Gran Encomienda de Inca y norte de Mallorca

Gran Encomienda de Inca y norte de Mallorca Gran Encomienda de Inca y norte de Mallorca, perteneciente a la Orden Templaria S.M.O.T.H. M.I.T.

Querido Hermano Templario, contempla, con el alma encendida, la inmensidad de aquel encuentro en Galilea. Allí, donde la...
27/06/2026

Querido Hermano Templario, contempla, con el alma encendida, la inmensidad de aquel encuentro en Galilea. Allí, donde la promesa del Señor no fue un mero eco, sino un torrente de luz que desbordó el espíritu de los Apóstoles.
Imagina ese resplandor, esa gloria divina que, como en el Tabor, no solo deslumbró sus ojos, sino que caló hasta la médula de sus huesos, disipando cualquier sombra de duda bajo el peso majestuoso de su presencia gloriosa. Fue un instante de éxtasis donde el Cielo y la Tierra se fundieron, y el corazón de cada discípulo estalló en un grito silencioso de adoración absoluta al único Dios verdadero.

Escucha, con el alma en vilo, el mandato que estremece los cimientos del mundo: "Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra". No son palabras vanas, son el sello definitivo sellado con la sangre de su Pasión. Jesús, nuestro Rey, conquistó este imperio no solo por su divinidad eterna, sino a través del suplicio, del abismo y de la muerte, ganando el derecho a abrir las puertas del Paraíso y a ordenar las jerarquías angélicas para el amparo de los suyos. Su potestad en la tierra es una caricia que redime, una fuerza capaz de pulverizar la piedra de nuestros corazones para instaurar allí su reino de gracia y perdón.

Siente ahora el fuego de esa misión que te reclama. Cristo te lanza al mundo, no como espectador, sino como heraldo de su Verdad eterna. Él, que desea que todos los hombres se salven, hace que la luz de su Evangelio sea un sol imparable que no conoce ocaso, ni distingue fronteras, ni discrimina almas. Como la lluvia sagrada que empapa por igual al justo y al pecador, la doctrina del Maestro está llamada a regar cada rincón de la tierra. Eres parte de este designio universal; tu fe es un mandato de amor, una responsabilidad sagrada de llevar esta luz a toda criatura que respire bajo el Cielo. No hay mayor gloria que servir a este Rey que, en su caridad infinita, no conoce la acepción de personas porque en cada hombre ve, ante todo, a su propia criatura.

¿Estás dispuesto a cargar con este fuego apostólico hasta el último aliento de tu vida?
FTAT.NNDNN 🌹❤️🌹

Querido Hermano Templario, contempla, con el alma desnuda ante la eternidad, que la humildad no es un simple concepto, s...
25/06/2026

Querido Hermano Templario, contempla, con el alma desnuda ante la eternidad, que la humildad no es un simple concepto, sino la Verdad absoluta, la Justicia insobornable y el latido mismo de toda perfección cristiana. Jamás alcanzaremos a sondear la profundidad abismal de aquel mandato de Santa Teresa: "la humildad es la verdad". No hablamos aquí de una frialdad intelectual, sino de ese fuego sagrado que desciende del entendimiento, quema las impurezas del corazón y santifica cada paso de nuestra existencia. Bajo el resplandor de esta Verdad, el hombre se estremece al vislumbrar la inmensidad de Dios y la amarga nada de las criaturas, comprendiendo, por fin, que el juicio de los hombres, sus aplausos y sus desplantes son solo humo ante el tribunal de la conciencia.

Recuerda con horror el estruendo de la caída: el ángel prefirió el abismo del orgullo antes que aceptar la verdad de su propia indigencia, entregando su esencia a las sombras del pecado y la mentira. Escucha el llamado imperioso de nuestro santo patrón, San Bernardo: que la Verdad reine en vuestro interior, que gobierne vuestros pensamientos, que os arranque la venda de los ojos para mostraros la realidad sin velos. Ella os susurrará vuestra frágil historia: lo que fuisteis, lo que sois y lo que seréis al final del camino. Sin embargo, con infinita tristeza vemos cómo huimos de esta Verdad que nos salva, prefiriendo el abrazo asfixiante de la falsedad, ese bálsamo podrido que alimenta nuestra vanidad y nuestro amor propio.

Considera con rigor que la humildad es, también, la suprema Justicia. El alma humilde es aquella que, al verse colmada de dones o ensalzada por los hombres, retrocede con espanto para entregar toda gloria a Aquél de quien emana todo bien, reconociendo que cualquier destello de virtud es solo un préstamo del Señor. ¿Qué es el hombre de bien sino un siervo que apenas alcanza a cumplir su deber, y aun así, con manos temblorosas? El humilde sabe que cada uno de sus actos, por bueno que parezca, está manchado por su imperfección, y vive consciente de la inmensidad de sus faltas y de la oscuridad que lo devoraría si no fuera por la mano poderosa que lo sostiene en el abismo.

La humildad es, en verdad, Hermanos míos, la esencia destilada de toda santidad. Observad cómo cada virtud no es sino un modo distinto de abajarse: la oración es el desplome del hombre ante la infinita majestad de su Creador; la fe es el sacrificio de la razón que, humillada, se rinde ante la luz inefable de la Palabra y la autoridad de la Iglesia; la obediencia es la voluntad que se anula para seguir un designio más alto; la castidad es la carne que, trasquilada por la penitencia, se somete al espíritu; y la mortificación, el lenguaje de unos sentidos que han aprendido a callar. Hermano, contempla tu vida a la luz de la cueva de Belén, allí donde la humildad de Dios se hizo carne, y avergüénzate, hasta el llanto, de cada fibra de soberbia que aún vive en ti.
FTAT.NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, contempla con el alma encendida cómo nuestro Señor nos clama en el desierto de este mundo: "Y...
24/06/2026

Querido Hermano Templario, contempla con el alma encendida cómo nuestro Señor nos clama en el desierto de este mundo: "Yo soy el camino...". Él es el sendero tallado por sus méritos sagrados y sellado con su entrega absoluta: una ruta de Justicia pura, inquebrantable, abierta de par en par para quien ose seguir sus huellas. Es el camino llano y luminoso que nos arrebata del abismo, la senda infalible que trepa hacia la gloria. Fuera de Él, solo se abren fauces de sombras, el rugido de la ruina y la estirpe de la perdición eterna. ¡Solo por Jesucristo, y en el fuego de su nombre, podemos alzarnos ante el Padre, saciarnos de su gracia y merecer la bendición que no conoce ocaso!

Jesús es la Verdad, el relámpago que consumó las profecías y dio carne a las sombras de la antigua ley. Es la Verdad tallada en sus dogmas, el misterio que late en sus promesas y el estruendo salvador de sus amenazas. Es la Verdad de su Evangelio, el pilar de su Iglesia, esa casa santa que juramos proteger con cada gota de nuestra sangre. Como Templarios, nuestro deber es el martirio si el honor lo reclama: defender esta Verdad única, inmutable, eterna, contra todo el veneno de la mentira y el engaño que intenta devorar el espíritu.

Jesucristo, Hermanos, es la Vida. El alma humana vaga errante, buscando entre ruinas un soplo de aliento, una chispa de paz, sin comprender que solo en Él habita la Vida verdadera. Es la Vida en Dios, esencial y desbordante; es la Vida que irrumpe en nuestro ser por su Espíritu, transformando nuestro corazón en un sagrario. Es la existencia plena, donde el espíritu se baña en su luz, el cuerpo se prepara para la gloria de la resurrección y el alma se funde en su amor infinito. ¡Sin Él, no hay más que cenizas, no hay más que una muerte que se devora a sí misma por toda la eternidad!

Hermanos, en cada rostro de vuestro compañero ved a Jesús, amadlo con la misma fiereza y seguid su rastro sin titubeos. Así, como hijos elegidos y soldados invictos de su Milicia, cabalgaremos hasta las puertas del Padre, que es el único y absoluto sentido de nuestro existir.
FTAT.NNDNN 🌹♥️🌹

Querido Hermano Templario, siente en la médula de tus huesos la verdad sagrada que hoy te clamo, grábala a fuego vivo en...
23/06/2026

Querido Hermano Templario, siente en la médula de tus huesos la verdad sagrada que hoy te clamo, grábala a fuego vivo en tu alma de guerrero de Cristo: para aniquilar al abismo, primero debes arrancar la máscara a su esencia más putrefacta. Él, esa sombra negrísima que acecha tras cada susurro, es un parásito cuyo veneno insidioso busca gangrenar el espíritu humano hasta arrastrarlo al in****no. ¡Despierta, guerrero! Es cuestión de vida o muerte eterna que tu espíritu templario se eleve, soberano y lúcido, para escudriñar la naturaleza vil de este adversario doloso. Solo así, blandiendo el acero implacable de la sabiduría divina, podrás evitar las redes invisibles de su perdición.

​Él es la mentira pura, el vómito de toda impostura, una criatura que solo florece en la podredumbre del engaño, las trampas infames y los laberintos donde el alma se ahoga. Es el rostro mismo del orgullo, el tirano que encadena a los soberbios en su propia miseria. Homicida desde el alba de los siglos, por su envidia atroz inyectó el veneno del pecado y la muerte en nuestra creación. Es la tormenta del caos, el arquitecto de la desconfianza que corroe, un ser cuya existencia misma es un tejido de rabia, una desesperación absoluta y un odio tan gélido que apaga la luz del mundo.

​Hermano, como caballero de la blanca milicia de cristo, una vez que el rostro de satanás ha sido despojado de sus tinieblas ante tu mirada, ¡sabe que la victoria es tuya! ¡Será tuya con cada latido fiero de tu corazón templario!

​Si él es el espectro de la mentira, ¡tú conviértete en el templo de la verdad inquebrantable! Vive ante el altísimo con una rectitud tan cegadora que ninguna red podrá atraparte, ni una sola sombra podrá rozar tu armadura. Si él es el padre de la soberbia, ¡vístete con la armadura indestructible de la humildad! Camina sobre su orgullo, aplastándolo bajo tus pies con cada paso que des en la gracia. Si él es el homicida que clava sus garras en tu prójimo, ¡lanza el estandarte de la caridad sin límites! Haz de tu amor por los hombres un escudo impenetrable frente al cual la muerte se estrelle. Si satanás vaga rabioso, aullando su derrota, ¡tú, hermano, encarna la paz! Sirve a dios, tu padre, con una serenidad que le queme las entrañas, con una confianza de hijo que haga retroceder a todo el in****no.

​Si el demonio es el ser ma***to, incapaz de amar y condenado a la nada, ¡tú entrégate con un arrebato salvaje a conocer y amar a dios! ¡Ámale con cada fibra, con cada átomo, con la tormenta de tu entendimiento y la profundidad infinita de tu alma!

​Este es el remedio supremo, el bálsamo de fuego que cauteriza el mal, la única vía para someter al enemigo: amar a dios con un fervor devorador y confiar ciegamente en él, hasta el último aliento.

​Hermano templario, ¡vigila! ¡Mantén tu fe como un sol que nunca se pone! Solo así, con la espada del amor divino y el escudo de tu absoluta confianza, aniquilarás la oscuridad para siempre.
​FTAT.NNDNN 🌹♥️🌹

Querido Hermano Templario, siente en lo más profundo de tu alma que sin la humildad radical y absoluta, jamás permitirá ...
22/06/2026

Querido Hermano Templario, siente en lo más profundo de tu alma que sin la humildad radical y absoluta, jamás permitirá Dios que Su luz atraviese tu espíritu, ni te convertirá en el filo invencible de Su gloria eterna. Sin humildad, tu virtud es apenas ceniza al viento; pues mientras la soberbia es el veneno que pudre el alma, la humildad es el cimiento de acero sobre el que se edifica la santidad. Es ella la que arrebata de tus manos el orgullo para devolverle a Dios el trono que le pertenece, dejándote a ti frente al espejo de tu propia miseria, de tu bendita y absoluta nada, donde nace la única verdad que te hace libre.

¡Qué virtud tan poderosa! Es el escudo que te hace inquebrantable ante los hombres y el arma que hace temblar a las legiones del abismo. Recuerda que la historia de la salvación no se escribió con el poder de los reyes, sino con la entrega de quienes se atrevieron a ser nada. Dios no busca el brillo de las armaduras pulidas, sino el fuego de un corazón que se ha vaciado de sí mismo. ¡Oh, Maestro del despojo! Que mi entendimiento se queme en la revelación de Tu abismo y mi pequeñez, para que cada respiro sea un acto de justicia: todo lo que es luz, es Tuyo; todo lo que es sombra, es mío. ¡Oh, Jesús, Verbo encarnado que descendiste al polvo para elevarnos! No busco los puestos de honor ni el eco de las alabanzas terrenas; mi única ambición es el último lugar, ese rincón oculto donde mi alma pueda descansar bajo Tu sombra, segura de que, en mi mayor humillación, te encontraré a Ti.

Recuerda, Hermano Templario, que el misterio más grande y glorioso del universo ocurrió en el silencio de un pesebre y el dolor de una cruz; allí, en lo más profundo del anonadamiento, Dios transformó el mundo y rompió las cadenas de la muerte. Esa humillación fue, es y será siempre más poderosa que cualquier esplendor humano, más fecunda que cualquier imperio. Que tu vida sea, pues, un ejercicio constante de rendición, un combate incesante contra el "yo" que intenta erigirse en ídolo. Cada afrenta, cada olvido, cada momento en que el mundo te ignore, es la oportunidad sagrada de ser, de una vez por todas, un verdadero guerrero del espíritu.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, siente cómo la tierra misma tiembla ante la magnitud de esta verdad que hoy te clamo. Mira co...
21/06/2026

Querido Hermano Templario, siente cómo la tierra misma tiembla ante la magnitud de esta verdad que hoy te clamo. Mira con los ojos encendidos del alma a esas inmensas multitudes que, con el espíritu abrasado por una sed infinita y un hambre de cielo, lo sacrificaron todo, absolutamente todo, para seguir las huellas sagradas de Jesús. ¿Cómo es posible que tu corazón no estalle al contemplar su fe, esa roca inamovible, ese fuego devorador que convertía la miseria, el dolor lacerante, el agotamiento extremo y el desierto de la soledad en cenizas frente a la gloria inefable de Su luz?

¡Qué prodigio aterrador y sublime es ese fervor que nuestro Padre Celestial enciende en los elegidos! Lo palpamos, nos atraviesa, al ver a esos hombres y mujeres que se olvidaron de sí mismos, aniquilando su propio ego para fundirse en la doctrina y los portentos del Maestro. Para ellos, Jesús no era una opción; era el aire, era el único latido de su existencia, su único y absoluto tesoro. ¡Benditas sean esas almas cuya devoción era un abismo insaciable, pues solo a ellas se les ha otorgado la promesa eterna de recibir el Reino y, con él, la plenitud de todas las cosas!

Contempla, Hermano Templario, ese amor generoso que emana, como un torrente de vida, del corazón de Jesús. Él no solo vio la necesidad; Él sintió el grito desgarrador de esas gentes en sus propias entrañas, y Su compasión fue una tormenta sagrada, vasta e inabarcable como el firmamento mismo. Él no dudó. Movilizó a sus Apóstoles, revelándoles su urgencia de socorrer. ¡Con qué majestad humilde tomó esos humildes panes y peces para que, bajo Su poder infinito, la escasez se transformara en un banquete que saciara cada fibra de aquellos que Lo seguían!

Hermano, ¿cómo osamos, siquiera por un instante, permitir que la duda nuble nuestra visión? ¿En qué rincón oscuro de este universo hallaríamos un refugio más firme que Sus manos llagadas? Es en Su entrega amorosa donde debemos anclar nuestra existencia, con una certeza que desafíe a la muerte. Lo esencial, lo único, es que te aferres a este fuego, que cultives la paciencia de los mártires y la perseverancia de los gigantes. Debemos seguir a Jesús con una furia santa, pisoteando sin piedad cada obstáculo, cada tentación, cada cadena que pretenda apartarnos de Su senda.

Pero esto no se logra con deseos tibios, Hermano. Debemos forjar propósitos de hierro, grabados con la fuerza de un juramento sellado en sangre. Elevemos súplicas que desgarran el velo de los cielos, clamando no solo por nuestra orden, sino por cada alma que vaga en la penumbra buscando un destello de redención.

¡Roguemos, Hermano, con el corazón en llamas! Supliquémosle que arranque de raíz todo pensamiento, todo apego, todo cuidado que no sea servirle con una devoción absoluta y total. Que aprendamos, por fin, a descansar en Su providencia, a entregarle cada respiración, cada segundo de este combate vital, hasta que no quede en nosotros nada que no sea Él.

"Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y las demás cosas se les darán por añadidura."
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, ¡tiembla ante la advertencia de nuestro Señor!: "Si vuestra justicia no supera a la de los es...
19/06/2026

Querido Hermano Templario, ¡tiembla ante la advertencia de nuestro Señor!: "Si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos." Escucha bien: estas no son palabras livianas, es el fuego del juicio que atraviesa tu alma. Jesucristo te grita que la gloria no se gana con una justicia vacía, esa que se exhibe como un manto de vanidad frente a los hombres mientras por dentro el alma es un sepulcro blanqueado. ¡Abomina de esa santidad farisaica que se nutre de tradiciones mundanas y aplausos efímeros! Si te conformas con la apariencia, el mundo te elevará a sus altares, pero Jesús, con autoridad implacable, te cerrará las puertas del Reino y te arrojará a las tinieblas exteriores.

Pondera, Hermano Templario, el rigor aterrador con que el Salvador exige la caridad. No es un consejo, es una sentencia. ¿Crees que basta con no asesinar? ¡Insensato! Él te exige la pureza del alma. Aquel que alberga ira contra su hermano ya está sentado en el banquillo de los acusados; quien profiere un insulto, ya ha sido condenado; y quien hiere gravemente con palabras de odio, ya siente en su nuca el aliento del fuego eterno. ¡Compréndelo! En el instante en que la rabia se enciende en tu pecho, el tribunal de la Santísima Trinidad ya está dictando sentencia contra ti. ¿Dónde está tu caridad? ¿O acaso permites que el veneno de la discordia seque tu espíritu?

Considera Hermano Templario, que el mandato de nuestro Señor es absoluto: si te acercas al altar con tu ofrenda y tu hermano tiene una queja contra ti, ¡deja tu don y corre a reconciliarte! ¡No te atrevas a presentarte ante Dios con las manos sucias de resentimiento! La concordia no es opcional, es el cimiento de nuestra existencia. ¿Dices que tú tienes la razón? ¿Dices que la ofensa fue injusta? ¡Qué poco importa eso ante la soberana voluntad de Cristo! Él no exceptuó tu orgullo. Él exige que condones la injuria, que perdones de corazón, perpetuamente, sin condiciones, porque si no perdonas, el Padre Celestial te negará su misericordia. La caridad lo sufre todo, lo soporta todo, lo vence todo.

Recuerda, Caballero, que eres Soldado de Dios. Cada vez que odias, cada vez que guardas rencor, traicionas tu juramento. Si tu corazón es incapaz de perdonar, eres indigno de la venera que pende de tu cuello y de la cruz bermeja que arde sobre tu pecho. ¡Sé digno de tu fe, sé un verdadero caballero, o arranca esa cruz de tu alma, pues no mereces portarla si no eres capaz de amar como Él nos amó!

FTAT NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, considera permitir que estas palabras quemen en lo más profundo de tus entrañas, pues la orac...
18/06/2026

Querido Hermano Templario, considera permitir que estas palabras quemen en lo más profundo de tus entrañas, pues la oración no es una formalidad, es el estertor urgente de tu espíritu clamando por vida. ¿Cómo osas sobrevivir, cómo pretendes blandir tu espada en esta guerra implacable, si dejas que tu alma se marchite por falta de su único alimento?

La oración es el fuego sagrado, la única antorcha capaz de rasgar la densa negrura que devora este mundo. ¿Acaso te arrojarás al abismo de las sombras, condenándote a caminar a tientas entre los tropezones de tu propia soberbia? Ella es tu único anclaje, el pilar que sostiene tu estructura cuando todo se desploma. Sin ella, cada paso es una caída, cada aliento un fracaso. Es la escalera de fuego que conecta tu miseria con la gloria infinita de Dios. ¿Cómo pretendes escalar hasta el trono del Altísimo si te niegas a ascender por el único peldaño que Él te ha tendido?

Sin la oración, eres un espectro, un guerrero despojado de toda armadura frente al abismo, una nave destrozada en mitad del vendaval, un ala rota condenada a arrastrarse en el polvo. Eres tierra baldía, un desierto calcinado que suplica el rocío que nunca llega. En la hora de la tribulación, serás consumido por el peso de tu propia carga, porque solo en el diálogo ardiente con el Eterno lo insoportable se vuelve una ofrenda sagrada.

Pero escucha, Hermano: que tu oración no sea el clamor hueco de un metal sonoro. Exige de ti obras, exige la humildad sangrante de un corazón que se vacía para ser llenado por Él. No desprecies la pequeñez de tus tareas, pues ahí se esconde la grandeza de Dios. ¡Abandona la vanidad! Contempla al Hijo del Padre, al Rey de Reyes, trabajando como un humilde artesano. ¡Imagínalo! ¡Esas manos que sostienen el universo, cubiertas de serrín, laceradas por el rudo trabajo de la madera! ¡Un Dios, agotado, sudoroso, entregándose en lo cotidiano para comprar tu libertad con el precio de Su propio esfuerzo!

Y tú, ¿qué haces con el tiempo que te ha sido prestado? ¿Te atreves a derrocharlo en el abismo de la ociosidad, en el veneno de las diversiones vacías que pudren tu voluntad y alimentan el vicio? ¡Despierta, que el tiempo se agota y las tinieblas acechan!

Por amor a tu propia alma, haz hoy un juramento de hierro: liquida toda negligencia. Conquista horas para el silencio, para la meditación que deshace los nudos del alma, y lánzate a la única ocupación digna de un Soldado de la Blanca Milicia de Cristo: la caridad desbordante. Que tu misericordia no sea una idea, sino una herida abierta hacia el dolor ajeno. Sé la mano que levanta al desolado, la voz que pronuncia el perdón que libera, la presencia que transforma el odio en reconciliación.

No olvides jamás que la misericordia es el latido mismo del Corazón de Dios. Si no ardes en compasión por quien sufre, si no te sientes empujado por la fuerza irresistible de amar al prójimo hasta el sacrificio, tu fe es un cadáver. Sé la caricia de Dios en un mundo cruel, ofrece el bálsamo de la benevolencia y no te detengas hasta que el último suspiro de tu vida sea, también, una oración de entrega absoluta.
FTAT.NNDNN 🌹♥️🌹

Querido Hermano Templario, ¡clava en lo más hondo de tu alma esta certeza que hace temblar los cimientos de la existenci...
16/06/2026

Querido Hermano Templario, ¡clava en lo más hondo de tu alma esta certeza que hace temblar los cimientos de la existencia y que tu fe proclama con grito de guerra! El Reinado social de Jesucristo no es una mera posibilidad ni un consejo amable; ¡es el trueno de la verdad inalterable, el dominio absoluto e imperecedero que a nuestro Señor le pertenece por derecho de sangre y de eternidad! Él es el Alfa y la Omega, nuestro Redentor, Legislador y único Salvador; posee el derecho soberano, sagrado e indiscutible de imperar sobre cada respiración, sobre cada estructura de este mundo y sobre la fibra más íntima de nuestra carne.

¡Ay de aquel que se atreva a profanar su Ley! ¡Desdichado quien ose pisotear la soberanía de Cristo y de su Santa Iglesia! En este siglo de sombras, de tibieza asfixiante y de olvido criminal, ¿qué verdad exige más sangre, qué bandera reclama un ardor más abrasador?

Aquí se fractura la historia: este es el fuego que purifica, que separa el acero del guerrero de la paja seca del pusilánime. Los valientes, los caballeros de la fe, ¡defendemos su Reinado con el filo de nuestra entrega total! Los impíos lo escupen con la lepra de la apostasía. Y los tibios, esos miserables que ni confiesan ni combaten, ¡esos arrastran la vergüenza de un alma que ha mu**to antes de tiempo!

¿Existe acaso una prerrogativa más gloriosa, más indeleblemente grabada en el tejido mismo de la Sagrada Escritura? Cuando el arcángel descendió ante María, no anunció a un siervo, ¡anunció al Rey de todo lo creado! El pueblo aclamó a Zacarías mientras el cielo susurraba: "He aquí que viene tu Rey". Incluso el pagano, Pilato, convertido en testigo a su pesar por la Providencia, sentenció sobre el madero el título que el cosmos entero reconoce: ¡Jesucristo Rey! Cielo, tierra y abismo se postran ante el Verbo Eterno y confiesan su realeza absoluta.

¿Quién, en su soberbia infecta, se atreverá a arrebatarle el cetro, cuando el Padre, desde la eternidad, le otorgó las naciones como herencia y los confines del orbe como propiedad? El Creador ha hablado: "Pídeme y te daré todos los pueblos".

El mismo Jesucristo, antes de ascender a su trono, hizo resonar el trueno de su autoridad: "Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra". Él es el único Rey, la única ley, el único sentido de nuestra existencia. ¡Cada corazón, cada nación, cada aliento le pertenece por conquista y por amor!

Por eso, mi amado Hermano Templario, ante el abismo de los tiempos, la Divina Providencia grita a los siglos que no hay más camino a la grandeza que la adoración y el servicio incondicional a Jesucristo. ¡Que esta verdad sea el incendio que devore tu pecho y la espada que guíe tu vida!
FTAT.NNDNN 🌹❤️🌹

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