24/06/2026
Creo que el concepto de la fe es una de las ideas menos entendidas que tenemos; malentendida no sólo por el mundo sino por la iglesia misma. La base de nuestra redención, la forma en que somos justificados por Dios, es a través de la fe. La Biblia nos habla constantemente acerca de la fe, y si entendemos mal eso, estamos en un serio problema.
El gran tema de la Reforma protestante en el siglo XVI fue: ¿Cómo es justificada una persona? La polémica posición de Lutero fue que somos justificados sólo por fe. Cuando dijo eso, muchos de los piadosos líderes de la iglesia católica romana se inquietaron mucho. Dijeron: “¿Significa eso que una persona puede sencillamente creer en Jesús y luego vivir como quiera?”
En otras palabras, la iglesia católica romana reaccionó ferozmente porque temió que la visión de Lutero fuera entendida como asunto de creencia facilista en que una persona sólo tendría que creer y jamás preocuparse de rendir frutos de justicia. Era crucial que aquellos que estaban involucrados en la Reforma protestante definieran cuidadosamente lo que querían decir al hablar de fe salvadora. De modo que se pusieron a estudiar y enfocaron sus estudios en el Nuevo Testamento, específicamente sobre la palabra griega pistein que significa “creer,” y pudieron diferenciar tres aspectos distintivos de la fe bíblica.
El primero es el término latino notitia: “creer en los datos” o la información. Es una consciencia intelectual. No se puede tener fe en nada; la fe debe tener contenido. Debemos creer en algo o confiar en alguien. Cuando decimos que una persona es salva por fe, algunos dicen: “No importa lo que creas mientras seas sincero.” Eso no es lo que la Biblia enseña. Lo que usted crea importa profundamente. ¿Qué pasaría si yo creyera que el diablo es Dios? Eso no me salvaría. Debo creer en la información correcta.
El segundo aspecto de la fe es lo que llaman assensus, o asentimiento intelectual. Debo estar persuadido de la veracidad del contenido. De acuerdo a Santiago, aun si estoy consciente de la obra de Jesús, convencido intelectualmente de que Jesús es el Hijo de Dios, que murió en la cruz por mis pecados y que se levantó de entre los mu***os, hasta ese punto sólo calificaría para ser un demonio. Los demonios reconocen a Jesús, y el diablo mismo conoce la verdad de Cristo, pero no tienen fe salvadora.
El elemento crucial y más vital de la fe salvadora, en el sentido bíblico, es el de la confianza personal. El último término es fiducia, que se refiere a un compromiso fiduciario a través del cual pongo mi vida en el regazo de Jesús. Confío en él y sólo en él para mi salvación. Ese es el elemento crucial, que incluye lo intelectual y lo mental, pero va más allá, llegando al corazón y a la voluntad de manera que la persona entera se ve envuelta en esta experiencia que llamamos fe.
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R. C. Sproul, ¡Qué buena pregunta!