siete de la mañana para estar de regreso a las once, deteniéndose lo preciso para tomar y dejar pasajeros en Villanueva, Almendares, Aguada del Cura, Rincón, Bejucal…”. Debo aclarar que por esos días le llamaban Villanueva a Ciénaga, que hacía las veces de parada, taller y almacén del ferrocarril.
Como la zona de la que nos ocupamos carecía de construcciones y urbanizaciones importantes, es muy probable que el uso de la parada, o apeadero Almendares, fuera, principalmente, para embarcar productos agrícolas locales.
En algún momento de la década del 40 se debe haber construido en Almendares una edificación más o menos rústica, pues el 1ro de junio de 1884 se inaugura una nueva estación ¿o apeadero?, situada al lado de la primera.
Sea como fuere, la importancia de este punto ferroviario fue devaluado poco después, cuando en 1896 la empresa Banco de Comercio, Ferrocarriles Unidos de La Habana y Almacenes de Regla (antecesora de Ferrocarriles Unidos de la Habana) construyó un andén en Capdevila con el objetivo de trasladar hacia allí el antiguo apeadero de Almendares. Ya hace muchos años no existe edificación ferroviaria alguna en Capdevila, punto no muy distante de Almendares.
Con lo dicho hasta ahora, y lo que falta por decir, es evidente que el tratamiento dado por años a Almendares, sin importan la época o empresa, fue siempre muy variable. Por ejemplo, en 1898, cuando la naciente Ferrocarriles Unidos de La Habana recibía legalmente las propiedades e instalaciones ferroviarias, al describir el tronco principal de la línea de la Habana, obvia Capdevila y menciona Almendares, sin especificar si es o no una estación.
Poco cambiaría la situación con los años, aunque entre 1911-12, cuando Havana Central construye la línea a Guanajay, que transitaba por Naranjito y Almendares, se intensifica de manera evidente el tráfico por la zona, y Naranjito, inmerso en una zona residencial en desarrollo, determinaría que Almendares quedara como un simple cruce o enlace ferroviario.
Veamos entonces los cambios de Almendares con el paso del tiempo.
Según el Boletín Semanal de Ferrocarriles Unidos de la Habana, Havana Central y Havana Terminal, entre 1922 y 1945, se le cita indistintamente como cruzamiento, enlace y estación Almendares, mientras que en 1925, se oficializa a Naranjito como estación ferroviaria
En 1959, el Boletín Semanal de Ferrocarriles Occidentales de Cuba, señala que Almendares es un enlace de la línea Eléctrica Guanajay-Almendares-Guanajay.
Ya en tiempos de Revolución, la Orden de Administración no. 4 de la Empresa de Ferrocarriles emitida en marzo de 1962, modifica la estructura organizativa de los servicios en las distintas estaciones y patios de la Habana, de manera que “las estaciones Central Viajeros, Central Carga y Arsenal, Paula, Regla, Cristina, Enlace de Gas, Ganado, Luyanó, Víbora, Ciénaga y Marianao, con sus dependencias y patios, en lo adelante conforman la Terminal Habana, que tiene como límites: por la Línea Norte, Cambute; por la Línea Güines, Martí; por la Línea Rincón, Naranjito; por la Línea Sur, Almendares, y por la Línea Guanajay, Marianao.
En los itinerarios de la década del 60 y 70 de Ferrocarriles de Cuba, suele prevalecer la mención de Almendares como enlace, siempre ejecutando funciones secundarias, situación que no varió con el paso de los años, incluyendo el período abarcado por el movilizador Programa de Desarrollo Ferroviario o la entrada al siglo XXI, y el entorno de Almendares tampoco propició cambios, pues a su alrededor, en vez de proliferar la urbanización, se fomentaron industrias, almacenes, oficinas, y el lugar quedó apartado aunque muy cerca de la céntrica avenida de Rancho Boyeros, pero sin otra comunicación que la vía férrea.
La transformación llegó a partir de 2014, con la creación de la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), que fomento cambios trascendentales en el movimiento económico y del transporte habanero, y demandó una infraestructura ferroviaria acorde al crecimiento inusitado del movimiento de cargas y trabajadores vinculados al puerto y el complejo industrial de la ZEDM.
Ese fue el sentido de la importante inversión de FERROMAR en la línea ferroviaria de doble vía entre La Habana y Mariel, inaugurada en 2014, y de la ya, definitivamente, ESTACIÓN ALMENDARES, reinaugurada el 16 de noviembre de 2016 y equipada con cómodas salas de espera, ampliaos patios ferroviarios y tecnología moderna. Devenida ahora nodo estratégico capaz de asimilar los retos que impone la Zona Especial de Desarrollo Mariel, la nueva edificación, juega un rol diferente en el transporte cubano.
Hermandad Ferroviaria
La Junta U FC
Linea Mariel.
FERPRO
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Ricardo Medina
Manuel Díaz Ceballos