David Romero

David Romero Cuento cosas sin guión. [email protected]
(2)

04/06/2026

Diana de Gales ¿Accidente o complot?

02/06/2026

Federico Garcia Lorca y “La casa de Bernarda Alba”

01/06/2026

La guerra del Rif (1909-1927)

29/05/2026

Snowden. Vigilancia masiva (2013)

27/05/2026

China

26/05/2026

2Pac & Biggie

25/05/2026

. La historia de la ginebra en España.



Larios Pomelo es el nuevo producto, refrescante con toque dulce, perfecto para este verano🏖️☀️

Consume con responsabilidad · 37,5º · No compartir con menores de 18 años.

22/05/2026

Isabel la Católica

19/05/2026

Jeanne d’Arc

16/05/2026

“El influencer”

Esto es una breve reflexión en la que no pretendía abarcar toda la complejidad que el tema merece. Un simple coloquio.

Dicho esto, quería añadir algo que me quedó pendiente. Históricamente, las figuras de adoración siempre han respondido a lo que cada sociedad necesitaba o valoraba.
En épocas donde la supervivencia dependía de la guerra, se adoraba al guerrero. Con la industrialización y la ciencia, al inventor y al pensador.

Podría parecer que hablar de una degradación de esa figura es algo subjetivo, un juicio de valor. Pero creo que es objetiva, y aquí está la razón: ya en la segunda mitad del siglo XX, con la explosión del capitalismo de masas y la industria del entretenimiento, las figuras de adoración empezaron a desvincularse de cualquier valor material real.
Las estrellas del rock y del pop entretenían, pero no construían ni descubrían nada. Y con la ultramercantilización, los algoritmos y las redes sociales, esa degradación se ha acelerado hasta el punto que conocemos hoy. No es una opinión, es un proceso con causas materiales muy concretas.

Y cuando hablo de por qué los jóvenes quieren ser influencers, quiero aclarar que el componente económico no es el principal. Lo es el reconocimiento. La fama. La necesidad de ser visto y validado. Eso, si acaso, hace el fenómeno aún más revelador de dónde estamos como sociedad.

Sobre la causalidad, quería matizar algo que es otro debate en sí mismo: creo que la casualidad no existe realmente. Solo existe la causalidad. Lo único que nos separa de una y otra son nuestras herramientas para analizar la realidad. Si fuéramos omniscientes, veríamos que todo efecto tiene una causa. Llamamos casualidad a aquello cuyas causas aún no somos capaces de identificar.

Esto daría para mucho más, pero no era el objetivo hoy. Si os apetece este formato más liviano y reflexivo, podemos hacer más. Y estoy genuinamente interesado en saber qué pensáis, así que os invito a comentar.

Dirección

Barcelona

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando David Romero publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Categoría