09/06/2026
EDITORIAL
Las caras largas de la derecha latinoamericana van a tono con el clima de Quito-Ecuador, que pasa de mañanas de lluvia temprana a un calor abrazador, o tardes de tormentas; además se acompaña al ánimo de su mentor, el presidente Donald Trump, que está perdiendo rápidamente el poder de manipular, al igual que su cabeza cuando le contradicen, inclusive en público. Si bien la atención de la cultura global está sobre el Mundial de Fútbol 2026; el escenario está marcado por una intensa incertidumbre electoral y polarización ideológica, donde la atención corporativa se centra en mitigar los impactos de los ciclos económicos-políticos; las presiones fiscales, el crimen organizado y la erosión democrática son las principales vulnerabilidades que condicionan las decisiones de inversión global y regional.
La corrupción, fruto de un pensamiento de poseer más que el resto, para lo cual el sistema juega con marquesinas y luces de neón, para deslumbrarnos; mientras que la globalización le unificó los mercados a nivel mundial, con el consiguiente apoyo ideológico, marcado por un exacerbado individualismo, las taras sociales como la xenofobia, libertad de opción de género, entre otros, y la respuesta a una política global de posicionamiento a todo lo diferente y el miedo a la inseguridad; todo ello acrecentado por el uso de tecnología de punta, como la de Inteligencia Artificial, aplicada por Palantir Tecnologies.
Esto enmarca una violencia política han debilitado la representatividad en múltiples democracias, aprovechada por movimientos de ultraderecha; el retorno de corrientes conservadoras y movimientos populistas. Así se fue consolidando una corriente de derecha, con un patrón, la derecha lograba dar una teórica opción, pero a la vuelta de esquina, los pueblos, se encontraban las mismas recetas neoliberales. Pasó en Argentina con Javier Milei, Bolivia, Rodrigo Paz; Chile, José Antonio Kast; Costa Rica, Rodrigo Chaves; Ecuador, Daniel Noboa; El Salvador, Nayib Bukele; Guayana, Mohamed Irfaan Ali; Honduras, Nasry Asfura; Panamá, José Raúl Mulino; Paraguay, Santiago Peña; República Dominicana, Luis Abinade, y en Trinidad y Tobago, Christine Kangaloo. La derecha se frotaba las manos, y Trump festejaba con un “Escudo para las Américas”.
La agenda neoliberal repercute en la estabilidad fiscal, meta ciega de la macroeconomía a fin de mantener recursos en la caja fiscal para atender el pago de la deuda externa, en desmedro de la entrega de servicios básicos, a costos accesibles, una política de arrasar los recursos naturales, derechos laborales precarizados, desaparición de lideres sociales, con el pretexto de una lucha contra la “inseguridad y el narcotráfico”. Mientras los sectores más pauperizados, esperan por empleo, salud, educación, seguridad.
Pero la realidad es necia decía Vladimir Ilich Uliavanov (LENIN), y los pueblos se movilizan, aclaran sus mentes; por ello se evidencia un giro en América Latina y las luchas en Chile, Bolivia, Ecuador, junto a los procesos electorales en Perú y Colombia; cabe resaltar que la agenda de Trump, es ir cercando a gobiernos progresistas como el de Brasil. Un capítulo aparte merece el análisis de las masivas, continuas y más agudas manifestaciones, al interior de los EEUU, contra el ICE, la guerra de agresión contra Irán y otros pueblos, y la más fuerte que se viene el 14 de junio, del movimiento No Kings; que no dejan de señalar el rol de Trump, en el caso Epstein.