20/08/2026
👑 LA GACETA DE LOS PUERTINGTONGS
Donde todos conocen a todos.
📜 CAPÍTULO VI — LA CAÍDA DE LOS INFLUYENTES
Querido lector:
Estos días se habla mucho de la caída de los influencers.
Después de años contemplando desayunos perfectos, viajes perfectos y recomendaciones absolutamente espontáneas acompañadas, casualmente, de un código de descuento, una parte del respetable público ha empezado a sospechar que quizá aquello no era exactamente la vida real.
En Puertingtong hemos recibido la noticia con enorme preocupación.
No porque tengamos influencers. Sino porque tenemos influyentes.
Y algunos síntomas resultan inquietantemente familiares.
El influencer construye una marca personal.
El influyente, un relato.
El primero necesita seguidores.
El segundo, votantes.
Uno promete autenticidad.
El otro, representación.
Y ambos pueden cometer el mismo pequeño error: confundir la atención con la confianza.
Según el prestigioso Instituto Puertingtonguense para el Estudio de Personas Convencidas de que Todo el Mundo las Adora, la caída comienza mucho antes de que alguien deje de seguirte.
Comienza cuando el aplauso de quienes están alrededor se confunde con la opinión de quienes están fuera.
Cuando cada crítica se interpreta como envidia, animadversión o una conspiración organizada por tres vecinos con demasiado tiempo libre.
Y entonces ocurre algo fascinante:
cuanto mayor es la distancia entre el relato y la realidad, mayor parece ser la necesidad de publicar el relato.
Más fotografías.
Más vídeos.
Más anuncios.
Más «seguimos trabajando».
Más «histórico».
La comunicación puede explicar, acercar y construir un relato.
Lo que no puede hacer es sustituir indefinidamente a la realidad.
Un influencer puede perder seguidores.
Un representante público puede conservar el cargo y, sin embargo, perder algo mucho más difícil de recuperar: la confianza.
Porque los aplausos pueden organizarse.
Las fotografías pueden repetirse.
Los relatos pueden escribirse.
Pero hay algo que ni siquiera el mejor gabinete de comunicación puede fabricar eternamente: la realidad.
Con la mayor de las discreciones,
Yo solo observo.
Lady Amelia