16/05/2026
“El influencer”
Esto es una breve reflexión en la que no pretendía abarcar toda la complejidad que el tema merece. Un simple coloquio.
Dicho esto, quería añadir algo que me quedó pendiente. Históricamente, las figuras de adoración siempre han respondido a lo que cada sociedad necesitaba o valoraba.
En épocas donde la supervivencia dependía de la guerra, se adoraba al guerrero. Con la industrialización y la ciencia, al inventor y al pensador.
Podría parecer que hablar de una degradación de esa figura es algo subjetivo, un juicio de valor. Pero creo que es objetiva, y aquí está la razón: ya en la segunda mitad del siglo XX, con la explosión del capitalismo de masas y la industria del entretenimiento, las figuras de adoración empezaron a desvincularse de cualquier valor material real.
Las estrellas del rock y del pop entretenían, pero no construían ni descubrían nada. Y con la ultramercantilización, los algoritmos y las redes sociales, esa degradación se ha acelerado hasta el punto que conocemos hoy. No es una opinión, es un proceso con causas materiales muy concretas.
Y cuando hablo de por qué los jóvenes quieren ser influencers, quiero aclarar que el componente económico no es el principal. Lo es el reconocimiento. La fama. La necesidad de ser visto y validado. Eso, si acaso, hace el fenómeno aún más revelador de dónde estamos como sociedad.
Sobre la causalidad, quería matizar algo que es otro debate en sí mismo: creo que la casualidad no existe realmente. Solo existe la causalidad. Lo único que nos separa de una y otra son nuestras herramientas para analizar la realidad. Si fuéramos omniscientes, veríamos que todo efecto tiene una causa. Llamamos casualidad a aquello cuyas causas aún no somos capaces de identificar.
Esto daría para mucho más, pero no era el objetivo hoy. Si os apetece este formato más liviano y reflexivo, podemos hacer más. Y estoy genuinamente interesado en saber qué pensáis, así que os invito a comentar.