Voces del campo

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Percibo cada  día menos carretilleros en La Habana. Seguramente traer la comida del campo a la ciudad  durante este vera...
10/06/2026

Percibo cada día menos carretilleros en La Habana. Seguramente traer la comida del campo a la ciudad durante este verano, con el combustible convertido en un lujo, es una hazaña titánica.

En 2017, más de 332 mil toneladas de alimentos se perdieron por déficit de transporte (ONEI / MINAG). Con el diésel y la gasolina aún más inaccesibles hoy, esa cifra no ha hecho más que crecer. Yo ahora mismo pienso en la cantidad de mango que se está pudriendo en todo el país y la cantidad de niños y ancianos que necesitan frutas en su dieta diaria.

Pero el problema no termina en el surco. En la ciudad, la venta se frena por la falta de efectivo, según me contaron algunos carretilleros. La medida de sacar turno para retirar hasta cinco mil pesos de los bancos , cada 10 días, ha resultado insuficiente. A eso se suma que los cajeros automáticos no funcionan por falta de electricidad o simplemente porque no hay billetes.

Es cierto que algunos vendedores aceptan transferencias, pero exigen usar la plataforma En Zona, que requiere conexión e internet estable. Y no siempre se tienen megas ni señal para concretar la operación.

Para que no se pierdan las cosechas en el campo, hacen falta créditos para que los productores adquieran medios de transporte que funcionen con paneles solares. Urge también pequeños sistemas de frío solar en comunidades rurales para conservar productos perecederos, centros de acopio descentralizados que funcionen con paneles fotovoltaicos, envases reutilizables y rústicos (como sacos de yute o cajones de madera) que no dependan de industrias paralizadas, y programas de cosecha escalonada ajustados a la capacidad real de mover y vender. Además, reconectar a los campesinos con redes de consumo local de proximidad —como mercados de finca o venta directa sin intermediarios— para que lo que no pueda salir a las cabeceras provinciales y la capital, al menos alimente a la comunidad cercana.

Lo cierto es que sin transporte, sin efectivo, sin frío ni acopio, el campo seguirá perdiendo lo que tanto cuesta sembrar. Y la mesa, esperando.

Cada 5 de junio el mundo levanta la mirada hacia un cielo que a veces se olvida de ser azul. Se habla de cifras, de acue...
06/06/2026

Cada 5 de junio el mundo levanta la mirada hacia un cielo que a veces se olvida de ser azul. Se habla de cifras, de acuerdos, de metas verdes que suelen no pocas veces quedarse en papeles brillantes. Pero no todos voltean hacia donde la Tierra aún respira hondo: hacia esos parajes celosamente custodiados por hombres y mujeres de sombrero de yarey y machete al cinto.

Hoy quiero que hablemos de la Cuba más pura y noble. De esos guajiros que conocen el nombre de cada ave antes del alba, que saben cuándo la lluvia se acerca por el olor del viento y que guardan, en frascos de vidrio y en la memoria más antigua, semillas que el mercado global quiso extinguir.

En un rincón de la sierra o en un valle escondido de Pinar del Río, el campesino cubano no solo cultiva la tierra: la corteja. La besa con el arado y la escucha con el sosiego de quien entiende que el monte no es un recurso, sino un familiar de muchos años. Son celosos de sus parajes, sí. Pero no por egoísmo. Los cuidan como se cuida un secreto a voces: porque saben que donde nace un río o germina una semilla criolla, ahí está la farmacia, la despensa y la escuela de la vida.

Ellos son los guardianes de lo ancestral. No necesitan manuales de sostenibilidad escritos en ciudades lejanas. Heredaron de sus abuelos la técnica de rotar cultivos, de respetar las fases de la luna, de no herir a la tierra con venenos que matan hasta el recuerdo de lo vivo. En sus manos, el maíz, la yuca de monte, el frijol colorado, siguen vivos. Cada semilla es un grito silencioso contra la homogeneización del planeta.

Y mientras el mundo industrial ensaya sus discursos ecológicos, estos campesinos ya están en comunión profunda con la naturaleza. No la visitan los fines de semana. No la admiran desde una ventana con aire acondicionado. Amanecen con ella, transpiran con ella, y cuando la noche cierra sobre el tabaco tendido o el café recién recogido, le dan las gracias con un silencio que sabe a pacto sagrado.

En el Día Mundial del Medio Ambiente, la foto más hermosa está en el batey de una finca cubana donde un campesino reverencia una semilla antes de sembrarla, donde un niño aprende que la tierra no se posee, se acompaña. Está en la mirada celosa de quien ha visto cómo el bosque cura heridas y cómo la semilla ancestral resiste huracanes, bloqueos y olvidos.

Por eso, este 5 de junio, celebremos también a esos héroes de pies descalzos y corazón montuno. Porque mientras ellos existan, mientras guarden sus parajes como quien guarda un santuario, el planeta tendrá todavía una oportunidad. Una oportunidad que sabe a tierra mojada, a semilla que despierta y a futuro posible.

Gracias, campesinos de Cuba, por enseñarnos que cuidar el medio ambiente no es una moda: es una memoria que se niega a morir.

A las mujeres que hacen florecer la tierra y vivir el rebaño cubanoEn cada surco y en cada potrero de la Isla hay una hi...
04/06/2026

A las mujeres que hacen florecer la tierra y vivir el rebaño cubano

En cada surco y en cada potrero de la Isla hay una historia de paciencia y coraje. No siempre se ve desde el camino, pero ustedes, mujeres agricultoras y ganaderas de Cuba, son la raíz más firme de nuestros campos.

Con las manos curtidas por el sol —unas para sembrar, otras para ordeñar, muchas para ambas— y el corazón sembrado de futuro, cultivan y crían mucho más que alimentos: cultivan soberanía, resistencia y ternura en tiempos de sequía o bonanza. Saben de ciclos, de lluvias justas, de semillas criollas que guardan memorias, y también saben de partos en la madrugada, de cercos que revisar, de terneros que proteger del calor o del frío.

Son ustedes las que, antes del alba, ya andan entre la yuca, el boniato, los frijoles o el tabaco. Y también las que caminan el pastizal con el balde o la vara, sabiendo que cada litro de leche es un acto de entrega. Las que cargan el peso físico de la cosecha y el peso simbólico de sostener una familia, una comunidad, y a veces un país entero que aprende a mirar sus campos y sus hatos con nuevos ojos.

En un año que el mundo dedica a reconocer a la mujer agricultora, miramos a Cuba y las vemos allí: campesinas, cooperativistas, científicas del suelo, guardianas del plátano y la malanga, herederas de la tradición y también pioneras de la agroecología. Las vemos también en la vaquería, en la inseminación artificial, en el manejo del pasto, en la cura del animal herido. Esa mano que siembra es la misma que amansa.

Porque lo hermoso de ustedes no es solo lo que hacen brotar de la tierra o crecer del rebaño, sino lo que siembran en nosotros: la certeza de que cuidar la vida —vegetal o animal— es un acto político y profundamente amoroso.

Gracias, mujeres del campo cubano, ganaderas y agricultoras, por enseñarnos que el boniato más dulce y la leche más fiel crecen donde también hay lucha, dulzura y esperanza.

El vandalismo que hay que frenarA partir de informaciones publicadas en medios oficiales cubanos , se ha evidenciado un ...
04/06/2026

El vandalismo que hay que frenar

A partir de informaciones publicadas en medios oficiales cubanos , se ha evidenciado un aumento de hechos delictivos en el sector agropecuario, incluyendo robos de cultivos, sacrificio ilegal de ganado mayor y menor (vacas y caballos), así como actos de vandalismo contra la propiedad y la infraestructura productiva. Estas conductas, denunciadas por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y fiscalías territoriales, afectan directamente la producción de alimentos y generan un clima de inseguridad en zonas rurales, donde muchas fincas son administradas por mujeres en condiciones de aislamiento y vulnerabilidad.

Los testimonios recogidos en zonas rurales de Cuba confirman que el robo de bueyes ha llegado a niveles tan extremos que muchos campesinos han tenido que invertir en motocultores porque les han robado todas las yuntas. Como me han dicho varios agricultores: "para que un animal esté seguro hoy en el campo, hay que tenerlo metido debajo de la cama". La frase, dura pero real, refleja la impotencia ante una inseguridad que no cede.

Campesinos advierten la existencia de pandillas organizadas que operan en zonas agrícolas con métodos violentos. Estas bandas no solo roban cultivos y ganado, sino que han cobrado vidas humanas: campesinos que salieron a defender su propiedad han sido agredidos físicamente, y en varios casos asesinados. Las mujeres, al frente de muchas fincas por el éxodo masculino hacia la ciudad, quedan en una situación aún más vulnerable.

De no aplicarse con urgencia medidas efectivas que garanticen la seguridad personal y patrimonial en el campo —incluyendo mayor presencia policial, iluminación, cercado perimetral, control de mataderos ilegales y sanciones ejemplarizantes— es previsible que el éxodo rural se acelere, con mujeres campesinas abandonando sus tierras por temor a represalias. Esto agravaría la improductividad del sector primario, ya golpeado por la falta de insumos y combustible, profundizando la dependencia alimentaria del país. La denuncia es contundente: sin seguridad en el campo, no hay soberanía alimentaria posible.

En Cuba, un grupo de científicos y campesinos liderado por el Dr. Giraldo Martín Martín ha logrado algo que parecía impo...
30/05/2026

En Cuba, un grupo de científicos y campesinos liderado por el Dr. Giraldo Martín Martín ha logrado algo que parecía imposible: cultivar papa sin usar químicos importados ni dañar el medio ambiente.

Durante años se creyó que la papa solo podía crecer con fertilizantes y venenos comprados en el extranjero. Pero Giraldo y su equipo rompieron ese mito. Usando abonos orgánicos y bioproductos nacionales, han sembrado papa agroecológica en nueve provincias y más de 130 fincas.

El corazón de esta historia está en Villa Clara, en el Instituto de Biotecnología de las Plantas. Allí, dentro de tubos de ensayo, la papa "resucita" libre de virus. El gran desafío ahora es producir semilla nacional suficiente para no depender de importaciones.

Además, para que la cosecha no se pierda, proponen un sistema de conservación revolucionario: pequeñas cámaras de refrigeración que funcionan con energía solar. Así, entre varios campesinos pueden ponerse de acuerdo en la adquisición de estas y guardar semillas sin depender de grandes frigoríficos que consumen mucha electricidad. Es una solución descentralizada, cooperativa y limpia.

Aunque el rendimiento por hectárea es menor que el método convencional, el costo de producción es mucho más bajo y no contamina el suelo. Para las familias campesinas, esto significa volver a tener puré de papa los domingos sin arruinar la tierra.

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Felicitación

Querido Giraldo, Leidy y todo el equipo:

Gracias por su lucha silenciosa pero heroica. Ustedes han demostrado que se puede llevar papa a la mesa del cubano sin quemar el suelo ni envenenar el agua. Su papa ecológica, conservada además con energía solar, no es solo un tubérculo: es un acto de soberanía, de amor por la tierra y de dignidad. Que el 30 de mayo, Día Internacional de la Papa, los encuentre sembrando más esperanza en cada surco. ¡Adelante, que el puré de los domingos vuelve a oler a patria!

24/05/2026

La grabación de una cámara trampa instalada en una zona boscosa de las montañas de Chile se volvió viral en redes sociales y dejó a millones de personas hablando durante días. Lo que debía ser una simple investigación sobre animales salvajes terminó captando una historia inesperada que muchos describieron como una de las escenas más conmovedoras registradas por una cámara en la naturaleza.

La cámara había sido colocada por un pequeño grupo de guardabosques que estudiaba los movimientos nocturnos de pumas y zorros. Estaba sujetada a un árbol alto, frente a un estrecho sendero rodeado de arbustos y rocas. Funcionaba automáticamente, activándose con cualquier movimiento.

Durante varias semanas registró escenas normales: ciervos caminando lentamente, aves bajando a buscar comida y algunos zorros cruzando entre la vegetación. Nada fuera de lo común.

Pero una madrugada, exactamente a las 2:43 AM, ocurrió algo extraño.

Las imágenes mostraban a un perro mestizo de color marrón apareciendo lentamente por el sendero. Se veía muy delgado y cansado. Llevaba una vieja correa rota colgando del cuello, señal de que probablemente había pertenecido a alguien. Caminaba con dificultad y se detenía cada pocos pasos.

Miles de personas que luego vieron el video comentaron lo mismo: parecía perdido.

El perro avanzó unos metros y de repente se acostó junto a una roca. Parecía demasiado agotado para continuar.

Durante varios minutos no ocurrió nada.

Entonces apareció algo entre los árboles.

Era una hembra de zorro.

Los guardabosques pensaron inicialmente que el zorro se acercaría por curiosidad o incluso para ahuyentar al perro de su territorio. Pero lo que sucedió sorprendió a todos.

La zorra se acercó lentamente y mantuvo cierta distancia observándolo. El perro levantó la cabeza apenas unos centímetros, pero estaba demasiado débil para reaccionar.

La zorra desapareció entre la vegetación.

Unos minutos después volvió.

Llevaba algo en la boca.

Era un pequeño trozo de comida.

Lo dejó cerca del perro y retrocedió.

El perro tardó unos segundos en reaccionar. Olfateó el suelo y comenzó a comer lentamente.

Los investigadores pensaron que se trataba de una coincidencia.

Pero la historia no terminó ahí.

Las grabaciones de las siguientes dos noches mostraron exactamente la misma escena.

A horas parecidas, la zorra volvía a aparecer cerca del sendero y dejaba pequeños restos de alimento cerca del perro.

El animal parecía recuperar fuerzas poco a poco.

Al cuarto día, el perro ya podía caminar nuevamente.

En la última grabación, registrada a las 5:18 de la mañana, ambos animales aparecieron juntos durante unos segundos. El perro caminó lentamente por el sendero mientras la zorra avanzaba unos metros detrás.

Luego el perro desapareció fuera de la imagen.

La zorra permaneció inmóvil observando el camino vacío durante unos segundos antes de regresar al bosque.

Después de que los guardabosques compartieron el video, millones de personas quedaron emocionadas.

Porque aquella pequeña cámara escondida entre árboles recordó algo que muchos olvidan: a veces los actos más inesperados aparecen en los lugares donde nadie está mirando.

A los animalitos hay que darles amor, pero PRINCIPALMENTE COMIDA. Sin ensilajes y henos de calidad, el verano se lleva e...
24/05/2026

A los animalitos hay que darles amor, pero PRINCIPALMENTE COMIDA. Sin ensilajes y henos de calidad, el verano se lleva el hato. Pero aquí el problema no es solo el sol: es el latrocinio.

Datos frescos (ONEI + realidad 2025): Cuba ha perdido más de 900,000 vacas desde 2019. Quedan apenas 2.9 millones de cabezas. Y en solo un año reconocen 27,000 animales robados… pero los productores dicen que eso es la tercera parte de lo real. El primer semestre de 2025 rompió récord de delitos rurales: bandas armadas, sacrificios ilegales cada dos días.

Entonces, ¿para qué hago ensilaje si me vacían la vaquería en una noche?

Soluciones (no más cuentos):

1. Rastreo digital obligatorio — Cada res con arete electrónico y registro en blockchain accesible para fiscalía y productor. Si una vaca no está en su potrero a las 3 am, que salte una alerta.
2. Policía rural motorizada y armada — No un vigilante con una linterna. Patrullajes sorpresa en los horarios de matanza (madrugada).
3. Mercado legal de carne — El latrocinio existe porque la oferta oficial es ridícula. Abrir mataderos municipales con precios de referencia mata al caco.
4. Créditos atados a conservación — El que no construya silo o fosa de ensilaje, no recibe ningún beneficio.
5. Cárcel efectiva — Las multas no duelen. Que se sepa: robar una vaca son 10 años, sin remisión.

El amor no llena el comedero, pero el orden sí.

Renacer agroecológico en el oriente cubano: un proyecto que avanza pese a las limitacionesEn las provincias más azotadas...
20/05/2026

Renacer agroecológico en el oriente cubano: un proyecto que avanza pese a las limitaciones

En las provincias más azotadas por el huracán Melissa, cuarenta familias campesinas intentan recomponer el tejido productivo con un enfoque distinto: menos dependencia de combustibles fósiles, más autonomía y saberes locales. Detrás de ese esfuerzo opera el Instituto Caribeño de Agroecología (ICA), una organización que desde 2005 trabaja en la isla y que hoy concentra sus recursos en la recuperación agroecológica del oriente cubano.

Su directora ejecutiva, Margarita Fernández, explica que el proyecto “Renacer agroecológico del campo oriental” comenzó a ejecutarse con el objetivo de restaurar infraestructuras dañadas por el meteoro y, al mismo tiempo, fortalecer la resiliencia climática de las fincas. “No se trata solo de volver a producir, sino de hacerlo de manera más sostenible”, afirma.

Las acciones incluyen la entrega de kits de herramientas (azadas, machetes, picos, limas, sacos, sogas y cables), insumos para cultivos como semillas y bolsas de posturas, así como materiales para reparar espacios productivos, entre ellos láminas y clavos. También se han distribuido selladoras y biotrituradoras, destinadas a la conservación de alimentos y la elaboración de pienso animal.

Según los datos aportados por Fernández, la mayor parte del presupuesto se invirtió en equipamiento: limpieza de terrenos, reparación de instalaciones para conejos, cabras y vacas, producción de posturas frutales, así como la adquisición de motosierras. Aunque las limitaciones de combustible retrasaron la logística, desde febrero de 2026 todos los equipos están en manos de los campesinos beneficiarios.

Los resultados esperados para este proyecto incluyen rehabilitar la infraestructura productiva de las cuarenta fincas, alcanzar una producción mínima de una tonelada por hectárea en el primer año y duplicarla en el segundo, además de capacitar a las familias en manejo poscosecha, reducción de pérdidas y diseño de sistemas resilientes.

Más allá de esta iniciativa, el ICA mantiene otras líneas de trabajo en el país. En el municipio de Cabaigüán, por ejemplo, colabora con la Fundación Antonio Núñez Jiménez, el CITMA y la Universidad de Sancti Spíritus en un proceso de fortalecimiento de la gobernanza local para la territorialización de la agroecología. Como resultado de esa investigación-acción participativa surgió el Colectivo Agroecológico Cabaigüán, una plataforma multiactoral que da seguimiento a las acciones acordadas.

Además, la institución apoya el aumento de la resiliencia energética en fincas rurales y organopónicos urbanos mediante paneles solares, aerogeneradores, sistemas de riego fotovoltaicos y motos eléctricas. Fernández subraya que, en el contexto actual de escasez de combustible, invertir en un sistema agroalimentario menos dependiente de los fósiles resulta una urgencia, no una opción diferida.

Formada en ecología social por la Universidad de Yale y doctorada en agroecología por la Universidad de Vermont, la directora del ICA lleva casi tres décadas vinculada a la isla. En 1998 viajó a La Habana para conocer el movimiento de agricultura urbana, y desde entonces ha trabajado como consultora para organismos internacionales y, desde 2014, al frente del instituto que hoy dirige.

“Cuba tiene una trayectoria tangible en agroecología”, afirma Fernández. “Existen conocimientos y modelos exitosos, pero requieren apoyo financiero y técnico para amplificarse. Nosotros trabajamos codo a codo con los líderes de este movimiento, con base en la transparencia, la confianza y la solidaridad”.

El ICA ha documentado parte de esa experiencia en el documental Nuestra Agroecología, Nuestro Futuro, donde campesinos y expertos cubanos narran los éxitos y desafíos de este enfoque en el país.

Hay formas de trabajar la tierra que son, en esencia, formas de entenderse a uno mismo. La agricultura circular no es so...
19/05/2026

Hay formas de trabajar la tierra que son, en esencia, formas de entenderse a uno mismo. La agricultura circular no es solo una técnica ni un conjunto de buenas prácticas. Es, ante todo, una reconciliación. Un pacto renovado entre el ser humano y el suelo que lo sostiene.

Este modelo nos devuelve a una verdad antigua, casi olvidada: en la naturaleza no existe el desperdicio. Lo que unos desechan, otros lo convierten en vida. El residuo de un cultivo es el abono del vecino. El agua que fluye no se posee, se acompaña. En ese flujo constante, la agricultura circular encuentra su gramática: todo se conecta, nada sobra, todo vuelve.

Lo más hermoso de este enfoque es su humildad. No se impone a la tierra; se pone a su servicio. No busca exprimir hasta el último fruto, sino aprender el ritmo de las estaciones, escuchar lo que cada terrero necesita, saber cuándo sembrar y cuándo dejar descansar. Es una agricultura que calla para oír.

Y en ese silencio surge una pregunta incómoda: ¿por qué hemos tardado tanto en volver a lo elemental? Durante décadas, la producción masiva nos hizo creer que más era mejor. Se alargaron los cultivos fuera de su tiempo. Se trajeron especies a tierras que no las pedían. Se inundaron los campos de químicos mientras la tierra, callada, se iba agotando. Pero el conocimiento siempre ha estado ahí, esperando.

Por eso hay lugares que se convierten en faro. Uno de ellos está en el corazón de Cuba. En Taguasco, Sancti Spíritus, la finca del Medio es hoy una finca escuela donde la agricultura circular, día a día, deja de ser un sueño para convertirse en realidad. Allí, la familia Casimiro ha entendido que cerrar el círculo no solo implica aprovechar los residuos y el agua, sino también la energía. Gracias a molinos de viento y paneles solares, ya se autoabastecen. El viento y el sol, dos fuerzas gratuitas e inagotables, se han vuelto cómplices de sus cultivos. No dependen de combustibles lejanos ni de redes inestables. Son dueños, en buena medida, de su propio destino energético.

Pero hay una historia anterior que merece ser contada. Casimiro padre, el hombre que un día se fue a la finca del Medio a fundar un paraíso, vivió con su familia sin electricidad un tiempo considerable. Esa experiencia, que para muchos sería una carencia, para él fue una escuela. Aprendió a medir la noche, a respetar los ritmos, a encontrar en la austeridad una forma de libertad. Y de esa escuela nació una certeza que hoy comparte con quien llega hasta allí: las tecnologías apropiadas, el uso de las fuentes renovables de energía, además de ofrecer soberanía energética, también tienen su parte de diversión y disfrute de los pequeños detalles. Él lo dice claro, con la sencillez de quien ha cocinado con el sol: el horno solar, en este caso que el sol sobra, debe ser incluido en la cultura del entretenimiento gourmet. Lo recomienda. Porque cocinar con la luz que cae del cielo no es solo un acto eficiente, es un acto hermoso. Tiene algo de magia, algo de infancia recuperada, algo de fiesta.

En esa finca se enseña con el ejemplo: los residuos orgánicos se transforman en abono, el agua se mide y se cuida, la tierra descansa y produce sin agotarse, y la energía que mueve el campo nace del mismo aire y la misma luz que alimentan las plantas. El horno solar, humilde y brillante, es el símbolo perfecto: no hay desperdicio, no hay humo, no hay dependencia. Solo sol, paciencia y el sabor de lo hecho con las manos limpias.

No es una utopía. Es un aula viva. Es la prueba de que otro modelo es posible, incluso en medio de las limitaciones.

La agricultura circular no demoniza el progreso. Solo recuerda que ningún avance verdadero puede construirse contra la naturaleza que lo acoge. Por eso apuesta por lo local, por lo de temporada, por lo cercano. No por nostalgia, sino por inteligencia. Consumir lo que da la tierra en su momento justo no es un gesto romántico: es una estrategia de supervivencia.

Al final, este modelo nos habla de algo más profundo que la producción de alimentos. Nos habla de límites. De saber que el planeta no es inagotable. De entender que cada cosecha lleva consigo una historia de agua, de sol, de manos, de viento y de tiempo. Y que mientras más respetemos esa historia, más digno será nuestro sustento.

La agricultura circular no inventa nada nuevo. Solo recupera la sabiduría que siempre estuvo ahí, esperando que dejáramos de gritar para volver a escuchar. Y en la finca del Medio, esa sabiduría ya tiene nombre, tiene tierra, tiene energía limpia, tiene horno solar y tiene futuro. Casimiro padre lo sabe bien: primero fue la noche sin electricidad. Luego, el paraíso.

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