24/11/2025
Nos acaban de publicar una reseña del libro Historia del Pinsapar de la sierra del Pinar (Editorial La Serranía, 2024), de Juan Clavero y José Manuel Astillero, en la revista Razones de Utopía, de la Fundacion Legado de las Cortesn Facua, escrita por Antonio Zoido. La reproducimos a continuación:
LIBRO DESTACADO
Paraíso cerrado, jardín abierto. Historia del pinsapar de la sierra del Pinar. José Manuel Astillero y Juan Clavero.
Hace unos meses, en la presentación del libro que traemos a estas páginas, Miguel Delibes dijo que un día de claridad extraordinaria había visto el Torreón, el pico más alto de esta sierra desde Doñana. Yo lo veo casi todos los días al levantarme en Mairena del Aljarafe. Está frente a mi ventana, inerme en apariencia desde los tiempos nebulosos de la cosmogénesis porque nos parece muy normal investigar las vicisitudes de la vida de un país, de una ciudad, de una población, de una familia o de una persona pero no es frecuente encontrar que alguien haga lo mismo con un enclave natural o un paraje aunque éste sea singularísimo como lo es el desmedido bosque de pinsapos del Pinar de Grazalema; parece como si esto fuera algo que hubiera de quedar necesariamente dentro de los estáticos límites de la Geografía Natural. Y, sin embargo, es todo lo contrario: un jirón del territorio en el que durante siglos ha hervido la vida. Algo así pero en el terreno de la novela sólo recuerdo que se adentrara el arcense José de las Cuevas en su libro “Historia de una finca”.
Pues a esa introspección, sin concesión alguna a la literatura de ficción y ecorriendo más de medio milenio es a lo que han metido mano José Manuel Astillero Ramos y Juan Clavero Salvador para sacar a la luz una obra ciclópea de más de 500 páginas: “Historia del pinsapar de la Sierra del Pinar” y contar lo que a lo largo de esos siglos ocurrió en el reino sin par de una especie arbórea tan rara como la del pinsapo, abeto que viajando a lo largo de decenas de miles de años enraizó aquí, en Andalucía, tras llegar no desde las tierras nórdicas sino desde las sureñas.
La historia que desvelan los autores es todo lo contrario que lineal y en ella intervienen estamentos, personas, oficios e ingenios de todo tipo para cumplir los papeles más diversos a lo largo de ciclos que parecen inmóviles y, sin embargo, se acompasan, desde el más hondo rincón de la serranía gaditana, con lo que sucede en la Sevilla americana, en la Corte madrileña de los Austria o los Borbones, en los astilleros y tarasanas o en las covachuelas de quienes imaginaban nuevas formas para nuevos horizontes. Ahí donde lo ven el Pinar fue la mayor “fábrica” del hielo que necesitaban las clases altas de una sociedad tan sofisticada como la sevillana del XVII o la gaditana del XVIII.
Estoy convencido de que estos pinsapos fueron, desde una antigüedad remota, árboles sagrados de la misma familia cuyo culto persiguió el emperador Carlomagno, aquel que no pudieron erradicar los soldados y al que no hubo más remedio que bautizar. De aquello queda aun el villancico O Tanenbaum que se escucha en los centros comerciales de medio mundo para incentivar compras masivas de juguetes de plástico. ¡Así es la vida!
Gracias a eso pervivió este tesoro natural. Y humano, porque los autores no se han olvidado de las gentes que lo poblaron, algunos de ellos con las trazas y perfiles del Juan Lobón de Luis Berenguer y algunos inocentes del otro Miguel Delibes, el padre del Miguel que, en Benamahoma, a finales del año pasado, hizo de partera de este libro que, con casi 600 páginas, pesa demasiado para llevarlo en una mochila pero resulta un compañero indispensable de todo el que quiera explorar este mundo, visible algunas veces desde Doñana, muchas desde la cornisa del Aljarafe pero que sigue siendo un paraíso cerrado para muchos y un jardín abierto para pocos.