06/09/2026
Queridos Hermanos Templarios, considerad que el latido de nuestra hermandad exige que seamos fuego vivo los unos para los otros. Caminamos juntos en el sagrado crisol del Temple, no para el lucimiento efímero, sino para fundir nuestras almas en la santidad y edificarnos con urgencia de eternidad. Que cada paso tuyo sea espejo nítido donde los demás contemplen la gracia; porque nada empuja con tanta furia hacia la virtud como la santidad incandescente de quien la encarna.
Pero esta exigencia sagrada se clava con más fuerza según el lugar que ocupas. Si la vida te ha confiado el nombre de padre, detente a temblar ante el peso de tu sangre: ¿qué culpa arrastras si, en lugar de esculpir almas para Dios, abres con tus torpezas las puertas del abismo a quienes debías guiar hacia la luz?
Mira hacia adentro, examínate con rigor de fuego y rasga las capas de tu comodidad. ¿Es tu vida tropiezo para tu prójimo? ¿Es tu andar un escándalo silencioso que se burla de los devotos y ahoga la piedad ajena? ¿Cuántas almas habrás arrastrado quizá al precipicio por tu soberbia o tu tibieza? ¿Qué obra, qué sacrificio, qué limosna podrá jamás rescatar el valor infinito de un alma caída? ¿Cómo mirarás a los ojos a nuestro Divino Salvador, sabiendo que tus pasos torcidos le han arrebatado almas por las que Él derramó hasta la última gota de su sangre, haciendo estéril su agonía y su dolorosa pasión? Llora esta culpa con desgarro hondo, con amargura que queme tus entrañas, y emprende ya la obra urgente de reparar con tus virtudes el estrago que causó tu sombra.
Querido Hermano, escucha la advertencia implacable con que Jesucristo blande la verdad para salvarte del abismo. Si tu mano o tu ojo se convierten en piedra de tropiezo, arráncalos, córtalos antes de permitir que ese veneno te hunda en el pecado. Recuerda el filo del Evangelio: vale infinitamente más entrar manco o tuerto a la gloria eterna que descender con el cuerpo entero a la oscuridad insondable del in****no.
Tiembla antes de empujar a otro al despeñadero de la perdición, porque la ruina de tu hermano será también la tuya, y cargarás con tantas condenas eternas como vidas hayas extraviado con tu escándalo. Tu condición de Templario no es un título vacío; es un yugo sagrado que te obliga a sacudir al mundo con la rectitud de tu conducta. Cuanto más alto sea el sitial que ocupas, más feroz será la cuenta que se te exija, porque la sombra de los grandes arrastra con más fuerza que la de los pequeños. Grábate a fuego las palabras del Maestro: "Así ha de brillar vuestra luz delante de los hombres". Dios no te ha entregado autoridad sobre tus hijos, tus hermanos o tus subordinados para saciar vanidades, sino para que seas antorcha que los arranque de la noche y los conduzca a la salvación.
Acuérdate, por último, querido Hermano, de la advertencia final de los tiempos: lo primero que harán los ángeles el día del juicio definitivo será arrancar y arrojar de las puertas del Reino de Dios a los hombres de escándalo. No seas tú uno de ellos; aparta el pie del fango, porque en esta batalla no se juega una causa pasajera, sino el destino inapelable de tu alma y tu gloria para siempre jamás.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹