14/06/2026
No es fácil envejecer.
Aprendes a ir más despacio, a despedirte de quien fuiste y a reconocer a quién eres.
Cuesta aceptar el nuevo rostro, habitar el cuerpo que cambia y soltar la vergüenza, los prejuicios y el miedo al paso del tiempo.
No es rendirse. Es permitir que la vida siga su curso: que se vaya quien deba irse y que se quede quien elija quedarse.
También es aprender a estar solo sin sentirse vacío, a no esperar nada de nadie y a sostenerse frente al espejo sin huir.
Es entender que todo cambia, que todo termina, y aun así seguir.
Despedirse, recordar, llorar hasta vaciarse.
Y después, volver a sembrar: nuevas ideas, nuevas sonrisas, nuevas ganas de vivir.