03/06/2026
¿Dónde vives? ¿Dónde? Yo acá abajito me quedo. ¿En dónde? Aquí abajo. No, aquí abajo. Martes 7 de abril de 2026, tarde en la ciudad de México, cuando la mayoría de los capitalinos terminaba su jornada laboral y las calles del centro histórico seguían con el ritmo habitual de una ciudad que no se detiene. Omar García Harfuch hizo lo que durante 35 años ninguna institución del Estado mexicano había tenido la combinación de voluntad, evidencia y autorización.
legal para hacer. Abrió el archivo sellado del cardenal Norberto Rivera Carrera y encontró dentro de una carpeta marcada como asuntos sensibles confidencial, algo que cambia para siempre la manera en que México entiende la relación entre el poder eclesiástico, el poder político y el dinero del crimen organizado. Detente un momento en eso.
35 años. No tres décadas como las cuentas suizas de Raúl Salinas, sino 35 años en los que ese archivo existió. acumuló, guardó y permaneció intacto mientras México vivía terremotos, crisis económicas, alternancia política, escándalos mediáticos parciales y una guerra contra el narcotráfico que costó decenas de miles de vidas, 35 años en los que los documentos estaban ahí en papel original, en grabaciones de audio, en listados con nombres, con fechas, con anotaciones de puño y letra del propio cardenal sobre cómo manejar lo que no
podía salir a la luz. Y lo que esos documentos dicen no solo tiene valor en cifras ni en evidencia procesal, tiene valor en verdad porque conectan tres décadas de encubrimiento sistemático de abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica Mexicana con las redes de protección política y económica que terminaron beneficiando indirectamente a estructuras ligadas al cártel más poderoso que ha tenido este país en las últimas dos décadas.
Antes de entrar al contenido exacto de lo que se encontró dentro de esa carpeta, antes de hablar de los listados, de la correspondencia privada, de los registros de transferencias y de las grabaciones de audio, hay que detenerse en el contexto que hace posible este hallazgo. Porque sin entender quién fue Norberto Rivera Carrera y qué representó su figura dentro del entramado de poder religioso, político y económico de México durante más de tres décadas, es imposible calibrar el peso real de lo que ocurrió esta tarde en la capital del país.
Norberto Rivera Carrera no fue un sacerdote menor que ascendió discretamente dentro de la jerarquía eclesiástica. Fue el cardenal primado de México, el cargo más alto dentro de la Iglesia Católica Mexicana. La figura religiosa con mayor autoridad institucional en un país donde más del 80% de la población se identifica como católica.