20/09/2026
INFORME PRELIMINAR SOBRE EL FENÓMENO PÉREZ Y SU POSIBLE TRANSMISIÓN INTERGENERACIONAL
Hasta la fecha no existe una prueba material que permita identificar al denominado «Ratoncito Pérez» como un organismo concreto. Ningún ejemplar ha sido capturado, fotografiado bajo condiciones controladas ni sometido a identificación genética. Tampoco disponemos de una muestra biológica atribuible inequívocamente a Pérez sobre la que realizar secuenciación de ADN y compararla con Mus musculus, Rattus norvegicus u otras especies conocidas de roedores.
La datación mediante carbono-14, pese a su enorme prestigio en cualquier conversación donde uno quiera parecer peligrosamente científico, tampoco resolvería el problema. Podría utilizarse para estimar la antigüedad de determinados restos orgánicos suficientemente antiguos, pero no demostraría que un diente encontrado debajo de una almohada haya sido manipulado por Pérez. Para establecer eso serían necesarias huellas, ADN, grabaciones controladas y una cadena de custodia de la moneda y del diente.
Existe además una anomalía epidemiológica extraordinaria: el fenómeno aparece simultáneamente en familias geográficamente muy separadas y atraviesa generaciones. Los afectados presentan un patrón repetitivo: caída dental infantil, colocación del diente bajo una almohada, desaparición nocturna de la pieza y aparición posterior de dinero. Sin embargo, no se ha identificado ningún agente transmisible.
Y aquí debemos ser rigurosos: Pérez no ha sido aislado como patógeno, pero tampoco tendría sentido exigirlo todavía, porque un ratón es un animal y no un patógeno. Para hablar de una verdadera pandemia Pérez habría que demostrar primero que existe un agente biológico transmisible, identificarlo, caracterizarlo y demostrar transmisión entre individuos. Nada de eso existe.
Lo verdaderamente preocupante para la Perezología es otro fenómeno: cuando se instala vigilancia doméstica, en numerosas ocasiones el supuesto roedor termina siendo un adulto de la propia familia acercándose sigilosamente a la almohada.
Por ello queda abierta una hipótesis alternativa mucho más económica:
Pérez podría no transmitirse biológicamente. Podría transmitirse culturalmente.
En ese caso no estaríamos ante una pandemia vírica, bacteriana ni ratonil.
Estaríamos ante algo muchísimo más extendido:
una pandemia de padres haciendo de ratones.
Y aquí aplicamos nuestro principio de nivel 1:
EL RATÓN NO ES HUMANO.
Excepto, aparentemente, cuando el ratón resulta ser tu padre.
Pamela King y Cía.