02/10/2026
| La voz que cruza fronteras
Esta semana, un 🇪🇨 ecuatoriano (de Loja) volvió a poner el nombre de nuestra ciudad en un escenario internacional.
Interpretando a Camilo Sesto, se coronó campeón de Panamá.
Ya había ganado en . En 2023 lo hizo en . Y ahora vuelve a hacerlo en . Tres triunfos internacionales interpretando al mismo artista.
Hay motivos de sobra para celebrar. Pero mientras veía la noticia, pensaba en otra cosa.
Una cosa es tener voz
Otra muy distinta es atreverse a usarla frente a otros. El intérprete ecuatoriano tenía la música desde niño. Cantaba, participaba en concursos y llevaba años imitando a Camilo Sesto.
Pero hubo un momento en que la música dejó de ser su actividad.
Después de la pandemia vendió pan, intentó levantar una pizzería y terminó trabajando como bodeguero en una empresa farmacéutica.
Hasta que apareció una oportunidad para volver a subirse a un escenario. Y aquella oportunidad lo llevó a Chile. Ganó.
Ahora acaba de ganar en Panamá.
Y aquí es donde su historia me interesa especialmente.
Porque muchas personas tienen una voz, pero no necesariamente se atreven a usarla.
Tienen conocimiento,
experiencia,
buenas ideas.
Incluso cosas que podrían ayudar a otros.
Pero cuando llega el momento de hablar frente a los demás aparece el miedo:
¿Y si me equivoco?
¿Y si me juzgan?
¿Y si no me entienden?
Y entonces se callan
Por eso, cuando hablo de entrenar la voz, no estoy hablando de aprender a cantar -necesariamente-.
Estoy hablando de algo mucho más cotidiano:
aprender a expresarnos, relacionarnos y ocupar nuestro lugar frente a otros.
Es la voz con la que presentamos una idea ante una junta directiva.
La que utilizamos para negociar.
La que necesitamos para liderar una reunión. La que ponemos frente a una cámara cuando tenemos algo importante que decir.
La que necesitamos para defender una idea aunque sepamos que no todos estarán de acuerdo.
El "Camilo Sesto" ecuatoriano ha llevado su voz de Loja a Ecuador, Chile y Panamá.
Ha cruzado fronteras
Pero su historia me recuerda que también existen otras fronteras.
Las que ponemos entre lo que pensamos y lo que nos atrevemos a decir.
Entre lo que sabemos y lo que mostramos. Entre el miedo a ser juzgados y la decisión de ocupar nuestro lugar. Porque la voz no solamente sirve para que nos escuchen. También sirve para conectar.
Y esa voz, aunque a veces no lo parezca, también se puede entrenar.
Tal vez la pregunta no sea:
¿Tienes algo que decir?
Sino:
¿Qué estás dejando de decir porque todavía no te atreves a usar tu voz?