08/07/2026
Mateo caminó lentamente por el parque hasta detenerse detrás de un gran árbol. Desde allí observó a dos niños sentados en una banca. Valeria lloraba en silencio, con la mirada perdida y las manos temblorosas. Mateo abrió su mochila, sacó un sándwich, una manzana, unas galletas y, finalmente, un sobre lleno de dinero. Sin pensarlo dos veces, lo puso en las manos de la niña.
—No tengo cómo pagar mi tratamiento… —susurró Valeria entre lágrimas.
Mateo le sonrió con ternura.
—Quédate con esto. Lo necesitas mucho más que yo.
Valeria rompió en llanto y lo abrazó con todas sus fuerzas, sin imaginar que alguien había sido testigo de aquel gesto.
Horas más tarde, Javier esperaba a Mateo en el comedor de la casa. Sobre la mesa sostenía el mismo sobre, donde podía leerse claramente: «Para el tratamiento de Valeria». Su expresión era dura mientras miraba a su hijo.
—¿De dónde salió todo este dinero que llevabas escondido? —preguntó con firmeza.
Mateo bajó la cabeza y respondió con la voz entrecortada.
—Valeria está muy enferma… y nadie podía ayudarla.
Las palabras golpearon el corazón de Javier. Lentamente bajó el sobre, sus ojos se llenaron de lágrimas y abrazó con fuerza a su hijo.
—Perdóname, hijo… creí que hacías algo malo, pero solo estabas haciendo el bien.